Mi corazón no olvida

Capítulo 8: Solución

—Disculpa a mi madre—pronunció Alejandro suspirando cuando su madre se alejó enojada y lo miré con los ojos vidriosos sin decir una palabra y es que no puedo negar que todo esto me afectaba.

—Es que ella siempre ha sido una madre muy presente y preocupada y es por eso que se lo toma tan personal.—agregó él — Eso sin contar que odia que le hablen de mi padre. El muy malnacido la abandonó cuando yo tenía 6 meses de edad y pasó mucho trabajo por su culpa.

—¡Eso es mentira! Creciste con tu padre, ella fue la que te abandonó a los tres años. —exclamé.

—No sé de dónde sacas esas cosas, cómo inventas algo así con tanta facilidad—pronunció enojado mirándome con rabia.

—Si te digo la verdad es porque—pronuncié tragando en seco, por poco se me escapa un porque te quiero, pero gracias a Dios recapacité a tiempo—es porque algún día te quise.—terminé diciendo y él fue caminando enojado hacia mí, estaba tan nerviosa que fui caminando hacia atrás hasta quedar recostada a la pared y cuando estuve allí él acercó su rostro quedando a solo centímetros de mí, mi mirada se cruzó con la suya y no podía dejar de mirar sus ojos. Por un momento pensé que me besaría, que tenerle tan cerca lo había hecho recordar, pero estaba muy equivocada, quizás incluso era él quien mentía y si era un desgraciado.

—Me crió mi padrastro desde los tres años, cuando conoció a su madre, como nunca tuvo hijos me dejó toda su herencia a mí. Ni siquiera a mi madre le dejó un centavo, todo a mí porque me consideraba un hijo. —pronunció y estaba tan cerca de mí que podía sentir su aliento agradable a menta con alcohol que me embriagaba, pero más me embriagaban todas las cosas ilógicas que decía—me crió como su propio hijo. Ahora piensa crees que si fuera verdad todo eso que dices el esposo de mi madre, que no era nada mío que supuestamente según tú me conoció ya adulto me hubiera dejado toda su herencia, habría puesto a mi nombre su compañía, una compañía textil millonaria y me habría dejado una cuenta bancaria con millones de dólares y a mi madre que era su esposa no le dejó nada, solo reflexiona. Es para que antes de venir a inventar semejante disparate te hubieras informado.

—Hay algo mal en todo esto—respondí—incluso a mí me confundes. Pero ya verás que esos niños sí son tus hijos.

—Si lo son—pronunció—es porque pasaríamos una noche loca en algún lugar. Nunca me casaría con una pueblerina tercermundista. El matrimonio es solo una unión conveniente que nos produce algún beneficio. ¿Por qué me iba a casar con alguien como tú?—cuestionó cerca de mi oído con sarcasmo.

—Por amor—respondí mirándolo a los ojos y él se rió mientras los bonitos hoyuelos al lado de sus labios se dejaron ver.

—El amor es para la gente pobre, la gente sin propósito que no sabe que hacer con su tiempo y se dedican a perderlo de esa manera —alegó y un nudo se hizo en mi garganta mientras con mis manos lo alejé de mí.

—Ya voy entendiendo todo—pronuncié con la voz entrecortada, con ganas de llorar—. ¡Qué fácil te cambió el dinero! Todo ese teatro de fingir no conocerme era para casarte con esa riquilla tonta. Ya veo que el hombre que conocía, del que me enamoré y al que vine a buscar no existe.

—Y vuelves con eso—intentó evadirme.

—Con la verdad querrás decir—afirmé.

—Ya deja de decir tonterías...

—No quieres que te diga la verdad, es eso, no seguiré porque lo sabes, bien lo sabes, no pienses que soy tonta, pero veremos qué dices cuando ese análisis de ADN de positivo. —Agregué y él suspiró, yo solo me alejé de allí mientras él se quedó observándome. Cuando dejó de verme, sacó su teléfono y se puso a mirar en las noticias todo lo que decían de él. Y en todas las noticias solo veía que hablaban mal de él y manchaban su imagen. La puerta de su despacho sonó con unos golpes y él abrió.

—Hasta que al fin apareces—dijo dándole la mano al sujeto que estaba frente a él de unos treinta y cuatro años, atractivo, alto y robusto.

—Estaba visitando a mis padres, te mandan saludos y me dijeron que debías haberme acompañado—dijo el amigo de Alejandro bastante relajado.

—¿Has visto las noticias? Esa maldita mujer apareció para volver mi vida un caos

—Quién le diría, Alejandro con dos esposas, eres un crack amigo—se burló Julián.

—Estás loco, ¿dos esposas? Bastante tengo con la loca de Verónica que se pasa todo el día jodiéndome la vida. Es que ni con la aparición de esa mujer y esos niños se despega un poco—pronunció Alejandro y su teléfono sonó con la entrada de un mensaje. —Ves lo que te digo—se quejó al ver que se trataba de su novia y la ignoró como siempre hacía.

—¿Y qué harás con la mujer y los niños? —preguntó Julián sirviéndose una copa de la bebida que Alejandro tenía sobre su escritorio.

—Aún no lo sé, esperaré que lleguen los resultados de la prueba antes de acercarme a esos niños, no quiero que se creen falsas expectativas, quizás ni siquiera son mis hijos.

—¿Y si lo son? —preguntó Julián. 

—Si lo son, me haré cargo, estaré presente, pasaré tiempo con ellos, vivirán bajo mi techo, les heredaré todo lo que tengo y seré un padre cariñoso y presente, jamás sería como mi padre.

—¿Cariñoso? —se burló Julián— Eres la persona más estricta y amargada que conozco. Disculpa que opine, pero esos niños cambiarían todo tu futuro. Creo que lo mejor sería que lo mandaras a ellos y a su mamá muy lejos de aquí. O mejor conozco a alguien en una buena clínica donde realizan exámenes de ADN, solo un poco de dinero y saldrá con cero por ciento de posibilidad de que esos niños sean tus hijos. Solo piénsalo, eso limpiaría tu nombre, calmaría a los medios y quedaría todo como que la mentirosa es esa mujer. La solución a todos tus problemas la tienes al alcance de la mano. 

 




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