Mi corazón frío a muerto

Capitulo 3 — Allison Mins

El salón quedó suspendido en un silencio tan absoluto que hasta el tic tac del reloj para detenerse.

Nadie respiro.

Nadie hablo.

Solo el temblor de la mano de Rose rompía aquella quietud enfermiza. El lápiz seguía incrustado en el dorso de su mano.

Una gota de sangre resbalo lentamente por su piel oliva, cayó sobre el suelo brillante y se deshizo en un pequeño círculo rojo, luego otra y otra más.

Fue entonces cuando el mundo volvió a moverse.

—¡¿Que demonios?!

El grito del profesor atravesó el aula como un trueno.

Maldita sea, me voy a meter en problemas de nuevo.

En mi primer día de clases, ya estoy en problemas; esto debe ser un récord...

Las sillas rechinaron contra el piso cuando varios estudiantes se levantaron de golpe. Algunas chicas se llevaron las manos a la boca; otras retrocedieron horrorizadas. Un chico dejó caer su cuaderno, otro se quedó inmóvil con la mirada clavada en mí, como si acabara de presenciar un asesinato.

Que exagerados, ni que la hubiera matado.

Buenisima idea si la habríamos matado... Pero ¿donde esconderiamos su cuerpo?

Mmm podría cortar en trocitos su cuerpo, colocarlos en una bolsa y lanzarlo a una fogata en el bosque, con sus cenizas podría esparcirlo por el bosque....

Es demasiado chicle.

Estoy mal de la cabeza por tener estos pensamientos...

Pero solo le clave un lápiz.

Rose soltó un chillido agudo y cayó de rodillas junto a su pupitre, sujetándose la mano mientras las lágrimas le corrían por las mejillas.

—¡Me duele...! ¡Me duele!

Su maquillaje perfecto empezaba a correrse.

Que horror....

Pero al menos ahora si parecía una muñeca embrujada...

Quisiera levantarme y agarrarle de la mano, claverle un dedo en la herida para que gritara más fuerte mientras lloraba como una bebé recién nacida.

Pero eso estaría mal, ambas somos seres humanos y tenemos que respetarnos mutuamente.

Cosa que no hizo.

Eso son pequeños detalles.

Baje lentamente la vista hasta mi propia mano.

Mis dedos completamente tensos.

Los nudillos completamente blancos.

La pregunta aquí es ¿cuando había tomado el lápiz?

No lo recordaba.

Solo había imágenes rotas.

Una cocina.

El olor metálico de la sangre.

Un dibujo cayendo al suelo.

La voz de mi madre. Cerré la mano con fuerza.

No.

No iba a volver ahí.

Jamás.

Respiré profundamente hasta que el peso en mi pecho disminuyo un poco.

El profesor llegó junto a Rose casi tropezando consigo mismo.

—¡Llamen a la enfermería! ¡Ahora!

Dos estudiantes corrieron hacia la puerta.

Otros rodearon a Rose intentando ayudarla.

Curioso.

Hace apenas unos minutos todos estaban pendientes de la reina del instituto. Ahora parecian un grupo de gallinas sin cabeza.

Los murmullos empezaron a extenderse por el aula.

— Está loca...

— La nueva atacó a Rose.

— ¿Viste sus ojos?

— No dudo ni un segundo...

— Da miedo...

Ignore cada palabra.

Las opiniones de personas que conocía desde hace exactamente treinta y siete minutos no iban a cambiarne la vida para siempre.

Es más sus opiniones me valen un comino, además Rose estaba siendo demasiado molesta.

El profesor de giró hacia mi.

Su rostro estaba completamente rojo.

Las venas de su cuello parecían a punto de explotar.

— ¡ALLISON MINS!

Parpadée.

— ¿Si?

Hubo otro silencio incómodo.

Varios alumnos me miraron como si esperaran que me echara a llorar pidiendo perdón.

¿Yo pidiendo perdón pero algo que ella estaba buscando? No gracias, no pienso hacer drama.

Aceptaré las consecuencias de mis actos.

Que decepción se iban a llevar.

—¿"Si"?—Repitio el profesor, incrédulo— ¿Eso es todo lo que tienes para decir?

Mire a Rose.

Luego al lápiz ensangrentado.

Después volví a mirarlo.

— Si.

El hombre cerró los ojos durante un instante.

Estoy casi segura de que estaba contando hasta diez para no estrangularme allí mismo.

No iba a funcionar. Se lo dijo por experiencia y no funcionó ya que termine lastimando a Rose.

Y no me arrepiento de lo merecía...

—¡A Detención! ¡Ahora mismo!

Asentí con total tranquilidad.

— Está bien.

Recogí mi mochila del respaldo de la silla, Guarde el cuaderno, la pluma, el estuche y por último acomode los audífonos en el bolsillo delantero.

Todo con la misma calma con la que alguien prepara sus cosas al terminar una clase cualquiera.

Sin ninguna preocupación, lo problemas siempre me siguen al parecer somos tan buenas amigas que no me deja en paz.

Sentía las miradas clavandas en mi humilde espalda.

Miedo.

Curiosidad.

Desprecio.

Me daba exactamente igual.

Cuando pase junto al pupitre de Rose , ella retrocedió por instinto.

Casi sonreí, casi.

Ni siquiera levanté la cabeza para verla.

Ya había perdido suficiente tiempo.

Antes de salir del aula, la voz del profesor volvio a detenerme.

— También hablaré con tus padres.

Una sonrisa casi imperceptible apareció en mis labios.

Perfecto.

Totalmente perfecto.

La vida me odia tanto.

Ahora solo faltaba que el autobús explotará de camino a casa y el día sería inolvidable.

Empuje la puerta.

El bullicio del salón quedó atrás.

El pasillo estaba vacío, ya que los demás estudiantes entan en sus clases, haciendo tarea menos mi aula ya que Rose y yo decidimos crear un show que era digna de la Rosa de Guadalupe.

El eco de mis pasos rebotó contra las paredes blancas mientras caminaba hacia detención.

No tenía el menor remordimiento.

Lo único que lamentaba...

Era que apenas llevaba una hora en este instituto de mierda y ya conocía a la persona más insoportable del edificio.




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