Capítulo 2— La nueva Vanya Solari
Narrador
Vanya avanzaba por el amplio pasillo del hospital. Tenía que darse prisa antes de que su abuelo pereciera, y era por esto que caminaba lo más rápido posible. Tenía 4 años sin verlo; 4 largos años, en los que tuvo que hacer de todo para convertirse en quien es ahora. Con zapatos de diseñador y bolso de Chanel, la mujer parecía toda una diosa inmaculada a su paso, captando la mirada de todos, los cuales se quedaban atónitos al ver que se trataba de ella.
—¡Llegué!
Con la respiración un poco agitada, pero sin perder el glamour, Vanya solo quitó sus gafas de sol, y dejando ver sus hermosos ojos azules, el anciano solo sonrió al notar que se trataba de ella; su hermosa nieta, la que de verdad lo amaba; no por la fortuna que le dejaría, sino por sentimiento sincero.El anciano, con manos temblorosas, se acercó a su niña, y tras acariciar su rostro, notó que no era la misma de hace 4 años atrás.
—¡Has regresado cariño! Pensé que la bruja de tu madrastra te había lastimado, pero no es así... Aun estás viva, y estás aquí conmigo.
El hombre mayor se veía gozoso, de al fin tenerla a su lado, así su heredera legítima tomaría sus bienes y no la bruja de su nuera, que no era más que una trepadora que logró engañar a su hijo, el tonto de Antonio Solari.
—Tengo tanto que contarte... ¡Cof! ¡Cof!— Empezó a toser.
Por desgracia, su estado de salud no era el mejor, y la tos no lo dejaba continuar, por lo que sonriéndole; Vanya solo lo ayudó a acostarse para que no se agitara más.
—Lo sé abuelo... Y yo también tengo tanto que contarte... Pero ahora descansa, que el agitarse no te ayuda, trata de dormir un poco.
De no ser por que Vanya estaba a su lado, el no creería que se tratara de ella, estaba tan distinta... Su cabello, su forma de hablar; no era ni la sombra de la Vanya de antes, que cualquiera que la veía, no la reconocería como la frágil niña que se marchó.
En su pasado, el color castaño adornaba su cabello corto y marchito; ahora, una melena rubia hermosa, con rulos relucientes, la hacían ver deslumbrante, sin mencionar su cuerpo; su esbelta figura y sus delgadas piernas, supuraban elegancia, haciéndola ver como una modelo de revistas.
—No tengo tiempo cariño... Mi corazón.
El monitor de la nada, empezó a titilar anunciando lo agitado que se hallaba el anciano, y tomando su mano, ella solo intentó calmarlo, lo cual no logró, por qué el solo se exaltó más de lo debido.
—¡Tu madre Vanya!... Ella... ella está...
De la nada, el monitor reveló una línea recta en su pantalla, y el sonar del pitido; anunció la muerte del patriarca Solari, la cual dolió hasta lo más profundo del ser de Vanya, pero conteniendo el aire, ella solo se tragó sus lágrimas.
No podía demostrar debilidad en ese instante; no, cuando apenas llegaba, no, cuando los Solari y los Navarro empezarían a ver el inicio de su ruina.
Girándose, tratando de no derrumbarse allí mismo; Vanya, pretendió salir de la habitación al ver que los médicos empezaban a llegar, y hallándose a un caballero de ojos miel y cabello oscuro, este solo le extendió su mano sin previo aviso.
—Fabian Campbell... Es un placer.
El hombre tenía porte elegante, una barba no muy larga, bien cuidada; zapatos de marcas y un portafolio del mismo; al parecer, era un abogado, bastante guapo.
Vanya, de manera impetuosa, solo asintió, y estrechando esta, se presentó con un tono de voz bastante neutral.
—Vanya Solari...
El hombre parecía estarla esperando, por que apenas las formalidades finalizaron, inició con lo que ella imaginaba.
—La lectura del testamento se hará el día de mañana en la mansión de la familia, cabe mencionar que al ser una de las herederas debe estar presente, por lo que la estaremos esperando.
El tono del caballero era formal, se notaba que llevaba poco tiempo trabajando para el abuelo, ya que en el pasado nunca lo había conocido; y eso que en ocasiones asistía a su abuelo en la empresa.
—De igual forma... Mi tarjeta para que se ponga en contacto conmigo.
Extendiendo una pequeña tarjeta azul, con las letras doradas, ella solo la recibió y luego de despedirse; caminó fuera del hospital.
Ella no tenía nada que hacer allí, el único de los Solari que tenía importancia para ella, era su abuelo y ya no estaba, así que no tenía sentido quedarse, para ver cómo el resto de la familia se lamentaba por una muerte que no les afectaba tanto como a ella; solo su tía Ginebra, se vería realmente dolida por la muerte de su padre.
Los tacones de la mujer golpeaban el suelo con la misma constancia, y saliendo del lugar, antes de caminar hasta su auto, una chica demasiado familiar para ella, se acercaba aferrada al brazo de Zarek, su ex esposo.
La mirada de ambos se cruzó en cuestión de segundos, y sintiendo como un vacío enorme se instalaba en su pecho, Vanya solo exhaló el aire para contener el dolor de ver esa imagen.
Aun así, no lo demostró, y solo colocó su rostro imperturbable, al igual que su mirada fría, que solo hacía sentir inferior a cualquiera que la observaba.
—¿Vanya? ¡Hermana!
Fingiendo alegría, la muy hipócrita de Sofía se arrojó a sus brazos para abrazarla, y sin siquiera responder a este, Vanya se quedó sin moverse con sus manos separadas del cuerpo de su media hermana.
—No sabes lo alegre que estará papá de verte, tiene años buscándote. ¡El abuelo! Vanya, tienes que verlo.
Tomando su mano, Sofía quiso arrastrarla dentro del hospital y manteniéndose inmóvil, Vanya solo frunció sus labios conteniéndose de no decir lo que pensaba.
—¡El abuelo ha muerto!
De su boca esta palabra salió de manera fría, y fingiendo dolor, su hermana se arrojó a los brazos de Zarek, quien no paraba de observar a Vanya, que no era ni la sombra de la mujer de la cual se divorció.
Vanya, conociendo lo teatral que solía ser su media hermana, solo tomó sus gafas de sol, y colocándoselas de nuevo, cruzó la calle, abordó su hermoso auto rojo y se marchó de allí.