—¿Cómo puede hacerle esto a Jade? —Pero, antes de que pudiera terminar, oí a Jade decir al mismo tiempo:
—...Qué dulce.
—¿Qué? La mayor parte de sus ochenta mil millones estaba invertida en pozos petrolíferos... —Miré a Jade con sorpresa. No pude ocultar mi asombro ante su estupidez.
¿Estaba intentando mantener las apariencias delante del abogado? Pero no era momento de fingir.
Miré al abogado y dije.—No creo que este sea su testamento...
—Para dejar las cosas claras, solo sus pozos petrolíferos están valorados en ciento treinta y tres mil millones de dólares, aunque esa cifra es una estimación modesta. Sin duda, valen mucho más que eso...
Abrí los ojos de par en par. ¿Los Montgomery eran tan ricos? ¡Imposible! Y, encima, ¿aquel abogado se estaba burlando de mí?
Miré a Jade y le dije.—No aceptes ni una sola palabra...
—¿Pero por qué? Esto es lo que él quería para mí... —Su expresión parecía sincera, y eso me asustó.
—¿Jade? ¿Y si este abogado está jugando contigo? ¿No quieres saber si hablaba en serio...?
Pero Jade suspiró y me respondió.—Mi abuelo ya me lo había dicho en otras ocasiones. No quería que me involucrara en la industria petrolera y a menudo me lo había insinuado...
Y, mientras Jade decía aquello delante del abogado, pude ver cómo todo se nos escapaba de las manos. Habíamos perdido ciento treinta y tres mil millones de dólares, y a mi esposa ni siquiera parecía importarle.
—Entonces, ¿acepta este testamento de su abuelo? —preguntó el abogado una vez más.
—Sí, lo acepto —respondió Jade, y sentí ganas de vomitar.
Parecía que hoy había aceptado algo que iba completamente en contra de nuestros intereses. Ella no estaba de mi lado. Nunca lo había estado. Yo no significaba nada para ella. Ni siquiera había pensado en nosotros o en nuestro futuro.
—Sé que quizá no sea apropiado decirlo, pero felicidades, señorita Montgomery. Ahora es ochenta mil millones de dólares más rica y, sumando sus bonos y activos anteriores, valorados en dos mil millones de dólares, su fortuna asciende a ochenta y dos mil millones.
Jade entrecerró los ojos y preguntó:
—Nuestras granjas no valían más de cuarenta mil millones...
—No, recientemente invirtió un poco más en los parques. Así que usted también es la propietaria del parque de vida silvestre de esta finca. También lo dejó bajo su cuidado...
Intenté no poner los ojos en blanco. Mi esposa seguía siendo rica, pero, por alguna razón, me daba cuenta de que era más tonta que una piedra. Hasta una piedra tenía algo de cerebro, pero ella no. ¿A quién le importaba lo que su abuelo hubiera querido para ella? Debería haber luchado por los pozos petrolíferos.
Podías comprar cualquier cosa, pero no pozos petrolíferos. Los permisos y requisitos para adquirir algo así eran una locura en estos tiempos.
El abogado estaba a punto de marcharse, pero no olvidó añadir.—Si quiere que alguien se encargue de las granjas, puedo ayudarla a contratar a personas trabajadoras y diligentes.
Jade sonrió mientras se levantaba para despedirse.—Sin duda, me pondré en contacto con usted para eso...
El abogado se marchó y, aunque intenté contenerme, las palabras terminaron escapándose de mis labios.—No deberías confiar en ese hombre. De lo contrario, no te dejará ni siquiera lo poco que te queda...
Jade me miró con los ojos cansados.—No estoy en condiciones de pensar en nada de eso. ¿Quién va a preocuparse por el dinero cuando mi abuelo lo era todo para mí? —Su voz tembló mientras añadía—: Y escuchar sus palabras...
Sorbiendo por la nariz, se le llenaron los ojos de lágrimas.—Contrólate. Te ha dejado un negocio que requerirá toda tu atención, desde que te despiertes hasta que te acuestes...
—No puedo pensar en nada de eso...
Se acercó a mí y apoyó las manos en mi pecho mientras escondía el rostro en mi hombro.
—Si yo fuera tú, no confiaría en ese abogado. Él...
—Entonces, no nos pondremos en contacto con él. Puedes encargarte de estas granjas. Contrata a alguien y dile que se ocupe de todo, pero, por favor, no despidas a nadie ni cambies nada. No quiero que cambie nada. Todo es espléndido tal como está... Oh, Tyler, ¿por qué tuvo que dejarme? ¿Por qué no pudo cuidar de su salud? Me siento tan sola sin él. Es como si estuviera abandonada en una noche fría, sin una manta...
Le acaricié la espalda con la mano.—Deberías cuidar de ti misma. Estoy seguro de que él puede verte y no querría que estuvieras tan débil...
Se apartó de mí y me miró con preocupación.—¿Cómo lograste seguir adelante después de la muerte de tu padre?
Aquello me recordó inevitablemente el día en que recibí la llamada informándome de la muerte de mi padre.
—No tuve tiempo. Había demasiadas cosas de las que ocuparme...
Me miró con agradecimiento antes de admitir.—Ahora entiendo por qué mi abuelo estaba tranquilo sabiendo que te tenía a ti. Yo no soy como tú, Tyler. Ni siquiera quiero imaginar qué haría sin ti...
La estreché entre mis brazos y le besé la cabeza.
—Es un honor estar aquí contigo... —le dije.
Pero sabía que le habría hecho un favor si no estuviera a su lado. Parecía que había perdido la oportunidad de madurar. Y yo estaba atrapado, obligado a hacerme cargo de aquellas zanahorias y de un negocio turístico que no me interesaba en lo más mínimo.
Nada podía reemplazar los pozos petrolíferos. Aquellos parques y terrenos tenían cierto valor, pero jamás podrían generar ni producir tantos ingresos como los pozos petrolíferos. Y eso me hacía preguntarme si su abuelo siquiera la había querido.
Sabía que no debería estar pensando en cómo se había hecho añicos toda mi visión de aquel matrimonio, pero no podía evitarlo. Sabía que la compañía de Jade valía más que cualquier otra cosa en este mundo, pero mi forma de verla había cambiado. No podía evitar preguntarme si, de haber sabido que llegaría este día antes de casarme con ella, me habría casado de todos modos.