Mi antología de cuentos (inglés y español)

La despedida

Las 12 del mediodía. Me levante con un leve dolor de cabeza, pero nada que un buen ibuprofeno pueda aliviar. El depto en el cual vivía con mi compañero, Julián, estaba desordenado: botellas de alcohol, vasos vacíos acumulados en la bacha, el suelo pegajoso, el baño sucio, etc. Todo era un desastre. Cuando me fui a preparar un café con leche, noté que había una nota en la heladera.
Aquella nota leía “No hace falta que te explique la razón por la cual deje esta nota porque es bastante obvio. Has sido un gran compañero de depto todos estos años, pero necesito un cambio en mi vida”. Me quede helado en donde estaba parado.
Empecé a imaginar los motivos por los cuales Julián se fue: no cocino muy bien, me quedo despierto hasta altas horas de la noche, le grito a la computadora por un juego, pongo la música a todo volumen, soy medio desordenado y tendré otros defectos que me estaré olvidado. Sin embargo, nunca tuvimos discusiones subidas de tonos y siempre llevamos una relación en buenos términos. Quería saber que lo llevo a tomar la decisión de abandonar el depto y la única manera era preguntándole a sus padres.
Los padres de Julián ya me conocían y me tenían cariño. Me recibió la madre de Julián, Teresa, que por la expresión que puso no esperaba mi visita.

- Valentín, ¿qué te trae por acá? – me preguntó ella.
- Juli me dejo una nota esta mañana – le dije y le di la nota. Teresa se colocó los anteojos y leyó atentamente. El padre de Julián, Carlos, no se encontraba en ese momento.
- Que raro. No nos avisó nada a nosotros. Estamos tan perplejos como vos– me dijo ella.
- ¿Tenes alguna idea? Algo que les haya dicho – necesitaba un indicio para saber a dónde podía dirigirse y por qué.
- No se me ocurre nada… salvo que quiera conocer a sus padres biológicos – quede shockeado con esta afirmación porque mi amigo nunca me contó que lo adoptaron.
- Nunca me dijo que es adoptado – le dije a Teresa.
- Lo encontraron a la vera de una ruta y lo llevaron al orfanato en donde lo conocimos. ¡Ah! Ya sé quién puede saber – Teresa buscó un papelito y anotó un nombre y una dirección y me lo entregó.
- Si averiguo algo de Julián, te llamo – le prometí a la madre que me agradeció y me invitó a almorzar, pero no podía perder tiempo y me despedí.

Empecé a lamentar haber rechazado la invitación a almorzar porque el estómago me estaba rugiendo, pero quería encontrar a Julián. La dirección que me dio Teresa correspondía a una casona antigua que necesitaba pintura y refacciones. Tuve que golpear varias veces la puerta hasta que me atendió una voz ronca y grave.
- ¿Quién es? – escuché del otro lado de la puerta.
- Soy amigo de Julián Martínez – un hombre bajo, mayor, con una larga cabellera gris, abrió la puerta.
- Pasa joven – me dijo el viejo haciendo un gesto con la mano.
Pasamos por un largo pasillo desgastado de mármol en el cual colgaban varias plantas y flores, aunque varias de ellas estaban muertas por la falta de cuidado. El pasillo desembocaba en el living de la casona, el cual estaba lleno de fotos en blanco y negro y de pinturas de paisajes que no pude reconocer.
- ¿Te invitó algo? – me preguntó Gino, el viejo.
- Te agradecería si me pudieras dar algo para comer – el viejo fue hasta la cocina y volvió con un paquete sin abrir de galletitas. En ese momento me olvidé de los modales porque sentía un enorme vacío en el estómago.

- Gracias. Me estaba muriendo de hambre – le dije a Gino mientras me llevaba una galletita a la boca.
- Lo conozco a Julián desde que era muy pequeño. Es el nieto que nunca tuve – el viejo parecía que quería charla, pero lo iba a tener que defraudar. No me sobraba el tiempo para charlas largas y tendidas.
- Julián abandonó el depto en el que vivíamos, pero no sé a donde pudo haber ido – le entregue a Gino la carta.
- Ya veo… - parecía que estaba en un callejón sin salida. El viejo seguía mirando con detenimiento la nota. No entendía que tanto analizaba porque la nota era concisa y directa.
- Mira esto – el viejo colocó la nota en la mesa y pronunció unas palabras en latín “Revelare illud”. Las letras empezaron a cambiar y a formar otro texto que decía “Ya sabía que ibas a salir a buscarme. Ya sabes donde encontrarme. Tu compa de cuarto, Juli”. Los ojos se me abrieron al igual que la boca al ver que el viejo había hecho MAGIA. ¡MAGIA! ¿Juli sabía de la existencia de la magia y nunca me dijo? ¿Juli hacía magia? Tenía tantas preguntas que hacerle a mi amigo y había tantos secretos que me había escondido y que tenía que revelarme.

Tome el primer avión que iba a Bariloche. El vuelo venía lleno, pero tuve la suerte de conseguir un asiento, aunque a un costo muy alto. En cuanto llegue a la ciudad, alquile el primer alojamiento que tenía un lugar vacante. Al día siguiente, busque algún taxi que me lleve directo al Cerro Catedral. Los árboles estaban pintados de distintos tonos de rojo, naranja, amarillo y verde y las hojas se estaban empezando a caer con la llegada del invierno, pero todavía no había signos de que vaya a nevar.
Después de recorrer un sendero durante cuatro horas, que fue bastante simple en la mayoría del camino, pero que era empinado en el último tramo, llegue a un refugio donde se encontraba una persona sentada mirando un lago tan transparente como un espejo.

- Al lugar más remoto te tenías que ir – le dije y Juli se rio, me dio un abrazo y se puso serio de un momento a otro.
- Tengo que hacer esto. Vos podés venir conmigo o quedarte. No te voy a obligar – me explicó Juli. Acompañarlo a donde fuera que vaya significaba perder mi trabajo, no ver a mis otros amigos ni a mi familia, perder tiempo de estudio, entre otras cosas. Tampoco sabía el tiempo que me iba a ir: podían ser horas, días, meses, incluso años.
- No vine esta acá por nada, pero tendrás que darme varias explicaciones – Juli asintió con la cabeza y abrió un portal con un largo bastón de madera.
- ¿Estas preparado? – me preguntó. Le había escrito un mensaje a mis padres avisándoles que me iba de viaje por tiempo indeterminado. La respuesta era obvia.
- Estas completamente loco, pero yo estoy más loco porque te sigo. ¡Que más da! ¡Vayamos! – respondí y saltamos al portal antes de que me arrepienta.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.