Mi ex tiene un hijo mío

Capitulo 9

Al día siguiente. Alya e Idris acompañaron al pequeño hasta la puerta del colegio. El niño les dedicó una sonrisa serena, hizo un breve gesto con la mano en señal de despedida y caminó junto a su maestra. Alya respiró hondo, tratando de aferrarse a esa paz antes de enfrentar la jornada.

​Minutos después, llegaron a las oficinas centrales. Entraron al vestíbulo entre risas ligeras y comentarios sobre la agenda del día. Idris le tomaba la mano a Alya con una naturalidad absoluta, proyectando la imagen de una pareja en perfecta sintonía.

​En el salón de espera del último piso, Abner observaba la escena.

​Verlos llegar juntos, tomados de la mano y compartiendo una complicidad tan evidente, fue como recibir una estocada directa al orgullo. La mandíbula de Abner se tensó. El aire en sus pulmones se volvió pesado mientras los veía desaparecer tras la puerta de la oficina principal.

​Poco después, Idris salió hacia la sala de juntas para revisar unos documentos previos a la reunión. Alya se quedó sola en el pasillo, organizando unas carpetas sobre el escritorio auxiliar.

​Abner no lo pensó. Avanzó a pasos firmes, aprovechando la soledad del corredor, y la acorraló contra la pared de madera antes de que ella pudiera reaccionar.

​—Abner... —susurró Alya, dando un respingo.

​La proximidad de su cuerpo fue un impacto inmediato. Su corazón comenzó a martillarle el pecho con una fuerza desmedida. Odiaba la forma en que su cuerpo aún reconocía su perfume, la calidez que emanaba y esa presencia invasiva que cinco años atrás solía desarmarla por completo. El nerviosismo la invadió, pero luchó por mantener la mirada fija.

​—Necesito que me digas la verdad —exigió Abner en un murmullo tenso, clavándole sus ojos azules con desesperación—. ¿Qué pasó realmente con ese embarazo, Alya? ¿Qué hiciste?

​El dolor del pasado, la humillación en la oficina de Nueva York y el recuerdo de sus acusaciones volvieron de golpe, congelándole el alma. La vulnerabilidad de Alya se transformó en una rabia helada.

​—Ya te lo dije hace cinco años —respondió ella, sosteniéndole la mirada sin pestañear—. Lo aborté. Me deshice de esa criatura el mismo día que me acusaste de interesada.

​Las palabras cayeron sobre Abner como una condena. La certeza de sus propias sospechas se desmoronó, dejándolo destrozado por dentro.

​—No te acerques a mí y no me vuelvas a molestar —agregó Alya con tono tajante, intentando dar un paso al costado.

​Abner la bloqueó, recortando aún más la distancia entre los dos.

​—Mírame a los ojos y dime que ya no sientes nada por mí —pidió él, con la voz rasposa, buscando en sus facciones cualquier atisbo de la mujer que un día lo amó.

​Alya apoyó ambas manos contra el pecho de Abner y lo empujó con fuerza hacia atrás. Levantó un dedo tembloroso por la rabia y lo señaló directamente.

​—¡No me me vuelvas a tocar! —le exigió con la voz firme pero baja—. No te confundas, Abner. Estoy casada. Tengo una vida, un esposo que me respeta y no voy a tolerar tus insolencias. Aléjate de mí.

​Abner se quedó paralizado en mitad del pasillo. Verla defender su matrimonio con semejante fiereza le encendió la sangre. Una mezcla amarga de culpa, rabia y una obsesión enfermiza se apoderó de él. Se negaba a aceptar que esa mujer, a la que no había logrado borrar de su mente un solo día, ahora perteneciera a otro hombre.

​Alya no esperó respuesta. Giró sobre sus talones y entró de prisa a la oficina de Idris, cerrando la puerta tras de sí.

​El temblor en sus manos era incontrolable. Se abrazó a sí misma buscando refugio emocional, sintiendo que el aire le faltaba. En ese instante, la puerta lateral se abrió e Idris regresó de la sala de juntas. Al verla al borde del llanto, caminó rápido hacia ella.

​—Alya, ¿qué pasó? —preguntó Idris preocupado.

​Ella simplemente se lanzó a sus brazos. Lo rodeó con fuerza por el cuello y rompió a llorar contra su hombro, buscando en él la seguridad que el fantasma de su pasado acababa de arrebatarle. Idris la apretó contra su pecho, acariciándole el cabello con infinita ternura.

​En ese preciso momento, la puerta principal de la oficina se abrió.

​Abner entró junto a la secretaria para entregar los borradores del contrato. Al abrir la puerta y encontrarse a Alya refugiada en los brazos de Idris, la escena le perforó la retina. La ira le nubló el juicio. Verla sobre el hombro de su esposo y sentir que era expulsado por completo de su vida desató en su interior celos oscuros y descontrolados.

​Idris levantó la mirada hacia Abner con suma serenidad. Sostuvo la compostura, aunque el ambiente en la habitación se volvió tenso como una cuerda a punto de romperse.

​—Señor Bonneville, denos un momento, por favor —pidió Idris con voz pausada y firme.

​Luego, Idris miró a Alya con dulzura, secándole una lágrima con el pulgar.

​—Ve a casa, mi amor —le susurró al oído—. Llévate el auto. Yo terminaré esta reunión y te alcanzo allá.

​Alya asintió en silencio. Se limpió el rostro, tomó su bolso y caminó hacia la salida. Pasó al lado de Abner sin regalarle una sola mirada, como si fuera un espectro invisible, dejándolo parado en medio de la oficina con el corazón desecho y una rabia ardiente quemándole las entrañas.

📚Que tal Abner... ¿Esperaba encontrarla sumisa y tonta?
📚 Déjame en los comentarios que crees que hará Abner... ¿Se va o sigue esperando?




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