Mi corazón no olvida

Capítulo 1: Boda fallida

Adaya:

Hoy es el día en que voy a interrumpir la boda del hombre que amo y tengo dos razones importantes para hacerlo. La primera es que está casado conmigo y la segunda y más importante es el padre de mis gemelos y debe saberlo. 

Ocho años tienen mis niños y ocho años llevo buscando a mi esposo. Se fue por trabajo y prometió volver a buscarme en un año cuando yo terminara mis estudios como maestra, pero no lo hizo, nunca volvió. Y no solo eso, a los dos meses de haber abandonado el pueblo en el que vivíamos dejó de responder mis mensajes y su teléfono siempre daba apagado. Nunca me dio la dirección de donde estaba y cuando llamé a su madre intentando localizarlo, me dijeron que ese número no era de la madre de Alejandro, que estaba confundida. Pensé muchas veces en aventurarme e ir a buscarlo pero no contaba en ese entonces con dinero suficiente para salir del país y tenía dos bebés a los que cuidar y no podía dejar mi trabajo pues debía mantenerlos. Pasé ocho años sola esperándolo, rechazando a todos los hombres que se me acercaban con la esperanza de que mi esposo iba a regresar por mí como prometió, pero no lo hizo. Cada vez que sonaba mi teléfono, que tocaban a mi puerta o que recibía alguna carta imaginaba que se trataba de él y cada vez solo quedaba aún más decepcionada. Incluso llegé a pensar que había muerto. Hasta hace una semana no había tenido ninguna noticia suya. Entonces mi teléfono comenzó a sonar y era mi amiga Sonia. 

—Mira las noticias, enciende la televisión, es Alejandro, Alejandro está en televisión —dijo y corrí encendiendo la televisión y se me cayó el teléfono de la mano cuando escuché lo que decían:

— El exitoso Alejandro Gómez dueño de la famosa compañía textil "Duals' Company" y dueño de una extensa cadena de tiendas de ropa se une en matrimonio a la hija del famoso empresario Marcos Castro en tan solo 7 días. La boda será en el gran local Bit en Newell.— Cubrí mis labios al escuchar la noticia y derramé unas cuantas lágrimas mientras me senté decepcionada cubriendo mi rostro. Ocho años, llevaba ocho años esperando por él para que ahora simplemente se casara con otra mujer desconociendo la existencia de nuestros gemelos. 

—No te vas a casar—murmuré—no sin que todos sepan que eres un impostor, que tienes esposa e hijos. —dije limpiándome las lágrimas y fui hasta la habitación de los niños. 

—Ángel, Ander vamos a ir a conocer a su papá—le dije a los pequeños que sonrieron entusiasmados. 

—Y dónde está—preguntaron.

—En otra ciudad, pero en unos días iremos a conocerlo. 

**********

Y aquí estamos hoy, escuchando esos ridículos votos matrimoniales donde promete que esa mujer es la única mujer en su vida, pero lastimosamente tuve que escuchar todo, verlo repetir todas esas mentiras patéticas que una vez también me dijo a mí y que cambiaron mi vida para siempre. Hasta que llegó el momento perfecto, el momento crucial donde todos conocerán la verdad de este hombre:

—Si alguien tiene algún impedimento para que esta boda se realice, que hable a hora o calle para siempre. 

—Es hombre no se puede casar—pronuncié poniéndome de pie y acercándome a ellos, llevaba un vestido negro justo al cuerpo y un sombrero ancho que ocultaba mi rostro—No se puede casar con ella porque ya está casado... conmigo—dije al quedar frente a ellos mostrándole mi alianza matrimonial mientras ambos novios me miraban asombrados y la cara de confusión se hacía evidente en su rostro. 

—Eso es mentira—tuvo el cinismo de decir—nunca antes he visto a esta mujer—agregó y le pegué en el rostro una bofetada derramando unas lágrimas cosa que lo dejó más sorprendiendo aún. 

—Si no me conoces como carajos puedes explicar que tengamos dos hijos —pronuncié levantando dos dedos de mi mano y los gemelos caminaron hasta quedar parados a mi lado. Alejandro mordió su labio inferior observando a los niños que eran dos minicopias de él e incluso se agachó frente a ellos observándolo detenidamente. Yo traté de contenerme lo más que pude para no desplomarme a llorar. ¿Cómo el hombre que amaba y que alguna vez juró amarme pudo cambiar tanto hasta el punto de fingir no conocerme? 

—Es una casa fortunas—pronunció la madre de Alejandro—guardias saquen a esta impostora de aquí—pronunció y los guardias caminaron hacia mí. 

—¿No harás nada? —pregunté con un nudo en la garganta que apenas me dejaba respirar. 

—Solo quiere dinero y fama, sigamos con la boda—dijo la novia intentando continuar con la boda, pero él alejó su brazo de ella e hizo una seña con la mano a los guardias de que se detuvieran mientras continuaba observando a los pequeños. 

—¿Tiene dos hijos? ¿Esos niños son en verdad tus hijos? —cuestionaron los paparazzi acercándose y grabando todo. 

—¿Estás casado en verdad con esa mujer? ¿Sabes que casarse con dos personas a la vez es un delito? —preguntaron y él se puso de pie en silencio me tomó por el brazo y me haló fuera de allí mientras los niños caminaban a mi lado. 




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