Mi amante el villano (libro 3)

Lazos de amor

 

Muchos de nosotros deseamos perder la memoria especialmente para borrar aquellos recuerdos dolorosos, esas vivencias que marcaron nuestras vidas de manera negativa, pero para alguien que ama todo lo que le rodea, que es feliz con quienes la acompañan, plantearse esto, es simplemente desgarrador, Babani se sentía perdida, atrapada entre los desgastes que el tiempo le había causado a su mente, causándole una demencia inevitable.

Baba abrazaba a Anabel, aferrándose a ella con el terror de que mañana ya no la recordase, estuvo llorando por varias horas, pensando en todo, tratando de atrapar sus recuerdos para nunca perderlos.

—Anabel ¿alguna vez te dije lo importante que eres para mí? ¿lo mucho que valoro tu existencia y lo agradecida que estoy con la vida por haberme regalado la dicha de conocerte? Es triste que solo en los momentos difíciles, cuando estamos apunto de perderlo todo, sea cuando más valoremos nuestros tesoros, quizá el hecho de ser ricos, nos haga pensar que poseeremos el oro para siempre, pero no es así, tu eres parte de mi riqueza Anabel, mi joya más preciada, mi familia…

Anabel la miraba profundamente, si pudiese hablar, las palabras no expresarían todo lo que sus ojos le estaban diciendo a su ama, tanto amor, tanta nostalgia y miedo, Anabel quería pasar cada segundo mirando a su ama.

Si alguna vez olvidas mi nombre, si mañana ya no recuerdas mi rostro, haré que seamos amigas otra vez, me ganaré tu corazón cada día, no importa si olvidas mi nombre, tu corazón me reconocerá. —Si Anabel pudiera hablar, seguro diría algo como esto.

—No creas que me estoy despidiendo, aunque esto suena mucho como una despedida, solo quiero que sepas que…si mañana no logro reconocerte, mi corazón si lo hará, mi alma sabrá quién eres, la mente puede olvidarlo todo amiga mía, pero el corazón jamás olvida a quien ama, por favor perdóname si llego a olvidarme de ti. —Babani abrazó a su familiar y lloraron juntas.

Mientras esto pasaba, Magnolia, Lucia y Víctor, la buscaban por todos lados, ya habían pasado varias horas y las chicas estaban realmente preocupadas, pensando que había huido al bosque, así que fueron hacia allá y después de casi caer en la desesperación, por fin la encontraron, el atardecer pintaba el cielo de naranja, era un hermoso paisaje, la luz cálida del sol iluminaba la figura de Babani, Anabel estaba en su regazo, ambas sumergidas en una profunda tranquilidad.

—Abuela…

Mientras la buscaban, Elena les explicaba que su enfermedad ya no tenia cura, usar su magia la aceleraba aun más, era algo inevitable.

Lucia y Magnolia se quedaron a una distancia considerable, no sabían que decir, solo querían abrazarla, verla tan triste les rompía el corazón.

—Abuela, aun hay esperanza….podemos sanarte con el poder de la perla, la buscaremos, le pediremos a la señora Ginebra que le pida una a las sirenas y te la daremos a ti…veras que tu mente sanará y nada de lo que dijo la doctora pasará, vamos a curarte. —le dijo Magnolia conteniendo sus ganas de llorar.

—¿Y que hay de tus deseos de concebir un hijo para el príncipe? —le preguntó Babani mirándola con ternura.

—Bueno…puedo esperar, quizás si les explicamos a las sirenas puedan darnos otra.

—¿Sacrificarías tu deseo de ser madre por una bruja como yo? —Babani se conmovió profundamente al ver lo mucho que esas mujeres la habían llegado a querer.

—¡Soy muy fuerte! ¡soportaré el dolor de la abstinencia! ¡también lo hare con el parto! Si la señora Ginebra logró dar a Luz a los dioses…yo también.

—¡Yo soy capaz de rogarle a cualquier otra bruja que te lance algún hechizo para que sane tu cuerpo! Tal vez si te rejuvenecen…

—Magnolia, Lucia, ¿y si mi destino es este? ¿Cómo vamos a luchar contra el tiempo? Ya he vivido lo suficiente, me atrevería a decir que más de la cuenta, quizás este es mi castigo por haberme aprovechado de la magia y la energía vital de los seres del bosque al que alguna vez ataqué, seria justo que pagara el precio por mis malas acciones, es gracioso, pero…recordé algo que mi menta había olvidado hace mucho tiempo.

—¿Qué es lo que acabas de recordar abuela? —le preguntó Lucia mientras ella y Magnolia se echaban a su regazo recargadas a los pies de Babani.

—La maldición que me fue dada por mis muchos crímenes.

—¿Una maldición? ¿Quién te haría algo así? —le preguntó Magnolia con interés.

—Fue algo justo, antes de llegar al castillo, mi vida era muy diferente, no ayudaba a mi prójimo, más bien abusaba de él, recuerdo que una vez llegué a un bosque mágico llamado “soldegar” no recuerdo como era mi físico, ni hace cuanto sucedió, pero se que era diferente a como me veo ahora, mi corazón era malvado, pensaba que todos debían sufrir lo mismo que sufrí yo en mi pasado, me aprovechaba de los más débiles y entonces me planté en el bosque, lo invadí y acabé con la vida de muchas hadas ahí, les hice todo el daño que puede y mi alegraba de su sufrimiento, el espíritu del bosque me maldijo, dañó mi apariencia y creo que también mi mente, no recuerdo hace cuanto pasó esto, pero si recuerdo sus palabras “Solo hasta que la piedra se convierta en carne palpitante, hasta que en lugar de quitar vida, la des, cuando sacrifiques, solo entonces volverás a ser quien antes fuiste”

—¿Qué significa eso abuela? —le preguntaron ellas con tristeza.

—No lo sé, pero no se preocupen por mí, voy a luchar contra la demencia hasta que ya no pueda hacerle frente, no quiero perderme de dos cosas importantes, el día que tu Magnolia vuelvas a ser humana y el día en el que tu Lucia, puedas volver a abrazar a tu madre, quiero llevarlas con bien a la ciudad de los cazadores, después de eso, me rendiré y dejaré que mi mente siga su curso, antes de eso, pondré a Anabel en libertad, por favor cuídenla, ella es una piedra preciosa.

—No digas eso abuela, solo nos pones tristes…




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