¿mi cuerpo?

capitulo 5: El hombre del saco

La lluvia no daba señales de detenerse.

Ethan permanecía quieto en medio de la calle, empapado de pies a cabeza. El agua resbalaba por su rostro y caía desde su cabello hasta el suelo. Durante unos segundos, simplemente respiró.

Había salido.

Eso era lo único que importaba.

Se dio vuelta para mirar el hospital.

Seguía allí, detrás de él, exactamente igual que antes.

Las puertas automáticas se abrían y cerraban de vez en cuando, dejando escapar el brillo blanco del interior. Desde aquella distancia ya no podía distinguir los pasillos ni las habitaciones.

Pero podía escuchar algo.

Un zumbido grave.

El frigorífico.

Ethan cerró los ojos.

—No otra vez…

Se alejó.

Caminó sin saber hacia dónde. Solo quería poner distancia entre él y aquel edificio.

La ciudad parecía normal.

Demasiado normal.

Los autos continuaban circulando. Algunas personas caminaban bajo paraguas y otras corrían buscando refugio de la tormenta. Un colectivo pasó junto a él y levantó una ola de agua que terminó empapándolo todavía más.

Ethan ni siquiera reaccionó.

Después de todo lo que había visto, aquello era insignificante.

Metió una mano en el bolsillo buscando su teléfono.

Recordó entonces que ya no funcionaba.

Lo había golpeado contra el suelo del hospital.

Siguió caminando.

Hasta que algo llamó su atención.

En un callejón, junto a un contenedor, había varias cosas apoyadas contra la pared.

Un saco gris.

Unos anteojos.

Y un maletín negro.

Ethan se quedó observándolos.

No entendía por qué estaban allí.

Se acercó.

El saco estaba completamente seco.

Lo tomó.

Por alguna razón, le resultaba familiar.

Miró nuevamente hacia la calle.

Nadie.

Se lo puso.

Le quedaba perfectamente.

Demasiado perfectamente.

Después tomó los anteojos y se los colocó. Finalmente, agarró el maletín.

Lo abrió.

Vacío.

Ethan frunció el ceño.

—¿Qué…?

Lo cerró.

No sabía por qué, pero aquellas cosas le provocaban una sensación extraña. Como si ya las hubiera tenido entre sus manos.

Caminó hasta una vidriera.

Su reflejo apareció frente a él.

Un hombre con un saco gris, anteojos y un maletín negro.

Ethan lo observó durante unos segundos.

Algo no encajaba.

Apartó la mirada.

Continuó caminando.

A medida que avanzaba, comenzó a reconocer las calles.

O eso creyó.

La farmacia de la esquina tenía otro nombre.

El restaurante donde solía comer ya no estaba.

Incluso algunos edificios parecían diferentes.

Ethan se detuvo.

Miró a su alrededor.

—Esto no es posible.

Se acercó nuevamente a una vidriera.

Esta vez miró su reflejo con más atención.

El saco.

Los anteojos.

El maletín.

Entonces recordó.

La mañana.

El hospital.

La entrada.

La recepcionista.

El ascensor.

La morgue.

Ethan bajó lentamente la mirada hacia su ropa.

Era la misma.

Exactamente la misma.

El saco gris que llevaba puesto ahora era el que había usado aquella mañana.

Los mismos anteojos.

El mismo maletín.

Su respiración se volvió más lenta.

No entendía cómo.

Aquella ropa había aparecido en un callejón después de que él saliera del hospital.

Pero él ya la llevaba puesta cuando entró.

Una idea comenzó a formarse en su cabeza.

Una idea que no quería aceptar.

—No…

Se quitó los anteojos.

Miró el maletín.

Después volvió a mirar el hospital.

Entonces escuchó un sonido.

Pasos.

Lejanos.

Ethan levantó la cabeza.

Al otro lado de la calle había un hombre caminando bajo la lluvia.

Saco gris.

Anteojos.

Maletín negro.

Ethan sintió que se le cerraba el pecho.

No necesitaba verle la cara.

Ya sabía quién era.

Era él.

Otra vez.

El otro Ethan caminaba hacia el hospital sin detenerse.

Ethan dio un paso hacia la calle.

—No.

Quiso llamarlo.

Quiso advertirle.

Pero se quedó inmóvil.

Ya conocía ese camino.

Sabía adónde iba.

Sabía qué encontraría.

Y, aun así, algo dentro de él se negó a aceptarlo.

Comenzó a seguirlo.

El otro Ethan cruzó la calle.

Entró al hospital.

Las puertas automáticas se cerraron detrás de él.

Ethan se quedó frente al edificio.

Entonces escuchó una voz.

—No deberías volver.

Se giró.

Connor estaba detrás de él.

La lluvia caía sobre su rostro, pero parecía no importarle.

No llevaba su vaso de café.

Por primera vez, Ethan pudo verlo sin aquella expresión cansada que siempre tenía en la morgue.

Parecía serio.

—¿Vos sabías que esto iba a pasar?

Connor no respondió.

Sus ojos bajaron lentamente hasta el saco que llevaba Ethan.

Después miró los anteojos.

Finalmente, el maletín.

—Te queda bien —dijo.

Ethan sintió un escalofrío.

—¿Qué querés decir?

Connor dio un paso hacia él.

—Nada de esto empezó cuando encontraste el cuerpo.

Ethan lo miró fijamente.

—Entonces, ¿cuándo empezó?

Connor guardó silencio.

Durante unos segundos solo se escuchó la lluvia.

—Ethan…

La voz de Connor había cambiado.

—Hay cosas que todavía no recordás.

Ethan apretó el maletín.

—¿Qué cosas?

Connor miró hacia las puertas del hospital.

—Esta mañana.

Ethan frunció el ceño.

—¿Qué tiene de especial esta mañana?

Connor volvió a mirarlo.

—Que ya la viviste.

Ethan sintió un escalofrío.

—No.

—Sí.

—Yo recuerdo perfectamente haber venido a trabajar.

Connor negó lentamente con la cabeza.

—Recordás haber llegado. No recordás todo lo que pasó después.




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