El delirio del cristal
ELENA
La fiebre ha llegado como una marea oscura. Julian se agita sobre la mesa de madera, su piel arde al tacto y sus ojos, entreabiertos, no me ven a mí. Ven fantasmas.
— No firmes, padre... —murmura él, con la voz pastosa—. Es una trampa. El muelle 47... siempre fue el muelle 47.
Le coloco un trapo húmedo en la frente, pero él me sujeta la muñeca con una fuerza sorprendente para su estado. Sus dedos queman.
— Elena, tienes que correr —dice, mirándome fijamente, pero su voz suena como la de un niño asustado—. Si Miller se entera de que ella sabía...
— Julian, soy yo. Estás a salvo —le susurro, intentando calmarlo.
No lo entiendes —balbucea, mientras una risa amarga y delirante escapa de sus labios—. ¿Crees que te odiaba por ser rebelde? Te odiaba porque eras libre. Mi padre no era un juez honorable, Elena. Era el abogado de Aethelgard antes de que Adrian Thorne naciera. Mi carrera... toda mi impecable carrera fue un pago. Un soborno para mantener el apellido Vane limpio.
Me quedo helada. El "niño de oro" de la fiscalía no era un heredero de la justicia, sino un rehén de una deuda de sangre.
JULIAN (En el delirio)
El despacho de mi padre huele a roble y a secretos. Él me mira desde su silla de cuero, empujando el contrato de mi primer puesto en la fiscalía hacia mí.
— Hazlo por el apellido, Julian. Mantén el orden. Si alguien como esa chica Russo empieza a escarbar en los archivos viejos, todos caeremos. Mantenla cerca. Mantenla bajo control. Odiala si es necesario, pero no dejes que encuentre la verdad sobre el puerto.
Veo a Elena en la biblioteca de la universidad. Su cabello oscuro, su mirada desafiante. No es mi enemiga. Es mi castigo. Cada vez que la derroto en un debate, siento que le estoy robando un trozo de verdad al mundo. La odio porque cada vez que la miro, veo la mentira en la que vivo.
ELENA
Julian se desploma de nuevo contra la mesa, su respiración se vuelve errática. Ahora todo encaja. Su obsesión conmigo no era profesional, era una misión de contención que se convirtió en algo más. Él no intentaba destruirme; intentaba evitar que yo lo destruyera a él... y a la vez, una parte de él deseaba que yo tuviera éxito.
— Lo siento... —susurra él, apenas un aliento—. Siento haber tardado diez años en elegir un bando.
Me inclino sobre él y le beso la frente sudorosa.
— Ya elegiste, Julian. Y esta vez, el bando en el que estás es el mío.
De repente, un crujido de ramas rompe el silencio del bosque afuera de la cabaña. No es el viento. Es el paso pesado de alguien que sabe exactamente a dónde va. Me levanto de un salto, empuñando el arma. La confesión de Julian ha cambiado las reglas: si su padre estaba involucrado, Aethelgard no solo tiene pruebas de sus crímenes en esa tablet, tiene el árbol genealógico completo de la corrupción de esta ciudad.
— Quédate conmigo, Julian —susurro para mí misma—. Porque si vienen por nosotros, voy a quemar este bosque entero antes de que te toquen.
Holaaa, espero estén disfrutando de la historia, pido disculpas por no actualizar, la conexión a Internet no esta funcionando bien, por eso les traigo tres capítulos, espero y los disfruten.