Mi desastre favorito

Capitulo 7

Si me hubieran dado a elegir entre levantarme para ir al instituto o que me atropellara un camión de helados, habría preguntado de qué sabor era el helado.

-Nova, muévete. El autobús no espera por gente que confunde el vodka con agua bendita -la voz de Chloe retumbaba en mi cráneo como un tambor.

-Chloe. Cállate o te juro que te lanzo el zapato -logré articular, hundiéndome más en la almohada. Tenía la boca seca y una laguna mental del tamaño del océano.

Recordaba el club. Recordaba las máscaras. Y lo recordaba a él. Aquellas manos... y aquel perfume que me traía esa sensación a peligro. Sacudí la cabeza. No podía ser. Debía ser un desconocido, alguien de otra ciudad, cualquiera menos la persona en la que mi subconsciente insistía en pensar.

Cuando finalmente logré arrastrarme hasta el instituto, me puse las gafas de sol más grandes que encontré. Parecía una estrella de cine en rehabilitación, pero era eso o morir.

-Mira quién decidió honrarnos con su presencia -soltó una voz que me hizo helar la sangre.

Ahí estaba él, apoyado contra la entrada principal. Lucian Sterling se veía impecable. Ni una ojera, ni un cabello fuera de lugar. Su camisa blanca estaba perfectamente planchada y sostenía un café con una elegancia que me dolió en el alma.

-Sterling. Hoy no estoy para tus jueguitos -mascullé, intentando pasar de largo.

Pero Lucian se movió con una rapidez felina, bloqueándome el paso. Se inclinó hacia adelante, lo suficiente para que el aroma de su café se mezclara con ese perfume suyo que ahora, de repente, me resultaba demasiado familiar.

-Tienes mala cara, Supernova. ¿Mucha fiesta el fin de semana? -Su tono era suave, casi una caricia, pero sus ojos azules brillaban con una malicia que me puso los pelos de punta.

-No sé de qué hablas -dije, tratando de mantener la voz firme.

Él se acercó un poco más, su aliento rozando mi oreja, justo donde el chico de la máscara me había besado con tanta desesperación cuarenta y ocho horas antes.

-Es una pena. Yo tuve una noche... inolvidable. Aunque alguien me debe una explicación por lo de "aguar el helado". ¿No crees?

Me quedé petrificada. El aire se me escapó de los pulmones. Esa frase. Mi frase. La que solté justo antes de salir corriendo del bar.

-Tú... -empecé a decir, pero las palabras se me atascaron en la garganta.

Lucian se separó, dándome esa sonrisita ladeada que tanto odiaba y que, ahora, me hacía temblar las rodillas.

-Nos vemos en Biología, compañera. No llegues tarde, no queremos que tu brillo se apague antes de tiempo.

Me quedé allí parada, en medio del pasillo, viendo cómo se alejaba con ese andar seguro. ¡Vaya forma de empezar la semana! El universo no solo me tenía ojeriza; el universo se estaba riendo a carcajadas de mí en mi propia cara. El chico al que le había entregado mis mejores gemidos en un rincón oscuro era el mismo que hacía de mi vida un infierno cada mañana.




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