Mi equivocado corazón

Capítulo: 3

Cristian

Al bajar las escaleras me quedo estático mirando al pequeño niño que está cerca de la chimenea y mira con sus ojos brillantes la colección de pequeños autos que tengo ahí, mis pasos se vuelven lentos hasta llegar a mi padre que está a unos metros mirándole con orgullo y me detengo al lado de este sin dejar de mirar al pequeño y más cuando otro exactamente igual y del mismo tamaño se coloca a su lado riendo, ¿gemelos?

—¿Quiénes son estos niños? —cuestiono y tenso mi mandíbula cuando uno de ellos toma en sus manos uno de los pequeños autos.

—Son los hijos de mi prometida—pronuncia y le miro confundido, la verdad a mí no me gusta para nada que mi padre tenga como prometida una mujer mucho menor que él, incluso tiene la misma edad que yo, por dios, puede ser su hija y estoy seguro de que está con él solo por su dinero.

—Suelta ese carrito —voy hacia el niño cuando toma mi favorito en su mano —te daré cualquier otro, menos ese—trato de ser empático aunque le hablo bastante molesto.

—Este es mi favorito—expresa el pequeño que mira mis ojos y se niega a entregar lo que es mío, tenso mi mandíbula buscando la mirada de mi padre.

—Vamos Cris, es solo un niño y se parece mucho a ti—dice sonriendo señalando al pequeño —apuesto a que se llevarán muy bien. —evito bufar viendo su mirada llena de orgullo y siento celos, papá nunca me miró asi cuando pequeño, siempre obtenía regaños de su parte.

—¡Ese niño parece tu nieto papá!—expreso enfadado y la mirada de mi padre se entristece, pero la verdad en las facciones ese pequeño se parece mucho a nosotros.

—¿Puedo quedarme con este? —cuestiona el otro crío tomando otro de los autos —me gusta mucho —tenso mi mandíbula.

—Y yo quiero ese —su hermano señala el que le he quitado y niego con fastidio.

—Son míos —los ojos del niño se entrecierran.

—Eres malo —gruñe y alzo una ceja.

—Mira niño

—Cristian basta y dale el auto —habla mi padre y lo miro con la boca abierta, cuando vuelvo la mirada a los gemelos estos sonríen y uno de ellos me enseña su lengua, doy un paso hacia el crío odiando a estos niños.

—Silencio —pide mi padre mirando hacia las escaleras cuando se sienten los pasos y señalo a los niños enojado —que ya viene mi prometida.

—¡Mamá! —gritan ambos con alegría —al fin llegas —los pequeños corren hacia su madre y yo me quedo en shock mirándola incrédulo, es ella, la misma mujer que rompió mi corazón, la única que en verdad he amado, tiene que ser una broma, un maldito juego y ahora solo quiero que la tierra me trague, es ella, mi exnovia de la universidad con quien quise en algún momento casarme y esos niños, esos niños que ahora la abrazan diciéndole mamá se parecen demasiado a nosotros, cuando su mirada se levanta y se topa con la oscuridad de mis ojos su sonrisa se borra por completo, es la prometida de mi padre, pero esos niños, sus hijos, ¿pueden ser mis hijos? Nos quedamos mirándonos fijamente y sin darme cuenta se me escapa su nombre

—¿Emma? —balbuceo y la mirada de mi padre se dirige a ambos mientras mi vista no se aparta de ella ni un instante.

—¿Se conocen? —pregunta papá.

—Sí—digo mientras al mismo tiempo ella dice

—No—mi padre se queda en duda y yo nunca imaginé estar en esta situación tan incómoda. La prometida de mi padre es la misma mujer que una vez amé y que me rechazó en público sin ningún motivo, no solo me rechazó, también me humilló pues podía haberme siquiera dejado en privado, pero no, eligió humillarme y ahora que estaba bajo mi techo iba a vengarme de ella. Definitivamente esa mujer yo no iba a permitir que se casara nunca con mi padre por ego, por venganza o quizás por celos, pero voy a hacer que salga de esta casa tan humillada como me dejó a mí y esos niños, diablos, casi olvidaba a esos niños que son idénticos a mí y por la edad que le calculo podrían ser mis hijos.

—¿Se conocen sí o no? —pregunta mi padre sacándome de mis pensamientos.

—Solo de vista—se adelantó a decir sin permitirme hablar, —estábamos en la misma universidad. —Yo la miré con rabia: oportunista y mentirosa.

—A Cristian le ha encantado conocer a los niños—dijo mi padre mientras se acercó a ella y la besó. Los niños se pararon a mi lado casi pegados a mí y uno golpeó con su mano por detrás de mi espalda, los miré enojado y ambos se rieron. Por si fuera poco que mi ex era la novia de mi padre esos niños que podrían ser mis hijos y yo no habíamos tenido la mejor presentación.

—Vamos niños les prepararé algo de cenar—dijo Emma sintiéndose ya la dueña de la casa y los niños se alejaron detrás de ella.

—Papá tengo algo que decirte sobre Emma—exclamé cuando nos quedamos solos, planeaba contarle la verdad, todo, porque esto ya era demasiado—conozco a Emma de antes... —intenté hablar buscando las palabras adecuadas pero él me interrumió.

—¡Ya basta Christian no terminaré con Emma! —habló con firmeza. —Haz saboteado todas mis relaciones desde que tu madre murió. Lo siento pero no fue mi culpa que emfermara y muriera...

—Estabas con otras mujeres mientras mi madre estaba enferma, eso sí fue tu culpa—digo lleno de rencor porque vi cada una de las lágrimas de mi madre mientras mi padre se iba con sus amantes.

—Como te explico que tu madre y yo habíamos terminado mucho antes de que enfermara solo vivíamos en la misma casa por apariencia y porque ella así lo prefirió.

—Me repugna lo que dices, no soy un niño ya al que puedes engañar con facilidad. —exclamo apretando mi mandíbula y no, la relación con mi padre la verdad nunca ha sido buena. Es que incluso cuando estaba en la universidad me negaba a usar su apellido y únicamente usaba el de mi madre.

—Compórtate como adulto si quieres que te trate como uno—dice con firmeza y se voltea para alejarse.

—Emma... —pronuncio, él se voltea y me mira con firmeza.

—Emma es mi prometida y me casaré con ella y a ti te tocará adaptarte te guste o no—dice y se aleja mientras yo hiervo de ira porque está resuelto a no escuchar nada de lo que tengo que decir. Voy a la cocina a tomar un poco de agua porque la rabia está quemando mi garganta y allí está ella, como si nada, preparando algo de cenar, tan bonita como siempre y sintiéndose la dueña del mundo.




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