. LAS HUELLAS DEL LOBO*
Un lobo iba caminando a la orilla del río con su hijo.
Miró hacia atrás y vio dos huellas en el camino, una era grande y la otra más pequeña.
Por momentos el pequeño lobito pasaba las huellas de su padre y corriendo le preguntó:
— Padre, ¿por qué marcas tus huellas tan fuertes y seguras?
El padre frenó su andar, se detuvo, lo miró y le respondió:
— Hijo, mis huellas te marcan el camino que debes seguir. Mis huellas son para que sigas el camino correcto y no te pierdas en el camino. Mis pisadas son para que mis pasos dejen una marca en ti, un ejemplo a seguir, una enseñanza, y tu camino pueda ser más fácil de vivir.
Porque cuando más fuerte y duro se haya vuelto mi camino y más difícil mi paso al transitar, fui aliviando el tuyo para que tu futuro fuera más fácil y tu paso más liviano y tus huellas menos pesadas.
Hijo, mis marcas tienen mi legado, mis huellas, mis pasos. Nunca olvides seguir mis huellas porque siempre te estaré guiando y cuando no puedas caminar te alzaré en mis brazos para que no te canses.
Nunca olvides que siempre estaré para guiarte y mis huellas se reflejan para que tú nunca te sientas solo y camines sabiendo que tienes un lugar seguro, un refugio y una guía, unos pasos firmes en ti.
Su pequeño lobito lloró, lo abrazó, corrió y le gritó aullando fuerte:
— ¡Padre, nunca estaré cansado porque yo seré tu apoyo y seguiré tu paso, tu ejemplo, y cuando tú no puedas yo me haré más fuerte y grande, guerrero por ti, para que te sientas orgulloso de mí y veas en el gran guerrero que me convertí!
Y juntos caminaron a la orilla de la playa hasta que sus huellas desaparecieron entre el agua y la arena.
— Natalia.k
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Editado: 19.09.2026