Capítulo 4
¿Estoy quedando loco?
No puede ser —se pregunta Ethan—. No es posible que esté pasando esto.
¿Qué hice yo para merecer esto?
Podríamos estar mucho tiempo preguntándonos el porqué de que esté ahí. Pero no hay tiempo.
¿Es posible tomar aire en momentos como estos? Bueno, que se lo pregunten a Ethan.
Toma aire y, en especial, valor.
Extiende la mano para tomar la perilla de la puerta, que está más fría que el corazón de todos nosotros.
La puerta, como si fuera costumbre en momentos como estos, se abre lentamente, dejando escapar un chirrido insoportable.
Y ahí mismo ve lo que no quería creer.
A su ¿doppelgänger?
A ese tal Connor.
Y a un cuerpo que reconocía por completo.
Nuestro protagonista… o eso, al menos, creemos.
Se acerca lentamente para poder escuchar la conversación. Ya sabe lo que van a decir, pero tal vez pueda ser útil para encontrar una forma de salir de ese bucle temporal.
En resumen, es inservible.
Cansado y perdido en sus pensamientos, da media vuelta y se dirige hacia la puerta, pensando en otro plan para salir de ese infierno.
Mientras camina por aquel angosto e infinito pasillo, sus pisadas se mezclan con sus pensamientos hasta llevarlo al borde del colapso.
Entonces escucha un grito desesperado.
—¡Ey! ¡Espera!
Ethan se queda inmóvil.
Por un instante, no sabe si realmente lo escuchó.
Mira hacia ambos lados del pasillo.
Nada.
Solo las luces fluorescentes zumbando sobre su cabeza.
—¿Hola?
Silencio.
Hasta que vuelve a escucharlo.
—¡Ey! ¡Espera!
Esta vez está seguro.
Alguien lo había llamado.
Y por primera vez desde que todo aquello comenzó, Ethan siente algo que creía haber perdido.
Esperanza.
Tal vez alguien podía verlo.
Tal vez alguien podía ayudarlo.
Tal vez todavía podía salir de ahí.
Se da vuelta y comienza a correr hacia el sonido.
—¡Aquí estoy! —grita—. ¡Estoy acá!
Dobla una esquina.
Y lo ve.
Ethan.
Su propio rostro.
Su propia ropa.
Su propia voz.
Su otra versión corre desesperadamente por el pasillo, mirando hacia atrás como si estuviera escapando de algo.
Ethan siente que el corazón le golpea contra el pecho.
—¡Acá! ¡Soy yo!
Corre detrás de él.
—¡Esperá!
El otro Ethan se detiene de golpe.
Ethan también.
Durante unos segundos ninguno se mueve.
El silencio vuelve a apoderarse del pasillo.
Ethan sonríe.
—Podés verme…
Da un paso hacia él.
—¿Podés verme?
El otro Ethan levanta lentamente la cabeza.
Ethan contiene la respiración.
Pero entonces ocurre algo que no puede explicar.
El otro Ethan comienza a caminar nuevamente.
Directamente hacia él.
—¿Qué…?
Ethan no se mueve.
El otro se acerca.
Un metro.
Medio metro.
Hasta que finalmente pasa a través de él.
Como si Ethan no estuviera ahí.
Como si fuera humo.
Como si fuera apenas otra ráfaga de aire.
Ethan se queda completamente paralizado.
Mira sus manos.
Las toca.
Sigue ahí.
Siente su respiración.
Su corazón.
Está vivo.
¿Entonces por qué nadie puede verlo?
—No…
Se gira rápidamente.
El otro Ethan ya se está alejando.
—¡Esperá!
Comienza a seguirlo.
—¡¿Qué mierda está pasando?!
Corre detrás de él, desesperado.
No sabe hacia dónde se dirige.
No sabe cuánto tiempo lleva corriendo.
Solo sabe que necesita encontrar una respuesta.
Doblan una esquina.
Ethan lo sigue.
Otra esquina.
Sigue corriendo.
Hasta que el otro Ethan desaparece detrás de una pared.
Ethan acelera.
Cuando llega a la esquina, frena en seco.
El pasillo está vacío.
No hay nadie.
Otra vez.
El mismo silencio.
La misma sensación.
La misma maldita soledad.
Ethan apoya una mano contra la pared.
Respira con dificultad.
Entonces, lentamente, gira la cabeza.
Y escucha una voz.
Una voz que ya conoce.
—Es muy temprano para estar trabajando…
Ethan se queda helado.
No necesita mirar para saber quién es.
Connor.
Pero esta vez no quiere darse vuelta.
Porque ya sabe lo que va a encontrar.
Y quizás sea mejor no hacerlo.
Sin embargo, algo dentro de él lo obliga.
Gira lentamente.
Y ahí está.
El mismo Connor.
La misma ropa.
El mismo vaso de café.
La misma expresión.
Todo se repite.
Otra vez.
Ethan se da vuelta y corre por donde vino.
No puede ser.
Está en el mismo lugar, rodeado de diferentes versiones de sí mismo.
Esto solo consigue que empiece a correr más rápido de lo normal.
Sabe que no va a llegar a ninguna parte.
Sabemos que es eterno.
Pero él sigue corriendo como si no hubiera un mañana.
Corre.
Corre.
Y sigue corriendo.
Hasta que, al pasar por una puerta como cualquier otra, algo cambia.
Esta vez, la puerta no conduce a otro pasillo.
Conduce a la calle.
Ethan sale.
Una lluvia torrencial inunda la ciudad. Las luces se reflejan sobre el asfalto mojado mientras el agua cae sobre su rostro y nubla aún más su mente.
Ethan se queda inmóvil.
Mira a su alrededor.
Por primera vez en mucho tiempo, no está dentro del hospital.
Respira.
Quizás escapó.
Quizás todo terminó.
Pero una pregunta vuelve a aparecer en su cabeza.
¿Realmente salió?
¿O este es simplemente otro escenario?