Mi angel guardian

Capítulo 7

Dorian

No aparté la mirada de ella cuando pronuncié aquellas palabras, vi a la mujer que había esperado me repudiara o me acusara de alguna manera, pero no lo hizo, la observé tragar antes de volver sobre sus pasos para sentarse una vez más en su silla.

—¿Quién es usted? —fue lo primero que dijo—. No sabía que Courthis tuviese un hermano o… bueno, en realidad sé muy poco de la familia que odió y maltrató a mi hermana.

¿La familia que maltrató a su hermana?

No podía creer que dijera eso, no cuando su hermana había hecho a mi hermano alejarse de todos, vi los informes del perito y si mis padres tenían razón, su hermana era quien había intentado que su marido muriese para quedarse con todo.

—Bueno, entiendo que tenía poco interés en la familia de mi hermano —dije mirando cada detalle de su rostro—. Supuestamente… éramos unos pequeños proveedores al sur del país en una granja, ¿verdad?

—Mire, no sé qué está diciendo o si Courthis dijo algo falso a mi hermana o no, pero realmente no tengo tiempo para juegos.

—No estoy jugando —dije fríamente—. Realmente quiero que se case conmigo y a usted le conviene.

Me apoyé contra el escritorio, cruzando los brazos, observándola con detenimiento. Era más joven de lo que había imaginado… o quizás no. Quizás era el cansancio en sus ojos lo que la hacía parecer más frágil de lo que realmente era.

Pero no me dejé engañar. Esa mujer había desaparecido durante cinco años, había ocultado a la hija de mi hermano y ahora estaba frente a mí. Luciendo orgullosa, pero a punto de quebrarse, que era justo lo que yo quería.

—No quiero nada de usted, no necesito nada de usted —respondió en voz baja—. Ni su dinero, ni sus condiciones, por favor lleguemos a un acuerdo lógico, sin cosas absurdas como el matrimonio, no estamos en una telenovela de media tarde.

Sonreí, no pude evitarlo después de aquellas palabras tan absurdas, pero la acidez en mis palabras no acompañó a esa sonrisa.

—Lo que usted quiera es irrelevante —contesté—. Porque esto no se trata de lo que tú quieres, sino de lo que necesita.

—Dios, esto no tiene sentido, tengo cosas importantes que hacer —dijo.

Sus ojos brillaron con rabia, se levantó de su silla y justo cuando dio el primer paso para marcharse la detuve.

—Si sales por esa puerta, no volverás a ver a la niña —me crucé de brazos viéndola voltearse—. Puedo hacerlo. Legalmente. Económicamente. Socialmente. No hay un solo escenario en el que usted gane si decide enfrentarse a mí.

Vi cómo su respiración se volvía irregular.

—Es mi hija —dijo, con la voz quebrándose apenas—. Mi hermana me pidió que la cuidara, legalmente yo…

—No puede hacer nada —la corregí con frialdad—. Es mi sobrina, la hija de mi hermano, una niña con la que usted desapareció y que no ha podido cuidar bien, según muestran los informes que pedí —suspiré—. Si muevo un solo dedo, usted no vuelve a ver a esa niña.

Eso la golpeó, lo vi en su expresión y aun así… no retrocedí, no quería, no al pensar en que quizás esta mujer también planeó la muerte de mi hermano.

—Vamos a hablar en términos claros —continué—. Tú quieres quedarte con la niña. Yo quiero recuperarla… y asegurarme de que pagues por lo que le hiciste a mi familia.

—¡Yo no hice nada! —explotó ella—. No sé de qué está…

—Eso lo decidiré yo, así que tome mi oferta o aténgase a las consecuencias —la miré directo a los ojos—. Te casarás conmigo —sonreí ante su expresión—. Serás mi esposa —repetí—. Legalmente. Públicamente. Sin excepciones.

—Estás loco, yo no voy a…

—Vas a vivir un infierno, eso te ofrezco, pero a cambio seguirás cerca de nuestra sobrina, si no aceptas, ten por seguro que no la verás jamás —me encogí de hombros—. Tienes hasta mañana para pensarlo, ahora puedes marcharte —señalé la puerta—. Tengo que seguir con este teatro de las empleadas hasta que la última sea rechazada.




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