Mi equivocado corazón

Capítulo: 9

Emma

Siento que todos en esta casa me miran y murmuran cuando doy la espalda y claro, por mi edad y mi posición social es normal que todos piensen que estoy con Eduard por dinero y eso es lo que me lleva hacia la cocina ahora, voy a demostrarle a todos que el dinero de Eduard no me interesa, no necesito lujos, se vivir con mucho y se vivir con poco y me detengo en la puerta de la cocina logrando que todos los empleados aqui hagan silencio, así que formo una cálida sonrisa y me acerco con cuidado mirando todo.

—Quiero ayudar —tomo un delantal —me gusta cocinar asi que

—No tiene que hacerlo —miro a la chica que habla —usted es la señora y nosotros los empleados, solo pida

—Emma —sonrío —ese es mi nombre y desde ahora quiero que así me llamen —escucho una risita y busco con la mirada a esa persona, es una mujer joven, unos años apenas mayor que yo y que a diferencia de los demás continúa trabajando sin mirarme —¿Puedo saber que le da gracia? —ella suspira y me mira.

—Que esta vez Eduard se lució —admite sin tapujos mirando mis ojos, no le llamó señor, sino Eduard a secas y eso logra despertar un sentimiento en mí, celos porque ella no habla como una simple empleada —y no lo digo por lo que piensas, nadie aquí cree que estás con él por dinero —sus palabras y su tono y sonrisa no concuerdan.

—¿A qué se refiere?

—Eduard ha estado con muchas mujeres, pero tu eres la más joven con diferencia —asiento aun mirándola —y... —respira hondo —pensábamos que nunca volvería a casarse, incluso con su difunta esposa viva cuentan que un desfile de mujeres pasaba por su cama cada noche —aprieto mis dientes y ella toma una bandeja en sus manos con un café encima.

—Lo llevaré yo —digo sabiendo que es para Eduard, la mujer sonríe y me lo entrega como si nada.

Salgo de la cocina echando humo más que el café y camino con prisa, su forma de hablarme como si fuera dueña de algo o su forma de hablar sobre Eduard me ha molestado demasiado y eso, justo eso es lo que me lleva al despacho de mi prometido al cual entro sin tocar y luego me doy cuenta de mi error al ver que no está solo, hay alguien frente a él y Eduard tensa de mandíbula mirando mis ojos.

—Traje el café —expreso acercándome a él.

—¿Desde cuando haces el trabajo de mis empleadas? —dejo este sobre su escritorio.

—Perdón por interrumpir —murmuro e iba a alejarme pero Eduard agarra mi mano y se pone de pie.

—Nunca interrumpes —no se si es su mirada o su voz o la intensidad que usa en ambas pero logra ruborizarme y sonríe —y ya que estás aquí quiero presentarte a mi sobrino, es como mi hijo, el abogado de la familia y de mi empresa —miro al hombre que señala y este se pone de pie con una encantadora sonrisa, debo decir que todos los hombres de esta familia guardan un parecido y este extiende su mano hacia mi.

—Es un placer conocerla —expresa cuando agarra mi mano y retiro rápido esta —Eduard ya que tu esposa está aquí podemos hablarle de lo que segundos antes te mencionaba y

—Evan —masculla Eduard y ahora la curiosidad despierta

—Le comentaba a Eduard de hacer un contrato prenupcial —comenta y alzo una ceja —no es personal Emma, pero siempre se hace en estos casos que

—Evan basta —pide Eduard pero sigo mirando a su sobrino.

—Dijiste que lo pensarías —suelta este y me tenso —es más, lo pusiste justo aquí —toma un documento y lo coloca sobre la mesa más cerca de mí —¿qué crees Emma?¿Lo ves necesario o no? —el hombre me mira y sigo algo tensa abrumada por todo esto.

—Evan quiero ahora que te vayas y hablaremos de esto cuando

—Firmaré —digo sin dudas interrumpiendo a Eduard y Evan alza una ceja.

—Ni siquiera lo has leído

—Supongo que dice que en caso del divorcio no gano nada —busco un bolígrafo y lo tomo —y la verdad, yo no pienso en divorcio cuando apenas me he casado —miro el documento, lo muevo más hacia mí y coloco el bolígrafo justo donde debo firmar sin leer, pero Eduard arrebata el documento y lo rompe con rabia, siento mi corazón latir más rápido cuando miro unos ojos llenos de rabia.

—Déjanos solos Evan —gruñe mirando a este que enseguida obedece y entonces comprendo que la rabia no es por mi, cuando nuestras miradas se encuentran Eduard sigue furioso.

—Si lo estabas pensando es porque tienes dudas —me atrevo a decir rápido sin dejarlo hablar —puedo firmar Eduard, todos piensan que quiero tu dinero y yo no

—Me importa un bledo lo que todos piensan Emma —escupe con odio —es más, dime quien piensa asi y será sacado de esta casa, ya hasta le dije a Cristian que debía irse y es mi hijo asi que

—¿Que hiciste qué? —hago la pregunta pero él habla

—Asi que imagina lo que puedo hacer con cualquier empleado que se atreva a hablar mal sobre ti —termina su frase y me pierdo en su mirada, luego miro el café que aun está caliente.

—Justo como te gusta, ¿verdad? —señalo este y su ceño se frunce sin entenderme —lo hizo una guapa empleada que se atreve a llamarte por tu nombre y dice que soy la mujer más joven —rio —dice que soy de todas las mujeres que has metido en tu cama la más joven —su rostro se transforma un poco cuando me escucha.

—¿Desde cuando escuchas las tonterías de mis empleadas? —el se aleja yendo a su silla.

—Desde que una me mira con celos y habla como si hubiera sido una de tus muchas amantes —su mandíbula se tensa y en silencio toma asiento, sigo siguiéndole con la mirada.

—Ves fantasmas donde no los hay —aprieto mis dientes porque ahora me da por tonta y no entiendo por qué lo niega, respiro hondo.

—¿Entonces también es mentira que le eras infiel a la madre enferma de Cristian? —esa pregunta logra que su mirada cambie y su rostro se tense, Eduard aprieta los puños y bufa negando con la cabeza.

—¿Ya pensaron en cómo van a decirle la verdad a los gemelos? —Río con sus palabras por su mal intento de cambio de tema.

—No admites que te acuestas con esa empleada...




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.