Me miré el rostro en el espejo y no reconocí a la persona que me devolvía la mirada. Tyler supuestamente iba a llevarme a algún sitio hacía dos noches, pero no había vuelto a casa desde entonces. Lo esperé aquella noche, pero no regresó.
Odiaba mi cabello, mi rostro e incluso mi vestido. Y me destrozaría que a Tyler tampoco le gustara.
Extrañaba a mi abuelo, pero ahora ni siquiera podía ir a Texas para pasear por los lugares donde solía pasar tiempo con él.
Había llamado a Tyler varias veces, pero él siempre encontraba la manera de ignorar mis llamadas. Me preguntaba adónde íbamos con todo aquello. Había mencionado que quería tener hijos y casarse, y exigía que le dedicara mi tiempo para hacer realidad esos planes. Renuncié a mis objetivos y sueños solo para esperarlo y dejar que decidiera nuestros planes.
Yo también quería tener hijos, pero nunca imaginé que no pasarían su infancia en los mismos ranchos donde yo había crecido. Tyler estaba apresurándolo todo. Me preguntaba si no recordaba que todavía estaba de luto por mi abuelo.
Pero no quería que él me viera como alguien débil. Sin embargo, tampoco quería que me viera como alguien tan fuerte que ni siquiera necesitara un abrazo. Nos abrazábamos cuando estábamos en el dormitorio, pero no era el tipo de afecto que yo buscaba. Quería más, y eso también me hacía sentir culpable.
Estaba dando un paseo por el jardín trasero cuando recibí una llamada de su asistente.
—¿Hola? —contesté.
—El señor Howard viajará a Dinamarca dentro de las próximas seis horas. Me pidió que le dijera que usted lo acompañará.
Me mordí el labio con fuerza y apenas logré contener un gemido de frustración. Nunca había estado en Dinamarca, pero aun así no me hacía ninguna ilusión ir. La mayoría de las veces, terminaba pasando el tiempo en una suite o un ático mientras él solo quería que me dejara ver a su lado ante las cámaras en uno o dos eventos.
Era aburrido, y nunca quería que yo me involucrara en sus asuntos empresariales. Era como si me mantuviera alejada intencionadamente de todo lo que constituía su vida.
Por supuesto, no podía decirle que no a su asistente. Si tenía algún problema con Tyler por su manera de comportarse, debía resolverlo entre nosotros.
—Está bien, entendido. ¿Puedes ponerlo al teléfono? Yo…
Pero antes de que pudiera terminar, respondió.—Está en una reunión. Puedo transmitirle cualquier mensaje que quiera después de que…
—No, no hace falta. Solo recuérdale que quería hablar con él cuando termine la reunión…
—Por supuesto, señora Howard —respondió, y yo exhalé antes de colgar.
Le pedí al personal que preparara las cosas para Tyler y para mí. Guardé lencería en la maleta. Quería que él me viera con mi nuevo peinado y me alabara. Nunca antes me había dicho que no le gustaba el cabello largo. Había notado que muchas de las mujeres que trabajaban a su alrededor lo llevaban corto. Pero entendía que tenían que llevarlo así porque eran mujeres trabajadoras y no podían permitirse dedicarle tantos cuidados al cabello largo, mientras que yo sí podía. Bueno, ahora ya no tenía que preocuparme por eso.
No quería mostrarle una expresión de disgusto. Si lo había hecho por mí, quería comportarme como si también me gustara. Me esforcé muchísimo por verme bien. No quería admitirlo, pero su aprobación significaba algo para mí. ¿Y por qué no habría de ser así? Era mi esposo. Quería ser alguien a quien él considerara bonita, inteligente y maravillosa.
Sabía que él creía que no era inteligente porque no había llorado por la pérdida de los pozos petrolíferos. Pero yo creía que simplemente veía la vida de otra manera. Y él debería aceptar mi perspectiva diferente. Tener una perspectiva distinta no significaba que yo fuera estúpida. Sin embargo, había aprendido que Tyler no veía las cosas de esa forma. Tenía que ser su perspectiva, y todo lo demás era estúpido.
Subí al coche, sumida en mis pensamientos. Sabía que mi esposo trabajaba duro. Él creía que detenerse era perder. Vivía apresuradamente, corriendo de un lado a otro. Y yo quería ser alguien que, de vez en cuando, lo hiciera detenerse, mirar a su alrededor y disfrutar de la vida por la que tanto se apresuraba. Quería ser alguien con quien pudiera desconectar y recuperar el equilibrio. Pero me estaba quedando sin fuerzas. Quería que apreciara mis esfuerzos. Quería que reconociera el papel que desempeñaba en su vida. Bastaría con que me dedicara un pequeño gesto de aprobación. Y durante aquel vuelo quería hablarlo con él.
Sonreí al subir al avión. Sabía que iba a sorprenderlo. Él levantó la vista de su portátil y yo sonreí.—Hola, Tyler.
—¡Vaya! Pareces una zorra.
Mi sonrisa se desvaneció.—¿Perdona?
Apartó el portátil y les indicó a los empleados que salieran. Me agarró de la muñeca y tiró de mí hacia él.
—Oh, no quería decirlo de esa manera… Era un cumplido, Jade. Estás deslumbrante. Solo quiero ponerte de espaldas y… ¡Oh!…
Se echó a reír, pero a mí seguía sin parecerme gracioso.
—No me ha gustado ese comentario, Tyler. Nunca vuelvas a llamarme así…
Puso los ojos en blanco y negó con la cabeza.—Oh, ahora me has cortado el rollo…
Tenía un cigarrillo en la otra mano, pero aun así me rodeó la cintura y me sentó sobre sus piernas.
—Te he echado de menos…
—Bueno, podrías haberme llamado…
—No sabía si te habías cortado el cabello o no, y no quería llevarme una decepción. Pero acabas de demostrarme una vez más que soy más importante para ti que cualquier otra cosa…
—Lo eres, Tyler, pero a veces no creo que yo sea importante para ti…
Sonrió y yo apoyé la cabeza en su hombro. Era evidente que estaba de muy buen humor.
—Bueno, estaba pensando si podría incorporarme a tu empresa. Así podríamos aprovechar mejor el tiempo que pasamos juntos…
—No. Quiero que te concentres en quedar embarazada. Y todavía no lo has conseguido. Ve a hacerte unos exámenes cuando regresemos…