Mi dolor sobra

Mi dolor sobra

Hace un tiempo —no sé cuánto exactamente— escuché a una chica hablar en una película. Tal vez fue solo un fragmento, una escena breve, pero me dejó la sangre helada.

Preguntaba quién cuidaba de ella.

Decía que solo quería que alguien la atendiera como ella atendía a los demás; que soportaran sus berrinches, que la taparan con una manta si se quedaba dormida en el sillón.

No recuerdo todo lo que dijo.

Pero me sentí terriblemente identificada.

Porque ¿quién cuida de mí?

Si ni siquiera puedo llorar en mi propia habitación sin que me digan que debería hacerlo en silencio, para no molestar.

Que llorar se hace en silencio.

Como si el dolor tuviera volumen permitido.

Como si el sufrimiento fuera una falta de educación.

Ese dia me enseño que mi tristeza incomoda.

Y aprendí que mi llanto estorba.

Que mi necesidad de consuelo es algo que debería administrar mejor.

Y entonces me pregunto:

¿cómo se supone que deba sentirme con esto?

¿Qué respuesta se espera de mí cuando me dicen, sin decirlo, que mi dolor sobra?

Solo quería un abrazo, un todo va estar bien.

Que alguien me cuidara un poco.

Como yo cuido.

Como yo sostengo.

Como yo me quedo.

— Valeria S. Alvarez




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