Mi desastre favorito

Capitulo 16

Lucian

El vestuario apestaba a sudor, desodorante barato y a las bromas pesadas de mis compañeros de equipo. Yo estaba sentado en el banco, quitándome las botas con calma, ignorando el ruido a mi alrededor. Todos pensaban que estaba concentrado en el partido del próximo viernes.

Se equivocaban. Estaba concentrado en una chica de ojos desafiantes que pensaba que podía hacerme invisible.

Durante el entrenamiento, mientras corría por la banda, sentí esa punzada en la nuca. Esa sensación de estar siendo observado. Levanté la vista hacia el edificio principal y la vi. Nova estaba en la ventana del segundo piso, en el aula de arte. Apoyaba la frente contra el cristal y, aunque la distancia era grande, supe que me estaba mirando.

Hice un pase perfecto a Miller sin siquiera mirar el balón, solo para ver si ella reaccionaba. Me sequé el sudor con la camiseta a propósito. Quería que me mirara. Quería quemarla con la misma intensidad con la que ella me estaba consumiendo a mí.

Porque la verdad, y me jode admitirlo incluso a mí mismo, es que estoy jodidamente obsesionado.

Al principio era solo un juego. Ella era la única que no me miraba como si fuera un dios bajado del Olimpo solo por tener el apellido Sterling. Me desafiaba, me mandaba a freír espárragos con un orgullo que me fascinaba. Pero ahora... ahora el juego me ha ganado a mí.

Esa misma noche, llegué a casa y la frialdad del mármol me recibió como siempre. Mis padres estaban en una cena benéfica, lo que significaba que la casa de doce habitaciones estaba en un silencio sepulcral. Subí a mi habitación, arrojé la mochila al suelo y me senté al piano que tengo junto al ventanal.

Toqué un par de acordes al azar. Mi mente voló directamente al fin de semana en la costa. A las horas que pasó buscando luciérnagas. Ella pensaba que estaba a salvo, pero yo casi me muero del susto cuando no la encontraba. Y cuando la vi... de cuclillas en el suelo, completamente absorta por unos bichos brillantes, con el pelo alborotado y esa expresión de asombro infantil...

Mis dedos empezaron a trazar una melodía suave, melancólica y obsesiva a la vez. Agarré la libreta que tengo sobre el piano y escribí un par de versos. Sí, el gran Lucian Sterling, le estaba escribiendo una canción a una chica. Una canción sobre lo malditamente hermosa que se ve cuando está distraída, cuando se olvida de odiarme y simplemente brilla con luz propia.

«Te pierdes persiguiendo estrellas de cristal, sin saber que eres tú quien hace al mundo brillar...»

Cerré la libreta de golpe, frustrado. Estaba perdiendo el control.

El Sábado por la noche había una fiesta en la casa de campo de Miller. La música electrónica retumbaba en las paredes y el olor a alcohol flotaba en el aire. Estaba rodeado de gente. Dos chicas de último año intentaban llamar mi atención de todas las formas posibles, riéndose de chistes que ni siquiera eran graciosos.

-¿Verdad, Lucian? -preguntó una de ellas, rozando mi brazo "accidentalmente".

-Sí, claro -respondí con una sonrisa falsa, dándole un trago a mi vaso.

No estaba allí. Físicamente sí, pero mi mente seguía atrapada en el pasillo del mercado. Aún podía sentir la suavidad de sus mejillas bajo mis manos y el sabor dulce y rebelde de sus labios cuando la besé. La forma en que se quedó atónita, procesando lo que acababa de pasar.

Me aburría. Todo el mundo me aburría comparado con ella.

Nova no finge. Nova no intenta agradarme. Cuando está enfadada, me lo dice a la cara. Cuando se preocupa por mí porque me empapé bajo la lluvia para protegerla, me cuida aunque intente disimularlo con regaños. Ella es real en un mundo lleno de plástico.

Terminé mi bebida y dejé el vaso sobre una mesa.

-Me voy, chicos -anuncié, levantándome del sofá.

-¿Tan temprano, Sterling? ¡Si la fiesta acaba de empezar! -protestó Miller.

-Tengo un proyecto de Biología que terminar -mentí descaradamente, poniéndome la chaqueta de cuero.

Salí a la noche fresca, sintiendo un alivio inmediato al alejarme del ruido. Me subí al coche y arranqué el motor. Ella piensa que puede trazar una línea y que yo no la cruzaré. No tiene ni idea.

Voy a cruzar todas sus líneas. Voy a derribar todos sus muros. Porque Nova no es solo una distracción; es la única gravedad que me mantiene pegado al suelo, y no pienso dejarla escapar.

Sin pensarlo mucho, puse las manos en el volante y dejé que el instinto me guiara. Sabía perfectamente dónde vivía; Chloe se lo había dicho a Miller y a mí no me costó nada memorizar la dirección.

Solo quería verla. Quería asegurarme de que no se me estaba borrando el sabor de su boca.

Llegué a su calle unos veinte minutos después. Era un barrio tranquilo, de casas modestas con pequeños jardines delanteros. Aparqué a unos metros de distancia, con las luces apagadas, y me quedé observando la fachada de su casa.

Y entonces, la puerta principal se abrió.

La luz cálida del interior recortó las siluetas en el umbral. Sentí que el aire se me congelaba en los pulmones. Era Nova. Llevaba una sudadera enorme que le quedaba gigante y una sonrisa en la cara que rara vez me dedicaba a mí. Pero no estaba sola.

Un chico, alto, de su misma edad y con una maldita sonrisa perfecta, la rodeó con los brazos en un abrazo que duró una eternidad. Nova hundió el rostro en su pecho y se rió de algo que él le dijo al oído.

La mandíbula se me tensó tanto que me dolió. Mis nudillos se volvieron blancos por la fuerza con la que apreté el volante. Un torrente de pura posesividad y rabia me nubló la vista. ¿Quién demonios era ese?

Para empeorar las cosas, el padre de Nova y una mujer aparecieron justo detrás de ellos. El señor, que se veía como un buen hombre, le dio una palmada afectuosa en la espalda al intruso, mientras la mujer le sonreía con un cariño que dejaba claro que ese tipo no era ningún desconocido. Era como una maldita y perfecta estampa familiar.

El chico le dio un último apretón a Nova, le revolvió el pelo con una confianza que me hizo querer bajarme del coche y romperle algo, y luego entró en la casa. Nova se quedó un segundo fuera, despidiéndose con la mano, antes de entrar ella también y cerrar la puerta, dejándome a oscuras y con la sangre hirviendo.

Me quedé allí, en el coche, respirando entrecortadamente. El motor seguía encendido, vibrando suavemente bajo mis manos.

Sentí una punzada de celos tan violenta que me asustó. Yo, Lucian Sterling, el chico que siempre lo tiene todo bajo control, estaba sintiendo unas ganas físicas de derribar esa puerta y exigir saber quién era ese imbécil.

Apreté los dientes y di un golpe seco contra el volante. Ella me odiaba la mitad del tiempo, me desafiaba y me ponía barreras, ¿y a ese tipo lo abrazaba y lo dejaba entrar a su casa como si nada? No. No iba a permitirlo.

Me pasé una mano por el pelo, frustrado, y pisé el acelerador a fondo para salir de esa calle antes de cometer una locura. Nova me las iba a pagar el lunes. Iba a averiguar quién era ese chico y me iba a asegurar de que ella recordara perfectamente a quién le pertenecían sus suspiros.



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En el texto hay: romance prohibido, amor, romanace

Editado: 09.05.2026

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