7. Elina Power
Lina
No sé en qué momento mis piernas decidieron que tenían voluntad propia, pero aquí estoy cruzando la oficina tras un castaño, ojos miel como si estuviera hipnotizada, como si fuera mi prima, alguien que tiene idea de lo que está haciendo. Yo no soy ninguna de esas cosas. Yo solo vine a traer una falda.
«¿Y por qué no te detuviste?», me reprocho mientras sigo caminando.
—Porque estás babeando —responde mi conciencia, absolutamente encantada con la situación—. Porque el tipo estaba bueno. No finjas que no lo ves.
No lo niego. Pero eso no explica por qué no me quedé afuera, por qué no dije: Hola, soy la prima de Sofía, vine a traerle algo, ya viene.
El castaño abre la puerta de la oficina principal mientras se presenta y me hace un gesto para entrar. Trago saliva, acomodo mi bolso como si eso me diera dignidad, cruzo al interior y allí está él, un trigueño de infarto que promete ser el problema número dos del día, justo delante de mis narices.
Un pelinegro de ojos oscuros como la noche, con mandíbula de anuncio de relojes caros y apariencia de hombre que nunca ha tenido un mal día en su vida. Alto, elegante, tan perfectamente puesto que mi cerebro intenta reiniciarse. Se me olvida respirar, literalmente tengo que recordarme inhalar.
—Mamá… mira ese espécimen— suspira mi conciencia, abanico imaginario incluido mientras yo me quedo ahí plantada, como una turista entrando a un museo prohibido. Óscar carraspea y me devuelve a la Tierra.
—Jan, te presento a Sofía Franco —dice con total naturalidad—. Sofía, Jan Robert, heredero del imperio Claude.
—Disculpen, yo no… yo vine porque mi amiga… —empiezo, pero mi voz sale enredada, como si hubiese olvidado usar palabras en mi intento aclarar el malentendido.
—Si está aquí para la entrevista es porque aceptó los términos del contrato prenupcial que le enviamos. —Antes de que pueda recomponerme y explicar óscar continúa.
¿Contrato qué? La palabra me cae encima como una lavadora.
—¿Prenup…? —consigo repetir, porque las neuronas están haciendo huelga.
¿P-R-E-N-U-P-C-I-A-L? ¡Fírmalo! ¡FIR-MA-LO! —grita mi conciencia, emocionadísima, como si estuviera viendo una oferta 2x1 en zapatos.
«¡CÁLLATE!» le exijo internamente e intento abrir la boca para corregir todo, absolutamente todo, pero entonces, PAM. La puerta se abre de golpe.
Entra un anciano con paso firme, espalda recta y más energía que muchos veinteañeros que conozco. Tiene ojos brillantes, un bastón que podría usar de adorno porque claramente no lo necesita, y una sonrisa astuta en los labios.
—¿De qué contrato prenupcial están hablando? —truena con voz profunda—. ¿Es ella? ¿Será mi futura nieta? —Mi mandíbula cae al suelo.
Óscar se endereza, Jan parpadea como si alguien le hubiese arrojado agua fría y yo… bueno, yo intento explicar.
—No, verá, yo no soy… esto no es… yo vine a traer una falda…
Pero el anciano avanza, me toma de las manos como si ya me hubiera adoptado y me da una mirada evaluadora que parece atravesarme el alma.
—Muy bien, no seas tímida, hija. Excelente elección, Jan. ¡Por fin una muchacha con ojos despiertos! —proclama, satisfecho y los dos hombres lo miran horrorizados. Yo también.
—¡LO AMO! ¡QUIERO QUE SEA NUESTRO ABUELO! —grita mi conciencia, dando saltitos.
«¡CÁLLATE YA!», me apresuro a silenciarla mientras intento soltar las manos del anciano con suavidad.
—Señor… no… yo no soy… esto es un malentendido gigante… —Jan finalmente reacciona. Frunce el ceño, tenso, digno, peligrosamente atractivo.
—Abuelo…, ¿qué haces aquí? —protesta.
El anciano lo ignora, me examina otra vez. Yo solo quiero salir corriendo, pero mis pies están clavados en el piso. Su nieto se lleva una mano a la frente, Óscar mira al techo pidiendo paciencia divina mientras yo quiero desaparecer como una burbuja explotando.
—MIRA NADA MÁS: UN MILLONARIO HERMOSO, SU AMIGO HERMOSO Y AHORA UN ABUELO ENTUSIASTA. ¡QUÉ BENDICIÓN! —celebra dando griticos.
«Me voy a morir», pienso.
—Hija, dime tu nombre —me pide el anciano, feliz como si ya estuviera planeando la boda.
—Li… Lin… Lina —balbuceo—. Elina Power
—¡Perfecto! —exclama él—. Suena firme. Sólido. ¡Me gusta!
Jan suelta un suspiro derrotado. Óscar intenta no reírse y yo aprieto los labios porque si suelto una palabra ahora mismo probablemente será un grito.
—¿Ves? ¡TODO ESTO ES UNA SEÑAL! —Mi conciencia hace otro comentario brillante.
Jan Robert
Óscar abre la puerta y deja pasar a una mujer que claramente no es la del perfil que revisamos. La veo entrar y algo… algo no cuadra.
La candidata número tres, Sofía Franco, era sofisticada, vestida siempre como salida de una revista, con un gusto impecable en joyería minimalista y un aire de yo nací para ser parte de una dinastía empresarial.
#326 en Novela romántica
#66 en Otros
#37 en Humor
hombre arrogante y encantador, romance caótico, desastrosa esposa
Editado: 14.02.2026