Mi Chico Lindo [bl]

CAPÍTULO 1.

 

 

 

 

     Tomó sus llaves, su bolso y se colocó los zapatos apresuradamente mientras en su boca seguía masticando el pedazo de pan que se había metido para apaciguar un poco el hambre que sentía.

     Llegar tarde a su cita con su amigo era un pecado que consideraba imperdonable y que merecía la pena de muerte.

     Aunque ya llevaba 10 minutos de atraso para ese momento.

     —¡Mierda!—. Gritó abriendo la puerta de su casa compartida con su hermana, la cual al escuchar el escándalo salto de su asiento sorprendida.

     —¿¡Te pica el ano, Paul!? ¿¡Por qué coño gritas así!?—. Profirió molesta hacia su hermano el cual le dio como respuesta el sonido de la puerta principal cerrándose—. ¡Ese idiota!

     Se sobó el puente de la nariz antes de asomarse por la ventana. Observó como Paul se tropezaba con una pareja que caminaba pacíficamente por la calle. Su hermano cayó al suelo mientras se disculpaba repetidamente con las personas.

     —Y muy descuidado...—. Observó cómo se levantó para dar comienzo con su carrera hacia su destino. Algo le llamó la atención a Angélica al verlo. Eran sus zapatos... no, también la correa... no, las medias también... Acaso, ¿¡Se había vestido con cualquier cosa sin fijarse que nada le quedaba!?

     La mano de ella paró en su cara pensando que ese chico que caminaba con zapatos y medias de diferentes colores, con una correa mal puesta y la camisa al revés, era en realidad, adoptado.

     Suspiró resignada deseándole mentalmente suerte en su "gran hazaña", como lo había denominado él.

 

 

 

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     Corría como loco. Aunque sus piernas dolieran, aunque sus pulmones gritara, aunque su sudor se derramaba. No quería llegar ni un segundo más tarde.

     A lo lejos divisó una cabecita marrón bastante conocida. Su sonrisa no se hizo esperar.

     —¡Christhian!—. El susodicho volteó al escuchar su nombre. Al mirar en esa dirección lo que vio logró que abriera sus ojos sorprendido y a la vez asustado.

     —¿¡Pero qué...!?—. Se detuvo al ver lo cansado que estaba el otro y cómo se le dificultaba mantenerse parado—. Tú... No cambias—. Una carcajada sincera salió de sus labios mientras daba pequeñas palmaditas en la espalda del otro.

     —¿A-a que t-te refieres?—. Comenta casi sin aliento.

     —¿Qué te pasó?—. Le dijo con una sonrisa mientras le señalaba sus zapatos, las medias, la correa, la camisa y el rostro—. Eres un desastre—. Volvió a carcajearse.

     El otro solo se sonrojó avergonzado mientras se observaba a sí mismo. Realmente era un desastre.

     —¡N-no te burles de mi, mocoso!—. Le dice apuntándolo con el dedo.

     Christhian se le quedó observando un rato, viendo como el sudor pasaba desde su cien hasta la mandíbula para luego caer al cuello. El movimiento que hizo su amigo lo distrajo.

     —Está bien—. Tomó la mano del pelinegro entre las suyas y depositó un leve beso en el dorso—. Haré lo que me ordenes mi príncipe—. Vuelve a reírse para sí mismo.

     Paul estaba completamente congelado por la reacción del otro. No era la primera vez que le hacia esas bromas para burlarse de él y su forma de actuar como una mujer. Pero, de esa manera y en ese momento lo tomó completamente desprevenido.

     Se había quedado con la mirada perdida y un gran sonrojo en su cara. El castaño se dio cuenta.

     —¿Estás bien?—. Suelta el agarre de sus manos para tocar la frente del otro. Lo sentía más caliente de lo normal—. Mi pregunta fue estúpida. Claramente te sientes mal—. Le regaló una sonrisa considerada—. Vamos a tu casa para que descanses.

     —¿¡Qué!? ¡No! ¿¡No íbamos a salir después de tanto tiempo!?

     —Sí. Más no te veo en condiciones de salir...

     —¿Ah? ¿¡Quién lo decide!?—. El castaño lo señaló.

     —Tu propio cuerpo.

     Se quedó mirándolo fijamente. En parte era cierto que su cuerpo no era muy fuerte a pesar de ser del sexo masculino, pero también era cierto que en ese momento no se encontraba en ese estado porque se sintiera mal.

     Al contrario. Sentía que moriría de placer por la sensación de los labios del otro en su mano.

     —Estoy bien—. Se incorporó por completo quedando derecho y con una posición tan rígida como la de un militar. Llevó sus manos a la cien—. ¡Listo para el ataque, capitán!

     El otro solo sonrió levemente. Paul era súper energético y espontaneo, aunque se sintiese mal nunca lo diría para arruinar el ambiente y eso lo sabía muy bien. No le quedaba de otra sino vigilarlo y cuidarlo correctamente.

     —Bien. Pero primero, antes de la guerra tienes que conseguir un uniforme que se adapte contigo—. Señala la ropa que tenía puesta—. Dudo mucho que quieras que otros te miren así.

     —¡Nah!—. Hizo un gesto con la mano restándole importancia al asunto—. Hace tiempo me enseñaste a no prestarles atención a los "otros"—. Comenta orgulloso de sí mismo.

     —¡Oh por Dios!—. Hace el ademan de secarse unas lágrimas que no tenía—. Estoy tan orgulloso de mi niño.

     —¡Oye!—. Le da un leve empujón en el hombro—. No te burles de mí.

     Christhian le responde con una leve palmada en la espalda mientras comenzaba a caminar. Paul se quedó un rato en su sitio sin moverse, pensando en lo que harían a partir de ese momento y cómo sería la manera correcta de seguir actuando.

     Estaba nervioso.

     Después de un tiempo se había decidido a hacerlo.

     Ese sería el día en que se confesaría a su gran amigo, Christhian. Ese, del cual se encontraba enamorado desde los veinte años.

     Un amor prohibido, silencioso y doloroso al mismo tiempo.

     Comenzó a trotar levemente hasta alcanzar al castaño.



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En el texto hay: romance, drama celos intriga, chico x chico

Editado: 27.02.2021

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