Mi corazón frío a muerto

Capitulo 2 — Allison Mins

Jamás en toda mi existencia, me gustaron los primeros días de clases.

La gente sonrie demasiado, hace preguntas estúpidas e innecesarias y cree que puede convertirse en tu amiga con solo decir "hola". Que pérdida de tiempo.

Ajuste la correa de mi mochila y caminé hacia la parada del autobús. El cielo de Stanley, apenas empezaba a iluminarse y el aire de la mañana era fresco. Algunas personas esperaban en silencio; otras revisaban sus celulares sin levantar la vista.

Mire la hora.

Podia ir caminando hasta el colegio, pero tardaría unos cuarenta minutos en llegar y como soy una perezosa, ademas no tenía ganas de llegar agotada en mi primer día, así que preferiría soportar veintiún minutos de autobús.

El rugido del motor llamo mi atención. El autobus doblo la esquina y se detuvo frente a la parada con un chirrido.

Espere hasta que las puertas se abrieran, subí sin decir una palabra y pagué el pasaje.

Porque si no pagaba no me llevaría hasta el colegio y yo no pienso caminar en la mañana.

Elegí un asiento junto a la ventana. Me puse los audífonos y apoye la cabeza contra el cristal frío.

Primer día.

Solo esperaba una cosa...

Que nadie se acercara a hablarme.

El timbre sonó justo cuando crucé las puertas del colegio.

Los pasillos estaban terriblemente llenos de estudiantes hablando demaciado fuerte, que irritaba un poco de lo tan fuerte que hablan. Se reian por cosas que no son para nada divertidas y mirandome de reojo. Ignore todas las miradas y busque el número de mi salón.

Aula 3-B.

Perfecto.

Respiré hondo y abrí la puerta.

Las conversaciones se apagaron casi al instante. Unas cuantas cabezas se giraron hacia mi y el profesor levantó la vista desde el escritorio.

—Llegas gusto a tiempo. Debes ser Allison Mins.

Asentí sin sonreír.

—Chicos tenemos una nueva compañera. Allison estará con nosotros este ciclo escolar, espero que la reciban bien.

"No necesito que me reciban tan bien", pensé.

Recorri el salón con la mirada buscando un asiento vacío y entonces la vi.

Una rubia con el cabello perfectamente peinado ocupaba el centro del aula como si el lugar le perteneciera. Tenía una sonrisa brillante, de esas que parecen ensayadas frente al espejo, y hablaba tan fuerte que todos podían escucharla. Varias chicas reían a su alrededor y dos chicos parecian obedecer cualquier cosa que dijera.

Rose.

Lo supe antes de que me lo dijera, aunque escuche a su amiga llamarla así.

— ¿La nueva? — pregunto,inclinando la cabeza con falsa curiosidad — vaya... pensé que sería alguien mucho más interesante.

Algunas risitas recorrieron el salón.

No respondí.

Tengo tantas ganas de irme de aqui... Espero que en otra vida no exista el colegio.

— Soy Rose — continuó, como si aquello debería impresionarme — Si necesitas ayuda para sobrevivir aquí, puedes preguntarme. La mayoría lo hace.

Que amable. Que falsa.

Tome el asiento vacía más alejado de ella y deje mi mochila sobre el pupitre.

— Gracias— dije con una calma que ni yo misma sentía — pero creo que puedo sobrevivir sola.

Su sonrisa se tenso apenas un segundo.

Y eso me basto para saber que no estaba acostumbrada a que alguien la ignorara.

Él profesor comenzó la clase y el murmuró del salón desaparecio poco a poco.

Saque un cuaderno, un lápiz y una pluma color negro. Luego me concentre en copiar lo que escribía en la pizarra.

Duro exactamente tres minutos.

Tres minutos de paz, que se fueron al carajo.

— ¿Siempre eres así de callada?

La voz de Rose volvió a colarse en mis oídos.

No levanté la vista, ya que eso es lo que ella quería. Quiere que le preste atención, yo Allison Mins. Que ni siquiera le prestó atención a mis padres y supuestamente estaré dándole mi atención a una creída, claro que no, ni en mis peores pesadillas.

Escuche que algunas de sus amigas se reían.

— Rose, dejala. Seguro esta nerviosa. — comento una chica.

—No parece nerviosa. Parece que se cree mejor que todos.

Que hermosa ironía.

Eso pienso de ti.

Seguí escribiendo.

— ¿De que escuela vienes?

Silencio de mi parte.

— ¿Cuantos años tienes?

Silencio

—¿Porque usas lentes de contacto?

Mi pluma dejo de moverse.

Respiré hondo.

Uno...

Dos...

Tres...

— ¿Nunca te enseñaron que insistir es de una mala educación? — pregunté sin mirarla.

El salón quedó en un profundo silencio, por algunos instantes.

Rose soltó una rusa suave.

— Solo intento ser amable.

—Entonces te está saliendo bastante mal.

Varias personas abrieron los ojos con sorpresa. La princesa del salón siendo completamente despreciada por la nueva alumna.

Era super evidente que nadie la hablaba así. Rose se acomodó un mechón de su cabello detrás de la oreja.

Su sonrisa seguía ahí.

Pero ya no parecía tan perfecta, hasta podría decir que esa sonrisa, parecia de la muñeca maldita llamada Anabelle.

Son igualitas en apariencia.... Hasta en el maquillaje.

— Que carácter... Ahora entiendo porque está sola.

No respondí.

Escuche sus pasos acercarse. Se detuvo junto mi pupitre.

Porque la vida nunca me quiere dejar en paz. Si seguimos así me volveré loca.

— Vamos, no seas tan antipática. Podemos empezar de nuevo.

No la mire. Si la miro y me agarra de la mandíbula. No gracias, lesbiana no soy.

Soy bien hetero, desde que nací...

— Vete.

—¿ Y si no quiero?

Seguí ignorandola.

Entonces una sombra cubrio mi hermoso cuaderno.

Rose apoyo una mano sobre la hoja, impidiéndome seguir escribiendo.

Levanté la vista lentamente.

¿Y si le doy una bofetada?

Mejor no, no quiero meterme en problemas en el primer día de clases. ¿Quien se mete en problemas el primer día de clases?




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