Mi angel guardian

Capítulo 6

Lilith

No entendía lo que estaba pasando, pero tampoco iba a preguntar, en especial cuando lo único que tenía en mi cartera eran veintinueve dólares como fondo de emergencia. Pasé una mano nerviosa por mi frente mientras veía a todas aquellas mujeres sentadas en el mismo lugar que yo.

¿Quería ser la empleada de limpieza de alguien?

La verdad era que no, pero cuando vi el folleto en medio de la correspondencia atrasada del buzón hubo forma de que me negara, necesitaba un trabajo que pudiera al menos cubrir los tratamientos de mi pequeña y sin lugar a dudas un sueldo de cuatro mil dólares al mes valía la pena, sin contar el hecho de tener techo y comida gratis.

¡Gratis era la palabra importante aquí!

—Siguiente.

Anunció una señora demasiado alta para mi parecer, me puse en pie nerviosa y caminé por el reluciente pasillo de aquella casa en medio de una de las zonas más acaudaladas de la ciudad.

Pasé junto a la mujer que me miró con disgusto, entré por las inmensas puertas de madera de aquel lugar y clavé mis ojos directo en el hombre de pie en medio del salón.

Medía quizás un metro noventa, cabello negro y barba perfectamente cortada. Mi vientre se tensó cuando él me miró durante unos segundos y luego señaló la silla a un par de pasos de mí.

—Tome asiento, por favor —dijo con un tono oscuro que me congeló.

Obedecí mientras miraba una vez más aquel rostro, era un hombre atractivo sin lugar a dudas, pero dudaba que existiera alguien que tuviera el suficiente dinero para pagar cuatro mil dólares a una empleada y no fuera guapo.

¡Dios, estaba nerviosa, muy nerviosa!

—Y cuénteme, señorita… —miró la hoja que había estado colgando de su mano— ¿Lilith?

—Mmm, sí… señor… —me sentí tonta— quiero decir… qué… qué quiere saber.

—Dígame si tiene experiencia como limpiadora y cuáles serían sus… requisitos para aceptar el trabajo.

—Oh, bueno, yo… —fruncí el ceño— no tengo experiencia como empleada doméstica, he trabajado en distintos lugares y hacía limpieza, pero como empleada doméstica yo no…

—¿Por qué está aquí entonces?

Cuestionó él, cortando mis palabras de golpe con esa pregunta. Abrí y cerré mi boca antes de ponerme en pie algo molesta. Quizás estaba desesperada, quizás necesitaba el dinero, pero no tenía por qué soportar que me trataran así.

—Tiene razón, no sé qué hago aquí —dije guardando mi currículo en la bolsa— lamento haberle hecho perder su tiempo.

Me di la vuelta dispuesta a irme por donde había venido cuando aquel hombre habló e hizo que incluso mi bolso cayera de mis manos.

—Supongo que le importa bien poco la salud de mi sobrina, ¿verdad, Lilith?

—¿Cómo? —me volteé para mirarlo.

—Creíste que huir por cinco años sería suficiente para que no te encontráramos —sentí el peso de esas palabras caer sobre mis hombros— creíste que la vida era así de simple, llevo dos días entrevistando empleadas solo esperando a que aparecieras, así que, por favor, deja la dignidad y siéntate.

—No tengo nada que hablar con usted, yo…

—¿Quieres tratar de curar a nuestra sobrina o no? —aquella pregunta fue directa a mi pecho— supongo que sí lo haces, así que siéntate y hablemos, tengo una propuesta que hacerle.

El silencio se instaló en medio de los dos, miré al sujeto que ahora ya no me parecía tan guapo y quizás pude haberme ido, pero la realidad era que no era una buena idea. No cuando tenía razón en algo, quería con todas mis fuerzas salvar a mi pequeña, porque no solo era mi sobrina, era mi hija.

—No pienso permitir que se la lleve —dije— si piensa ofrecerme dinero, no pierda su…

—Quiero que te cases conmigo —dijo dejándome aún más incrédula— ahora siéntese, debemos hablar.




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