El eco del primer encuentro
ELENA
— Tu hermano no me va a invitar a cenar, ¿verdad? —pregunta Julian, intentando romper el hielo.
— Tuviste suerte de que no te rompiera la nariz —respondo, sentándome en el suelo frente a él—. Mateo recuerda el caso de los estibadores. Tú eras el fiscal adjunto.
Julian se queda quieto. El silencio se vuelve denso, cargado de recuerdos.
—Fue hace diez años Elena. En la universidad ahí fue donde empezó todo ¿verdad?
Cierro los ojos y, por un momento, no estoy en un sótano. Estoy en la biblioteca de la Facultad de Derecho.
FLASHBACK
Hace 10 años...
Julian Vane era el "niño de oro". Siempre con el código penal bajo el brazo y una actitud de superioridad que me daban ganas de gritar. Yo era la becada que trabajaba dos turnos para pagar los libros.
— Tu argumento sobre la coacción es débil, Russo —me dijo aquel día, cerrando mi libro de un golpe—. La ley es binaria. O hubo delito o no lo hubo. Las circunstancias son para los poetas.
— La ley es para las personas, Vane —le respondí, levantándome y quedando a centímetros de su cara—. Algún día, la vida te va a dar un golpe que no esté en tus libros, y ese día, espero estar ahí para ver cómo se te rompe la brújula.
Él no se apartó. En ese momento, en medio de la biblioteca, el odio se transformó en una chispa eléctrica. No queríamos destruirnos; queríamos descifrarnos. Fue la primera vez que vi que detrás del hielo de sus ojos había un incendio.
FIN DEL FLASHBACK
— Tenías razón —dice Julian, sacándome de mis pensamientos—. Se me rompió la brújula. Y tú eres la única que sabe leer el mapa ahora.