Emma
Debí haberme dado cuenta, sabía que había un enorme parecido y siempre que miraba a Eduard aunque no quería el pasado llegaba a mi mente, pero ignoré cada una de las señales que la vida me daba y ahora estoy aquí, a punto de casarme con un hombre maravilloso al cual amo, pero un hombre que es el padre de Cristian, el papá de mis hijos y pensar en eso aumenta el ritmo de mi corazón hasta tal punto que paso la mano por mi pecho queriendo calmar a este y mis ojos se llenan de lágrimas, lágrimas de odio hacia todos, el pasado me ha alcanzado y ahora vivo junto a él en esta enorme mansión y Vivian, quien fue mi mejor amiga y la suya está aquí, es su novia y nada tiene sentido.
—Emma —la voz de Eduard me sobresalta y pestañeo varias veces para disipar las lágrimas y es entonces que le miro, él se mantiene en la puerta, tenso, mirándome como si me estudiara y su mirada es diferente por completo.
—Debo bajar para hacer que los gemelos coman algo —digo caminando hacia él —ya deben tener hambre —pero al pasar por su lado Eduard toma mi mano.
—Debemos hablar
—Los gemelos…
—Ahora —me interrumpe con su mirada fija en la mía y logra tensarme, con cuidado me suelta y le doy la espalda caminando hacia la cama —Quiero que me digas de qué conoces a mi hijo —sabía que la pregunta llegaría y tomo asiento pensando en todo, entonces miro sus ojos, él no merece que le mienta, Eduard es perfecto y no merece que
—Solo estudiamos en la misma universidad —suelto ignorando mi cabeza que me dice que no mienta —nos conocemos de vista, ya te lo habíamos dicho —agrego mirando sus ojos con mi corazón a mil, pero él sigue confundido.
—Todo es muy raro.
—Tu hijo cree que estoy contigo por dinero Eduard —espeto intentando hacerle olvidar lo que sea que Cristian le dijo —y si tú piensas lo mismo y no confías en mí entonces nada tiene sentido —llevo mi mano al anillo que me dio.
—No te atrevas —gruñe acercándose a mí y deteniéndome de quitarlo —Emma —mira mis ojos —no es eso, yo confío en ti, sé que me amas pero
—No quiero tu dinero Eduard
—Lo sé —frunzo el ceño
—Entonces qué
—Cristian habla como si te conociera muy bien —evito moverme sabiendo que cualquier cosa que haga me delatará y él sigue mirando mis ojos —Necesito la verdad —suelta y mi pulso se dispara aún más —tú y él …
—Solo nos conocíamos de vista, eso es todo —me apresuro a decir sin darle tiempo a que termine la frase y me acerco a su boca —pero si no me crees.
—Lo hago —Eduard me besa, pero esta vez no disfruto sus besos, esta vez me siento una gran mentirosa que no merece su amor.
—Mamá nos gusta esta casa mucho —comenta Mateo cuando lo cubro con una manta y sonrío un poco.
—Es grande y bonita —Dice Mike dando un enorme bostezo.
—Me alegra mucho eso —miro a ambos.
—Pero no nos agrada Cristian —bufa Mateo y me tenso —él nos mira raro —respiro hondo.
—Ya duérmanse, mañana será un día largo —beso a ambos —y tenemos que buscar una buena escuela —ruedan los ojos y suspirando voy hacia la puerta y apago la luz, salgo de la habitación, pero me quedo estática mirando al hombre que está de pie en medio del pasillo y el cual claramente esperaba por mí, lo peor es que tengo que pasar por su lado para volver a mi habitación.
—¿Por qué no me dejas en paz Cristian? —él ríe
—Lo haré cuando te largues de mi casa —trago en seco —pero dime Emma, quiero escucharlo de tu boca —da un paso hacia mí —quiero escucharte decir que soy el padre de tus hijos ¿o acaso son de mi padre? No me queda nada claro ya —lo miro incrédula ante tales palabras.
—¿De qué hablas?
—De que pudiste estar con él y conmigo al mismo tiempo —se acerca más —de que quizás son hijos suyos, de que quizás siempre has sabido que somos hijo y padre y te entretenías con ambos, en fin, de una cualquiera que se fue embarazada se puede esperar cualquier cosa que —mi mano impacta en su mejilla con fuerza y se siente el ruido del golpe debido al enorme silencio, Cristian lleva una mano a su mejilla y toca esta con cuidado.
—Lo dice quien está ahora con la que era la mejor amiga de ambos —mascullo sintiendo más odio hacia él —no te diré nada Cristian —hablo temblando del genio —eres un infeliz que no merece nada de mí, ni siquiera mis palabras —paso por su lado.
—Haré una prueba de ADN —sus palabras me detiene por completo —y si son mis hijos Emma, mi padre sabrá —me tenso —tu boda quedará arruinada y tu plan de hacerte millonaria también —rio con eso y lo miro.
—¿No has pensado en que si quería dinero me hubiera casado contigo? —lo miro alzando una ceja —me pediste matrimonio Cristian y dije que no sabiendo que eras rico, tus palabras no tienen ningún sentido.
—¿Y por qué? —él alza la voz —¿por qué Emma? —se acerca nuevamente —¿por qué si estabas embarazada de mí te fuiste? —acorta toda la distancia entre ambos y sus manos van a mis brazos —por qué demonios dijiste que no cuando yo te amaba y te pedí matrimonio porque
—Eres un cínico —gruño acercando mi rostro al suyo —sé la verdad Cristian —sus ojos se entrecierran —sé por qué salías corriendo del apartamento siempre que te llamaban y pasabas horas fuera —se tensa un poco —el día que iba a decirte que estaba embarazada saliste corriendo —mis lágrimas inundan mis ojos —te fuiste como si nada y enviaron fotos a mi teléfono, fotos tuyas con tu otra familia, una mujer, hijos —señalo con odio su pecho tocando este con mi dedo sin dejar de mirar sus ojos pero viendo ya borroso por mis lágrimas.
—¿De qué hablas? —sus palabras me dejan con la boca abierta, ¿en serio es capaz de negarlo todo? Solo bufo sin creerlo.
—No merecías que dijera que si, no merecías que me quedara a jugar contigo siendo la tonta Cristian, no merecías ser el padre de mis hijos —busco su mirada —te odio y quiero que me dejes en paz, amo a tu padre —su mandíbula se tensa —le conocí y le amo y no vas a arruinar mi vida nuevamente, voy a casarme con él —sus manos aprietan mis brazos.
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Editado: 10.04.2026