Mi enemigo favorito

Capitulo 9

La voz de la verdad

ELENA

El corazón me retumba en los oídos mientras me arrastro por el conducto de ventilación que da a la cabina de sonido del auditorio principal. Thorne está detrás de mí, cargando con el equipo de transmisión. Mis dedos están negros de grasa y polvo, pero no me importa.

Abajo, a través de la rejilla, puedo ver el glamour de la élite judicial de la ciudad. Vestidos de seda, esmóquines caros y copas de champán. Y ahí está él, en el centro del escenario: el Juez Miller, luciendo su sonrisa de "hombre íntegro".

— ¿Lo tienes? —susurra Thorne.

​— Casi... —conecto el cable de mi bota al mezclador principal. Mis manos tiemblan, pero mi mente está fría.

En las pantallas gigantes del auditorio aparece el logo del Poder Judicial. Julian está abajo, mezclado entre la multitud, vigilando a los hombres de seguridad de Miller. Si esto falla, él será el primero en recibir un disparo.

— Ahora —digo, y presiono "Play".

JULIAN

Estoy de pie junto a una columna, con la mano cerca de mi arma oculta. Veo a Miller subir al podio. El silencio que cae sobre la sala es el de un respeto ciego.

​— Queridos colegas —empieza Miller, con esa voz meliflua que tanto admiré una vez—. Hoy celebramos la justicia, pero también lamentamos la caída de aquellos que no pudieron sostener su peso. Como saben, el joven fiscal Vane y la abogada Russo han desaparecido tras descubrirse su red de...

De repente, un estruendo de estática corta el aire. El sonido es tan fuerte que Miller tiene que cubrirse los oídos. Entonces, una voz grabada empieza a sonar por todos los altavoces del edificio. Es la voz de Miller, pero no la que está usando ahora. Es la voz del sótano.

"— Van a redactar una confesión... Mañana los periódicos dirán que eran amantes conspiradores... y luego se suicidarán por la culpa".

El auditorio se queda en un silencio sepulcral. Las caras de los jueces y fiscales pasan del asombro al horror. Miller se queda congelado, con la boca abierta, mientras su propia voz sigue detallando el plan para asesinarnos.

​Miro hacia arriba, hacia la rejilla de ventilación. Bien hecho, Russo.

ELENA

​— ¡Mírenlo! —grito desde la cabina de sonido, saltando hacia la pasarela superior para que todos me vean. Mi voz se amplifica por el micrófono de solapa que logré puentear—. ¡Ese es su juez de honor! ¡Ese es el hombre que intentó ejecutarnos hace dos horas!

​Miller reacciona. No pide perdón. No se rinde. Su rostro se transforma en una máscara de furia animal.

— ¡SEGURIDAD! —ruge, señalándome—. ¡MÁTENLA! ¡ESTO ES UN MONTAJE!

Los guardias de Miller desenfundan. La gente empieza a gritar y a correr, creando un caos absoluto. Veo a Julian sacar su arma y disparar al techo para dispersar a la multitud, moviéndose hacia el escenario como un huracán.

— ¡Thorne, vete! —le grito a mi aliado mientras me lanzo por las escaleras hacia la sala.

Julian me intercepta a mitad de camino, me rodea con un brazo y nos lanza detrás de una mesa de mármol volcada justo cuando una ráfaga de balas impacta contra la madera.

— ¡Te dije que sería peligroso! —me grita Julian sobre el estruendo de los disparos.

​— ¡Y yo te dije que valdría la pena! —le devuelvo el grito, con una sonrisa salvaje.

En el escenario, Miller intenta huir por la puerta trasera, pero el Detective Thorne ya está allí, bloqueándole el paso con la placa en una mano y su pistola en la otra.

— Juez Miller —dice la voz de Thorne, resonando en el caos—, queda usted bajo arresto por conspiración, intento de asesinato y traición a la justicia.

​Miro a Julian. Estamos cubiertos de astillas y sudor, pero estamos vivos. El primer círculo del infierno se ha cerrado, pero por la mirada de preocupación que Julian me lanza, sé que esto es solo el principio. Miller era el portero, pero acabamos de abrir la puerta a algo mucho más grande.




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