Mi Diablo favorito

Capítulo XVIII

Llevé el vaso de jugo a mi boca y di un sorbo sin quitar mis ojos de Yaro. El chico estaba jugando con un guardia a la pelota y suspiré; seguro si Alex veía esto daría un grito al cielo, pero el caso era que a Ryan lo trataba bien.

—¿Quieres cargarlo, Stella? —miré a mi amiga y lo cargué. El bebé era tranquilito y me miraba con ánimos.

—Es tan bonito.

—Gracias. Dime, ¿cómo te estás sintiendo? Supe lo que pasó y me preocupé.

Tomé un largo suspiro y jugué con la manito del bebé. Recordar a ese hombre planeando la muerte de mi esposo solo hacía que me diera frío y dolor de cabeza.

—La verdad me siento con una sensación en el cuerpo… esa que te dice que algo no va bien. Siento que realmente esa persona circula por estos lados y se oculta muy bien.

Joana solo bebió de su jugo y asintió ante mis palabras. Me sentía indefensa por pasar todo esto. Carraspeó y negó.

—Deberías vigilar a cada guardia cuando hace turno de vigilancia, tanto dentro como fuera de la casa. Stella, tienes un niño en casa, y te digo desde ya que es precioso —expresó lo último encantada y sonreí sonrojada.

—¿Tus suegros lo tomaron bien?

—Mi querida suegra María me odia y sigue pensando que Raquel quedaría mejor como mujer del señor Diablo.

Bufé de mal gusto. Joder, no aguantaba ver a mi esposo con esa bruja y literalmente sabía que ella buscaba pretextos para llevarse a mi hombre a su oficina, fingiendo que quería decirle algo importante.

—¿Y Sebastián? Stella, debes decirle a tu esposo que ese tipo te incomoda. No debes quedarte callada. Tienes derecho de meterle un tiro en las pelotas y dárselos a los perros de comer.

—Por favor, Joana, Sebastián es hombre de palabra con mi esposo.

—Estás equivocada. Ningún guardia acorrala contra el auto a la mujer de su jefe. Este hombre está demente, podría hacerte mucho daño y tú prefieres mantenerte en silencio.

—Le conté a mi esposo de ese día. Le dio una paliza a Sebastián y temo que se desquite. Kaile volvió a los galpones y el imbécil volvió a meter en problemas a mi hombre con sus estúpidos cargamentos fallados. Por esas razones Alex no sabe circular por estos, para colmo se llevó a Bastian con él y ese jodido número no deja de llamar. Estoy cansada de tanto.

Silencio. El bebé volvió a los brazos de su madre y pasé las manos frustrada por el rostro. Quería paz mental. Mi prima se fue a un departamento y me llamaba a cada hora del día. Sara con Cemil desaparecieron y no supe más de ellos, aunque no es mucho lo que los conocía.

—Mamá, ¿me convidas jugo? —miré a Yaro y le serví un vaso lleno. Tomé el pañuelo y sequé su frente sudada. Me sonrió y yo igual le devolví el gesto.

Me encantan sus ojos tan bonitos, llenos de vida.

—¿Cómo te sientes siendo mamá adoptiva? —Joana estaba dándole pecho al niño. Acaricié su piecito y me crucé de brazos.

—Es genial. Es tan bonito levantarme por la mañana y saber que el primer saludo es el amor de tu vida y luego el de un niño que es pura ternura cuando está despeinado en la cocina. Es agradable verlo esforzarse por ganarse el cariño de Alex y mío. Ese niño me tiene enamorada. Cómo brillan sus ojos y cuando dice "mamá" me llena el pecho de orgullo y emoción. Es la segunda vez que me siento así.

—Te ves emocionada… ¿Cuál fue la primera? —preguntó dudosa.

—Cuando Alex me esperaba en el altar con una rosa blanca. Fue demasiado puro y bueno.

—¿Puro y bueno? Amiga, estabas más abierta que un libro erótico.

Me reí con ella y negué rotundamente por sus palabras.

—Al menos a Ryan te mantuvo del mismo modo, por lo que veo. Y no lo niegues, Joana.

Ella solo sonrió cuando Ryan se acercó a cargar a su hijo y le dio un beso a mi amiga. Me gustaba la pareja tan bonita que hacían los dos. Solo esperaba que durara bastante tiempo.

---

Alex

Limpié mi mano con un paño rojo. La sangre se distinguía de todos modos; se notaba más oscuro. Miré al sujeto y luego a Bastian. Que el maldito cargamento se saliera de control era cansador, y todo por culpa de este pendejo que escupía sangre.

—Kaile... Ya me tienes cansado.

Hablé sin pizca de gracia. El tipo me miró y negó.

—Lo lamento, Alex, este no es mi trabajo.

—Has trabajado dos putos años con nosotros y dices que no es tu trabajo... ¿A qué juegas, Kaile? Somos malditos narcos, no unos ladrones que se dejan pillar por la policía. Has hecho que los cargamentos fueran a parar a manos de esos idiotas azules.

—No tengo la culpa de que la policía haya averiguado el lugar en donde se entregaría la mercancía. ¡Deja de culparme, Bastian!

Mi hermano le dio un golpe. Se quejó también por pegarle mal y le di una pequeña calada a mi cigarro. Miré a Kaile una vez más… o tal vez la última vez.

Un pequeño cerdo corrió por detrás del sujeto que estaba sentado y suspiré.

—Todo llega a su final por algo, Kaile, y el tuyo acaba de llegar. ¿Algo que decir?

—Fantaseé tantas veces con que tu puta me la chupara.

—Lástima… ni con una lupa ella encontraría tú pequeña polla. Suerte, Kaile.

—Púdrete, Alex.

Saqué el arma y disparé en su cuello. Quedó inmóvil. Comenzó a toser y salí del galpón. Tendría que derribar esta mierda y preparar las mercancías en otro lugar. La policía antinarcóticos acabaría con todo mi imperio, pero para eso debía ir a visitarla... Lo haría en silencio y sin que mi esposa lo supiera, o la loca de Raquel. Mucho menos mis padres.

—¿Y ahora qué harás?

Miré a Bastian fumar su amado rollo y suspiré, frotando mi ojo izquierdo por el leve ardor.

—Tendré que hablar con esa mujer.

—¿Con Sabrina? ¿Por qué? Te meterás en problemas, hermano.

—Tengo un cargamento grande que entregar a Canadá en los próximos dos meses, Bastian. Esa perra no me dejará hacer las exportaciones si sigue hinchándome las pelotas.

—Solo no la mates... ella me gusta, es sexy.

Bufé.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.