Mi equivocado corazón

Capítulo: 4

Cristian
Quedé como estúpido luego de esa maldita fiesta que preparé para ella, lo tenía todo planeado, un hermoso anillo hecho justamente para ella, un plan perfecto para pedirle matrimonio y un lugar ideal para casarnos, en mi mente el futuro ya estaba listo, pero ella dijo que no, me rechazó diciendo que no me amaba, me humilló frente a todos mis amigos y se fue sin más como si nada, como si el tiempo juntos no valiera para nada. Observo desde la ventana de mi habitación a la mujer que ahora ocupa mis pensamientos y mi casa y dando un suspiro me alejo del balcón y voy hacia la puerta, la vida una vez más la coloca frente a mí y esta vez debo medir muy bien mis pasos porque la tarea es sencilla, echaré a Emma de esta casa, haré que se aleje de mi padre y de mi vida y pagará su humillación de años atrás, pero antes, antes debo salir de dudas en cuanto a esos pequeños que la acompañan.

—Papá —este bufa cuando entro a su despacho y me quedo de pie mirándole, durante años le he odiado por ser el culpable del sufrimiento de mi madre y ahora llega diciendo que se casará con una mujer que puede ser su hija.

—Si vienes a hablar de lo mismo Cristian quiero que sepas que

—Perdóname papá —me trago mi orgullo y mi rabia y él me mira alzando una ceja —lamento mis palabras hacia Emma.

—Hablaste mal de ella.

—Eres mucho mayor que ella papá —mira mis ojos —discúlpame si eso me hace dudar —abro los brazos —solo quiero lo mejor para ti y para nuestra familia.

—Emma no está conmigo por dinero, ¿acaso ves tan raro que alguien me ame Cristian? —evito bufar.

—Entonces dile que te hable sobre mí —sus ojos rápido buscan los míos —cuando preguntaste si nos conocíamos lo primero que hizo fue mentir diciendo que no —sonrío por dentro —dile que te hable de su tiempo en la universidad junto a mi, papá, a ver si es sincera y entonces sabrás más de ella —la duda baila en su mirada y entonces salgo de su despacho luego de haber dejado eso plantado en su interior.

Al salir al patio noto que los pequeños están solos y me acerco a ellos con lentitud, el parecido conmigo y con mi padre es enorme, son idénticos a mí y negar que son mis hijos ya parece una tontería, pero aún no puedo estar seguro de nada, es Emma de quien hablamos, la mujer que un día decía amarme y al otro ya tenía sus maletas hechas.

—Creo que comenzamos con mal pie —digo al acercarme a los gemelos que juegan con autos en el suelo, pero no me miran —me presento, soy Cristian y

—Y no nos agradas —farfulla uno de ellos y ambos se ponen de pie y sus miradas vienen a mí.

—Pequeño —suspiro recordando que puede que sea mi hijo —intento que nos conozcamos y

—No queremos conocerte —habla el otro que se cruza de brazos y aprieto los dientes pasando la mirada de uno al otro, son iguales, maldita sea.

—Veamos —suspiro intentando llenarme de paciencia —viviremos juntos

—Podrías irte, no es tu casa —alzo una ceja mirando al mocoso, ya estoy perdiendo los nervios.

—¿Como qué no es mi casa? —intento sonreír —vivo aquí con mi padre y ustedes son los que están aquí de agregados —los señalo al punto de perder la paciencia.

—Tu padre se casará con nuestra madre así que también será nuestra casa —es el argumento del niño que sonríe con orgullo.

—Así lo dijo Eduard —sigue el otro —nos dijo que era nuestra casa

—Pero no lo es —gruño ya molesto —ustedes solo son los hijos de su futura esposa

—Y tú solo eres el hijo de su exesposa —tenso mi mandíbula mirando al crío, mi madre no es una ex, ella hasta ahora ha sido la única esposa que mi padre ha tenido y murió.

—No, no —rio —yo soy su hijo —me señalo sintiendo ya rabia y algo más —hijo de Eduard.

—Y él nos dijo que nosotros también —espeta el chico —incluso podemos llamarle Papá —escuchar eso me enoja aún más, no son sus hijos, quizás son míos y le llaman papá a él, la rabia aumenta y también los celos

—Malditas leyes que tienes, que mierd

—No uses palabrotas frente a mis hijos —aprieto mis dientes y volteo para verla, tengo tanto odio hacia ella y estoy seguro de que lo sabe porque las miradas no mienten y ahora mismo mi mirada la ha dejado sin habla.

—Y llega quien faltaba —bufo recorriéndola con la mirada —no puedes reclamarme nada, menos algo que tenga que ver con principios cuando tú estás aquí solo por dinero, como una put

—¡A mamá no la ofendes! —grita el niño y cuando lo miro solo siento su patada en mi entrepierna que me hace caer al suelo sin poder respirar, ¡maldita sea! Nunca me han gustado los niños, pero estos, estos debo recordar que pueden ser mis hijos para no lanzarlos a la piscina.

—¡Emma! —la llamo siguiéndola mientras camina por la casa tratando de alejarse lo más que puede de mí —Emma detente —pido al llegar a la cocina y entonces se detiene, volvemos a estar solos, los niños están fuera, mi padre en su despacho y ella frente a mí.

—Cristian déjame en paz —voltea a verme y se nota muy nerviosa.

—¿Que te deje en paz? —rio con rabia —Eres tú quien llegó a mi casa, a mi vida y quien dice ser la prometida de mi padre.

—Lo soy —retrocede cuando doy un paso hacia ella.

—¿Yo también tenía dinero sabes? —sigo acercándome furioso —Tengo dinero, si era eso lo que buscabas me tenías a mí años atrás Emma, pero si te gustaban mayores pudiste decirlo —rio —aunque sinceramente es claro que solo querías a la gallina de los huevos de oro ¿no? —ella sigue mirando mis ojos cuando choca con la encimera —Admite de una maldita vez que estás con mi padre solo por dinero, ¿cuál es tu plan? ¿Casarte con él y esperar a que muera para heredar?

—No estoy con tu padre por dinero y eres quien menos puede reclamar algo Cristian —veo también odio y rabia en sus ojos y frunzo el ceño—no eres nadie para dar lecciones de moral y al parecer cuentas con mala memoria porque fuiste tú quien humilló primero así que cállate la boca y déjame en paz porque resultas patético —aprieto mis dientes cuando mi odio aumenta sin saber de qué demonios habla, claramente algo se inventa para hacerse la víctima.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.