Mi Amor Llanero

PROLOGO

“Hay una teoría que dice que si alguien está destinado a estar en tu vida lo vas a conocer dos veces…”

La primera será fugaz… en el momento incorrecto, como si el universo solo quisiera presentarlos. Pero la segunda vez todo encaja perfectamente, el corazón lo sabe, tu cuerpo, la mirada, porque los ojos no mienten, porque lo que es para ti regresa sin que tengas que perseguirlo.

ARIA, DIEZ AÑOS ATRÁS.

Salimos entre risas del liceo, por supuesto que no me iría a casa de una vez como debería hacer después de terminar una larga jornada de clases. Marielis y yo teníamos planes diferentes, iría a su casa y nos pondríamos a terminar nuestras tareas como es debido “o eso se supone que tenemos que haber hecho”.

Agarro el bolso y salgo del salón de clases, espero que Marielis termine de recoger sus pertenencias y cuando ella sale ambas nos dirigimos entre risas a la salida del colegio.

—Si supieras Aria, Robert me dijo que quiere salir conmigo, he aceptado, pero necesito encontrar la manera de salir con él por la noche.

—Dudo mucho que tu madre te dé permiso —le respondo.

—Por supuesto que no —miro a mi alrededor en busca de Fran y Angelica.

—Y por qué no aprovechas en el día, en la mañana por ejemplo es más fácil escaparse del cole que salir a hurtadillas de tu casa por la noche, es más complicado ¿no crees?

—Tendré que hablar con él, le escribiré —Marielis saca su teléfono empieza a teclear el mensaje mientras yo sigo mirando a mi alrededor en busca de Franchesco y Angelica, seguramente estén en el baño y como Fran es del tipo que le va al otro bando debe estar cuidándole la puerta. —Sí, nos vamos a ver mañana temprano, necesito que me acompañes Ari, no puedo ir sola con él.

—Bueno… la cosa es que mañana tenemos examen, que diremos después.

—Podemos decir que nos enfermamos o algo por el estilo.

—Yo tengo diarrea —Marielis suelta una carcajada escandalosa.

—A mí me dio la fiebre —responde ella.

—¡ESPERENOS! —grita una eufórica morena peli negra que viene corriendo junto a Fran, Maria y Angelica. Nos detenemos para esperarlos, cuando llegan a nosotros continuamos caminando.

—¿Para dónde van? —Marielis me mira y sonríe en complicidad.

—Vamos a la casa de Marielis, la señora Mary no se encuentra y le prometí a Marielis ayudarla a limpiar el abasto —los muchachos hicieron caras de flojera.

—Yo tengo que llegar a casa a cocinar, mamá se fue a llevar a mi hermanito al médico, anda con una gripe terrible —refuta Yoselin.

—Y yo tengo que ir con mi papá a hacer de recolector —dice Fran ya que su padre trabaja en la línea de transporte público.

—Les acompañara, pero necesito esperar a que mi hermana salga, así que nos vemos mañana —Angelica ya media vuelta regresando al liceo.

Yoselin, Fran y Maria nos acompañan hasta la entrada del barrio en donde vive Marielis y cada uno se va sus casas menos Maria que ella si nos quiso acompañar.

Estamos por entrar a la casa de dos plantas que tiene la madre de Marielis cuando un muchacho rubio sale del portón con unas bolsas de basura en la mano. Me quedo observándolo por un instante hasta que voltea y posa sus ojos en nosotras.

Sus ojos.

Tan verdes.

Tan bonitos.

—¿Josue que haces aquí? —le pregunta Marielis saludándolo con dos besos.

—Vine a buscar unas cosas —responde el muchacho. Muerdo mi mejilla interna y me quedo mirando su interacción.

Marielis no lo presenta, solo habla con él por un momento antes de invitarnos a entrar. Dejo que ellas entren y en el momento que voy a entrar a la casa vuelvo a mirarlo, pero esta vez sus ojos se encuentran con los míos.

Oliva, verdes oliva.

***

Limpiamos todo, desde los estantes, hasta el área de carnicería. Maria y Marielis se ponen a cocinar el almuerzo porque no habíamos comido nada mientras yo termino de lavar los trapos que usamos para limpiar todo. Estoy exprimiendo los trapos cuando por el rabillo del ojo veo como el joven rubio bajo por las escaleras.

Trato todo lo posible de ignorarlo, pero se me era imposible, era un muchacho muy guapo, como se podría simplemente ignorarle. Él no dice nada, solo me observa con curiosidad. Sigo en lo mío en silencio hasta que termino y voy de nuevo al negocio para ayudar a las muchachas a cocinar.

Comemos, chismeamos un rato antes de decidir irme por lo tarde que ya era, además les había dicho a mis padres que vendría hacer tareas cosa que no hice y es lo que menos hago cuando vengo. Me despido de las chicas y me dirijo hacia el portón.

Y lo vuelvo a ver, está sentado en la cerca de la puerta del portón. Paso por su lado como si no lo hubiera visto pero su voz me detuvo de golpe.

—Hasta luego señorita —parpadeo varias veces antes de posar mis ojos en él y levantar la quijada como si eso me diera fuerza de voluntad para responderle.

—Hasta nunca —respondo antes de marcharme sin volver a mirarlo.




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