Creo que eres hipócrita contigo misma:
¿cómo me puedes saludarme como si nada,
después del daño que te causé yo?
Yo que fui uno de tus más grandes traumas,
yo que me obsesioné contigo,
el que siempre te buscaba
con falsa esperanza de que fueras mía.
Muchos conocieron tu cuerpo,
otros tus labios;
yo me quedé con tus abrazos y tu amistad.
Tantas tardes que pasamos juntos,
y cuando todo parecía listo
para que fuéramos uno solo,
la cagué yo:
con mi mal genio,
con la prisa de que las cosas sucedieran ya.
Nunca te llegué a comprender,
siempre te saqué de quicio.
Hoy, después de tanto tiempo,
me doy cuenta que todavía te quiero.
Pero lo mejor para ti y para mí
es estar lejos:
así no te haré más daño.
No pretendo tu piedad,
ni tu amistad,
nada de ti quiero.
No es por orgullo:
Solo que no me merezco nada.
Y creo que tú también debes encontrar tu lugar.
No puedes seguir con quienes te hicieron tanto daño;
ni una mirada, ni un saludo se merecen.
Debes tener más valor, más madurez,
o siempre te verán como un blanco fácil.
Sé que no soy el más indicado para decírtelo,
y además… lo que refleja tu rostro no me gusta,
solo porque ya no eres la misma de antes.
#1855 en Otros
#348 en Relatos cortos
#5088 en Novela romántica
#1437 en Chick lit
Editado: 03.02.2026