La fotografía seguía sobre su escritorio, como si la estuviera observando.
Daniel abrazando a otra chica.
La nota misteriosa.
“Él nunca fue quien tú creías.”
Cada vez que cerraba los ojos, la imagen regresaba.
A la mañana siguiente, Camila decidió enfrentarlo.
Lo llamó.
—¿Podemos vernos?
—Claro —respondió Daniel sin dudar.
Se encontraron en el mismo parque donde solían verse antes.
El aire era frío, pero el ambiente entre ellos era aún más tenso.
Camila no perdió tiempo.
—Me llegó esto.
Le mostró la fotografía.
Daniel la miró y su expresión cambió de inmediato.
—Eso… no es lo que parece.
—Entonces explícamelo.
Daniel respiró hondo.
—Esa foto fue tomada hace años… en un evento del equipo juvenil. Ella era una compañera, nada más.
—¿Y por qué alguien me mandaría esto?
Daniel apretó los puños.
—Porque alguien no quiere que estemos juntos otra vez.
Un silencio pesado cayó entre ellos.
Mientras tanto, Valeria observaba desde lejos.
—No entienden nada todavía… —susurró con una sonrisa fría.
Sacó su teléfono y envió un mensaje.
“La primera pieza ya está en juego.”
Más tarde, Daniel llevó a Camila a las instalaciones del equipo.
Quería demostrarle la verdad.
Pero al llegar, el ambiente era extraño.
Los compañeros lo miraban con incomodidad.
El entrenador lo llamó aparte.
—Daniel… hay un problema con tu contrato.
—¿Qué tipo de problema?
El entrenador dudó.
—Alguien está filtrando rumores sobre ti. Dicen que tu relación con la prensa es inestable… y que tu imagen podría dañar al equipo.
Daniel entendió de inmediato.
Esto no era casualidad.
Era una estrategia.
Al salir del despacho, vio a Valeria al final del pasillo.
—Tú… —dijo Daniel con voz fría.
Valeria solo sonrió.
—Yo solo protejo lo que es mío.
Camila, que había escuchado parte de la conversación, sintió un escalofrío.
Por primera vez entendió que no solo estaban luchando por amor…
Sino también contra alguien dispuesto a destruirlos.
Y esa persona ya había comenzado a ganar terreno.