Mi Guardaespaldas

Capítulo 30

El señor Mendoza avanzó hacia la mesa de centro con un sobre de cuero marrón en la mano. La autoridad natural que siempre lo caracterizaba permanecía intacta, pero la frialdad con la que solía tratar al personal de seguridad había desaparecido por completo al mirar a Diego.

—Papá... —comenzó Valentina, acomodándose la blusa mientras un leve rubor le cubría las mejillas.

—Tranquila, hija. No vine a interrumpir —dijo el señor Mendoza, haciendo una pausa antes de fijar la vista en el exGuardaespaldas—. Diego, el equipo médico me informó que la evolución de tu hombro es excelente. En un par de semanas tendrás movilidad completa.

—Así es, señor Mendoza —respondió Diego, manteniendo la espalda recta por costumbre, aunque la mano de Valentina seguía entrelazada discretamente con la suya bajo el cojín del sofá—. Agradezco sinceramente su hospitalidad durante estos días.

—Te ganaste mucho más que hospitalidad en esa montaña, Fuentes —sentenció el padre de Valentina con tono grave—. La fiscalía cerró esta mañana el expediente de Mateo Gutiérrez. Sus bienes fueron incautados y la red de extorsión está completamente desmantelada. El peligro inmediato para mi familia terminó.

Un silencio de alivio llenó el salón. Valentina exhaló una larga bocanada de aire, sintiendo que por fin se cerraba el capítulo más oscuro de su vida.

El señor Mendoza dejó el sobre sobre la mesa.

—La agencia de seguridad rescindió tu contrato a petición mía, pero no por incompetencia, sino porque el puesto de guardaespaldas te queda pequeño. Dentro de ese sobre hay una oferta para integrarte como Director Global de Seguridad Operativa en el grupo empresarial Mendoza. Tendrías tu propio equipo, libertad de gestión y un horario que te permita vivir como un hombre libre, no como una sombra.

Diego miró el sobre y luego al padre de Valentina, sorprendido por la magnitud de la propuesta.

—Señor, yo...

—No respondas ahora —lo interrumpió el señor Mendoza con una leve inclinación de cabeza—. Piénsalo. Solo quiero lo mejor para mi empresa y, sobre todo, para la seguridad y la felicidad de mi hija. Ahora los dejo a solas.

Tan pronto como el padre de Valentina abandonó la estancia, ella se giró hacia Diego con los ojos brillando de entusiasmo.

—Un puesto ejecutivo... Diego, eso significa que no tendrás que volver a ponerte en la línea de fuego por nadie más. Podrás quedarte en la ciudad.

Diego tomó el sobre, sopesando su peso mientras pasaba los dedos por la solapa de cuero. Miró a Valentina, absorbiendo la luz que emanaba de su rostro. Durante años solo había sabido vivir en alerta máxima, esperando el siguiente disparo o la siguiente amenaza. La idea de un futuro tranquilo, con un trabajo estable y al lado de la mujer que amaba, se sentía casi irreal.

—Es una oportunidad increíble, Valentina —admitió él, deslizando la mano hacia la nuca de ella para atraerla con delicadeza—. Pero antes de firmar cualquier papel o aceptar un nuevo cargo, hay algo que necesito hacer primero.

—¿Qué cosa? —preguntó ella, frunciendo levemente el ceño con curiosidad.

—Tener nuestra primera cita de verdad —murmuró Diego a milímetros de sus labios, esbozando una sonrisa genuina que le iluminó la mirada—. Sin trajes negros, sin earpieces en la oreja y sin una camioneta blindada esperándonos en la puerta. Solo tú y yo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.