Mi angel guardian

Capítulo 4

Lilith

Cinco años después

Terminé de preparar el desayuno justo cuando sentí un ligero golpetear de pasos en las escaleras de aquella anticuada casa donde vivían. Suspiré limpiando mis manos en el delantal que llevaba, fruncí el ceño cuando mi regordeta niña apareció frente a mí con sus mejillas sonrosadas y un pequeño puchero en sus infantiles labios.

—¿Qué pasó, mi niña? —dije acercándome a ella con preocupación—. ¿Te sientes bien?

Mi sobrina negó, limpiando sus ojos antes de extender sus manitas hacia mí, habían pasado cinco años desde que perdí a mi hermana y me hice cargo de mi sobrina. Cinco largos años en los que me he mudado tratando de escapar de la incesante búsqueda de la familia de mi difunto cuñado.

¡Había perdido mucho dinero sobornando a los investigadores que me encontraban!

¡Había perdido muchísimo más dinero mudándome o viviendo como un nómada!

¿Pero había sido aquello lo correcto?

No lo sabía, pero mi pequeña niña sí que se había visto afectada con aquellos cambios constantes de colegio, de casa, de amigos. Negué mientras tomaba a la niña en brazos, ella se abrazó a mí colocando su pequeña cabeza sobre mis hombros y dejándome notar que estaba mucho más cálida de lo normal.

—¿Tienes fiebre otra vez? —caminé con prisas hasta la mesa del comedor y la coloqué ahí—. ¡Esto ya no es normal!

Dije tocando la frente de mi sobrina, mordí mi labio inferior mientras caminaba hacia el botiquín de primeros auxilios para tomar el termómetro. Lo coloqué bajo el brazo de mi pequeña niña mientras tragaba con preocupación. Había decidido venirme a vivir a este pueblo en el fin del mundo para darle una seguridad a mi sobrina, quien había sido la más afectada con toda esta situación de tener que huir lejos de todos los miembros de su familia paterna.

Ella ni siquiera entendía por qué teníamos que marcharnos cuando siempre prometía que nos quedaríamos y ahora las cosas habían estado más estables, pero hacía un par de meses mi pequeña había comenzado a enfermarse con demasiada frecuencia. Di un pequeño beso a la mejilla de mi niña cuando el termómetro digital indicó que había terminado de medir la temperatura.

—¡Por el amor de Dios!

Dejé el termómetro a un lado al ver el número en la pequeña pantalla digital, tomé a mi sobrina en brazos como hacía dos días y agradecí solo tener que caminar cinco minutos para llegar al pequeño hospital de aquel pueblo donde estaba. Doty, la enfermera, corrió hacia mí apenas me vio. Tomó a mi pequeña niña de mis brazos y traté de no derrumbarme mientras me veía una vez más en la pequeña sala de espera de aquel lugar que estaba comenzando a odiar.

Había cuidado de Sophie todos estos años, había tratado de hacer lo mejor que podía, pero me sentía demasiado impotente ahora. Hacía unos cinco meses estas cosas habían comenzado a pasar, de algún modo mi niña, la que había cuidado y criado como mía, había comenzado a enfermarse sistemáticamente.

¡Estaba tan asustada con todo esto!

Ella era una buena niña, así que no comprendía por qué Dios seguía haciendo las cosas tan complicadas. Mi pequeña sobrina no solo había perdido a su padre y madre antes de siquiera conocerlos, sino que había tenido que vivir sin atarse o con un lugar estable hasta hace un año y ahora que estaba lista para establecerme en este pequeño lugar, que tenía nuevos amigos, comenzaba a sentirse mal.

—Buenas noches, Lilith —dejé de comerme la cabeza con todas aquellas cosas cuando el oficial del pueblo se acercó—. Sabes que esto es un…

—Procedimiento de rutina, lo sé —mascullé—. ¿Pero no puedes esperar un poco? Mi hija está otra vez siendo examinada y sabes muy bien que esto no es negligencia ni ningún maltrato, ¿por qué no solo me dejas solucionar esto y luego voy a la comisaría?

—Porque no es el procedimiento, has traído a Sophie tres veces en este mes, es preocupante que…

—¡Le están haciendo exámenes! —respondí—. Sabes muy bien que yo sería incapaz de… de hacerle algo.

—Es el procedimiento, el hospital llama y vengo, pero sé, como todos en este lugar, que eres la mejor de las madres —el oficial dio un par de consoladoras palmaditas en mi hombro—. Iré por un café para los dos en lo que esperamos al doctor, ¿sí?

—Sí.

Respondí odiando también esto, había descubierto que el sistema era muy específico con estas situaciones y cuando aún la enfermedad de mi hija no era definida tenía que verme cuestionada por todos los nuevos médicos o residentes en este hospital, mirándome con la duda de si estaba haciendo algo tan cruel como enfermar a lo único que me queda en este mundo.

El oficial de la policía local cumplió sus palabras y bebimos un café mientras esperábamos a que el doctor saliese de la sala de pediatría. Doty también se acercó a mí para abrazarme como una verdadera amiga, así que cuando el médico llegó éramos tres personas esperando por él.

El doctor caminó hasta mí con una expresión que hizo que mis piernas se debilitaran. Doty me tomó de la mano mientras esperábamos la respuesta de aquel médico que probablemente solo diría algo terrible.

—Señora Spenser, hemos encontrado unas pequeñas marcas en la piel de su hija, también hicimos un par de exámenes de sangre exprés y… creemos que la niña tiene un bajo nivel de glóbulos blancos en su sangre, por lo que recomendamos llevarla a un lugar donde puedan hacerle un examen más a fondo.

—¿Examen más a fondo? ¿Buscando qué?

—Cáncer —dijo el hombre mientras mi corazón se detenía—. Quizás sea una deficiencia genética o una falsa alarma, sea lo que sea, en este hospital no podemos asegurar un diagnóstico al cien por cien, pero he visto el historial, así que realmente le recomiendo ir a un mejor hospital —el hombre suspiró—. Dejaremos a la niña ir a casa cuando su fiebre baje, pero le recomiendo ponerse en contacto con su seguro y plantearse un buen hospital donde atenderla en caso de que mis sospechas sean confirmadas.




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