Mi amante el villano (libro 3)

Alianzas.

 

La decisión estaba tomada, la guerra era inevitable, la lucha por la supervivencia estaba por iniciar, los cuatro reinos tenían que unirse en una alianza para enfrentarse juntos al dios de la destrucción quien había poseído el cuerpo del gran rey de todo, sabían que no podrían enfrentarlo individualmente, la unión era necesaria para asegurar la victoria, su arma más poderosa era Lía, la única sobreviviente de su raza titánica y aunque Aspen también era un titan, aún era muy pequeño para despertar sus poderes a la magnitud que se necesitaba, solo la bruja de la invocación podría cumplir el papel que ellos necesitaban, ser la heroína de la humanidad.

El reino celestial, el reino marítimo, el reino del inframundo y el reino de los humanos tenían el tiempo contado, pues la bruma negra ya se había puesto en marcha para atacarlos, tomando como primer objetivo, la ciudad de los cazadores, que después de su imperio, eran los más fuertes he influyentes de su mundo, su único obstáculo para convertirse en el soberano absoluto de los seres vivientes.

Azazel se dirigió a la ciudad de los cazadores a encontrarse con Alejandro y Maori, con el único objetivo de persuadirlo para que aceptara pelear con ellos en la guerra contra el dios de la destrucción, pero esto no sería nada fácil, pues ellos no buscaban salvar a Valeska, si no asesinarlo para que no hubiese en el mundo otro recipiente digno de él, cosa que Alejandro jamás permitiría, pues el se pasaba los días y las noches trazando el plan perfecto para separar a su hijo de la bruma negra.

Por otro lado, el arcángel Sent se había ido a visitar los lagos y los océanos donde había sirenas madre para plantearles lo sucedido, entre todas ellas había una sirena llamada Sarin que era la representante de todas las reinas, pues era la más anciana de todas y una de las fundadoras de la monarquía marítima, cuando Sent descendió a las profundidades, y expuso todo lo que estaba pasando, Sarin le mostró el daño que estaba causando el dios de la destrucción a los océanos y lagos del mundo, pues sus raíces contaminaban el agua con su oscuridad y causaba infertilidad, enfermedad y muerte.

—Nuestros reinos están muriendo, el ser humano ha pasado de ser nuestro depredador numero uno a otra victima más de ese dios destructor, tenemos que detenerlo antes de que seque las aguas y mate toda la vida que hay aquí, sus raíces nos invaden y son tan profundas que pensamos que su objetivo es llegar al núcleo de la tierra para ferrarse a él y extinguir la vida por completo, así que cuenten con nosotras, partiremos a la guerra siempre para ayudar a nuestro amigo, el señor Alejandro.

Alejandro era conocido por todas las criaturas antiguas que lo llegaron a conocer como el antiguo rey de todo y ahora sus hazañas como señor de los cazadores eran llevadas por todos lados anunciando sus proezas y lo benevolente que era con los débiles sin importar si eran humanos o seres sobrenaturales.

Así también sabían lo terrible y poderoso que era Valeska por si mismo y todo lo que había conseguido en tan poco tiempo, al punto de convertirse en el soberano de todo y con la bruma dentro de él, sabían que sería un enemigo complicado, un dios que provenía de otro universo y que los devastaba como una plaga, debía ser aniquilado.

Mientras tanto, Sephora y Teldrasil viajaron al inframundo, eso era un acto impensable para ellos contaminarse con el señor de la oscuridad y el guardián de las puertas del infierno era simplemente inaceptable, pues eran enemigos por naturaleza, pero en estos momentos, las diferencias personales quedaban de lado, lo único que importaba era unir fuerzas para poder sobrevivir al apocalipsis que les esperaba.

Y una vez que descendieron al inframundo, Eira los recibió al lado de su reina mientras a los arcángeles les tocaba hacer una reverencia pues ellos eran los visitantes.

—Teldrasil, Sephora ¿qué hacen aquí? Creí que este lugar era demasiado sucio para sus túnicas blancas y pulcras. —les dijo Eira mirándolos de arriba abajo.

—Eira, no sabíamos que tenías una reina ahora, muy hermosa, por cierto, pensé que vería a cierta chica pelirroja en su lugar, pero bueno, supongo que el corazón del rey del inframundo es inestable. —manifestó Teldrasil conteniendo su desagrado.

—Eres bastante entrometido como para ser un arcángel ¿no crees? Ustedes los celestiales son más cuestionables moralmente que los mismos demonios ¿Fueron ustedes los que asesinaron a la raza titánica por temor a ser controlados verdad?

—¿Qué? —Sephora y Teldrasil apretaron los puños y vieron a Eira con malestar.

—Recuerden que soy tan antiguo como ustedes, tenemos la misma edad, años que no podemos contar y se que son unos asesinos, dejen las apariencias para después y díganme a que vinieron realmente.

—Cuervo vil jaja, veo que sigues siendo tan mal educado como siempre. —expuso Teldrasil con una sonrisa.

—Al menos no soy hipócrita.

—Vamos a tranquilizarnos, bienvenidos a nuestro reino seres celestiales, siéntanse con la libertad de expresarse adecuadamente. —exclamó Medea con educación.

—Estoy de acuerdo con la dama, será mejor que salgamos rápido de aquí hermano. —Sephora trató de tranquilizar a Teldrasil y este respiró y entonces pronunció:

—Deben estar al tanto de lo que acontece en los cuatro reinos, pues sus tierras se ven tan afectadas como las nuestras. —cuando Teldrasil habló, comenzó a temblar y añadió —que yo sepa este no es un lugar de temblores, el dios que causa todos nuestros males nos ha declarado la guerra, es cuestión de tiempo para que avance a la ciudad de los cazadores onde la pelea se llevará a cabo.

—¿Qué? —Eira se puso de pie rápidamente con el corazón angustiado.

—Ese será el objetivo de la bruma negra, pues desea invadir todos los reinos sin excepción, necesitamos que se unan a nosotros para pelear contra el rey de todo y asesinarlo, para que el dios de la destrucción que habita en él, pueda morir, si lo detenemos antes de que avance a nuestros territorios podremos evitar que destruya nuestro mundo, pues solo busca consumirlo y dejarlo estéril.




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