Mi desastre favorito

Capitulo 5

Después de la semana que había tenido con Lucian Sterling respirándome en la nuca, necesitaba un exorcismo o, en su defecto, un sábado entero con mi mejor amiga, Chloe.

​—Nova, por favor, deja de mirar el teléfono. Sterling no te va a mandar un mensaje para pedirte perdón por existir —dijo Chloe, arrebatándome el móvil mientras caminábamos por el centro comercial.

—No me importa lo que haga ese pesado —mentí, acomodándome una bolsa de compras en el brazo—. Solo estaba mirando la hora.

—Ya, y yo soy la Reina de Inglaterra —soltó ella, rodando los ojos antes de señalar con entusiasmo un escaparate que parecía haber vomitado diamantes—. ¡Mira eso! Esta noche tenemos que ir a Eclipse. Cero dramas, cero Sterling y absolutamente prohibido hablar de chicos. Solo nosotras dos devorándonos la pista. Anda, dime que sí.

Clavé la vista en el vestido de lentejuelas que me señalaba y suspiré, sabiendo perfectamente que estaba perdida.

—No puedo decirte que no después de semejante jugada de marketing.

Chloe me sostuvo la mirada un segundo antes de estallar en una carcajada limpia. Le devolví la sonrisa y, entrelazando nuestros brazos, seguimos caminando por la avenida, listas para conquistar la noche.

El día fue un caos necesario. Fuimos a la playa, donde intenté hacerme la interesante leyendo un libro, pero terminé con arena hasta en los pensamientos porque un niño decidió que mi toalla era el lugar perfecto para construir un castillo. Luego, en las tiendas, me probé un vestido tan apretado que casi tienen que llamar a los bomberos para sacarme de él.

—Nova, pareces un tamal mal envuelto —se burló Chloe desde fuera del probador.

—¡Cállate! —le grité, peleándome con la cremallera—. ¡Ayúdame antes de que me quede sin oxígeno!

—Si compras ese vestido, vas a morir asfixiada a mitad de la fiesta —sentenció Chloe, batallando salvajemente con el metal—. Y si pretendes ponerte en plan sexy con alguien, definitivamente va a tener que ser el elegido del universo porque, en serio... —gruñó, haciendo fuerza—. Esta maldita cremallera está más atascada que la mismísima Excálibur en su roca.

Dio un tirón tan violento que el mecanismo finalmente cedió, pero la inercia fue tanta que el deslizador se desprendió del vestido y salió volando directo al otro extremo de la habitación.

Me quedé helada, mirándola en shock. Chloe se limitó a mirarme de vuelta, apretó los labios en una línea fina y me dedicó una sonrisa de disculpa que no le llegó a los ojos.

—Ups




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.