¿mi hijo él?

Capítulo 11

Mariana.

Con Lucas estábamos un rato en el jardín, por dentro estaba preocupada por lo que pasaría con mi familia, tengo miedo, pero sé que si Nicolás buscó alguien para que me ayude lo hará. después de un rato escuchamos el timbre, debe ser el amigo de Nicolás, Lucas y yo vamos al salón cuando encontramos a un hombre alto, fornido y guapo en la mitad del mismo, casi me quedo sin habla de lo atractivo que es.

Lucas se suelta de mí y corre hacia él.

-Titi Sebas- le grita Lucas antes de lanzarse sobre él.

-Sobrino, pero qué grande estas, estas más grande que la última vez que te vi- le dice aquel hombre dándole una vuelta en el aire a lo que mi bebé solo ríe.

Una vez que lo deja en el suelo, regresa su mirada a mí y me saluda, le devuelvo el gesto.

-Nicolás me contó un poco la situación para saber que hacer, cuando quieras podemos irnos- me dice como un profesional, lleva ropa informal, pero por el porte podría decir que es algún militar o policía, desprende disciplina con solo verlo a pesar de que sonría.

-Bien, es mejor no retrasar las cosas, le prometí a Lucas ir al parque luego- comienzo a caminar hacia dónde está mi bolso para tomarlo y despedirme de mi hijo.

-Hijo, diviértete mientras no estoy, voy a tratar de no demorar, así que no te preocupes ¿sí? - le pregunto acariciando su mejilla.

-Está bien mami, chao titi Sebas- se despide también del hombre que ahora sé se llama Sebastián.

Salimos de la casa, llevo unas cuantas cajas conmigo por las cosas indispensables y mi trabajo y las personales también.

-Sé que no me recuerdas, pero los tres solíamos ser mejores amigos, de hecho, gracias a mí conociste a Nicolás.

Todo el trayecto íbamos hablando un poco, me contaba cómo era yo antes, y me suena tan extraño saber que era una persona completamente diferente a la de ahora, pero en el fondo siento que esa era la verdadera yo.

Cada vez que nos acercábamos más a la casa comenzaba a sentirme más nerviosa, me sudaban las manos y por más que las pasara sobre la tela de mi jean, no se iba la humedad.

-Tranquila, jamás dejaría que te hicieran daño, tampoco Nicolás por eso me pidió ayuda a mí y no en vano soy uno de los mejores guardaespaldas de la ciudad- me dice confiado de sí mismo, trato también de confiar, pero aun así el miedo persiste, es como un mal presentimiento instalado en mi pecho.

Ahora sé que Sebastián es un guardaespaldas y no un militar, jamás lo hubiera pensado.

Llegamos por fin, no traje el auto de papá, pero sé que después lo va a llevar Sebastián, así que no me preocupo mucho por eso.

-Bajemos- le digo después de haber estado un tiempo en silencio.

-Como prefieras, puedes tardarte lo que necesites- me dice dándome un apretón en el hombro algo que necesitaba.

Llegamos hasta la entrada y toco el timbre, Sebastián se pone frente a mí cubriéndome con su cuerpo, escucho la voz de mi hermana detrás y decido asomarme.

-Mariana, que bueno que apareces, estábamos muy preocupados por ti- dice tratando de acercarse a mí, pero Sebastián no se lo permite, me mira para pedir aprobación, pero niego la cabeza-

-Mariana, sé que estuvo mal que te lo ocultáramos, pero aun así somos tu familia, por favor no nos trates así- dice comenzando a llorar, de verdad que quisiera poder olvidar todo, pero me duele y tengo mucho coraje acumulado en contra de ellos, no puedo hacer como si nada y volver a tener la relación de antes.

-Solo vine por mis cosas, hazte a un lado por favor- le digo sonando segura y tranquila, aún no es tiempo de estallar y presiento que cuando cruce la entrada empezará realmente esto.

- ¿No hay oportunidad? - pregunta tratando de tocarme, pero de nuevo Sebastián se interpone.

-Mira no quiero ser grosero, pero ella ya te dijo que te hagas a un lado, no nos tardaremos así que esperamos que nos ayudes a hacer esto más fácil, le dice empezando a abrirnos camino hacia el interior de la casa.

Cruzamos por la sala y no hay nadie, así que le indico el camino hacia mi habitación, llevamos cajas en mano vacías así que es fácil.

Tratamos de hacer el mínimo ruido, al menos en mi caso lo hago para que nadie sepa que estoy aquí, llegamos a mi habitación y tengo un poco de pena con Sebastián, aún parece el cuarto de una niña casi adolescente.

-Wow es un cuarto peculiar- dice con algo de mofa en la voz.

-Vamos no seas así- le digo y al instante me asusto jamás había dicho algo así.

-Esa era la antigua tú- me señala con su dedo igual de sorprendido que yo.

Carraspeo un poco y me vuelvo seria.

-Las cosas que necesito de mi trabajo están todas en ese escritorio, guárdalas por favor, yo me encargo de mis pertenecías más personales.

-Bien, como prefieras- dice comenzando a guardar las cosas del escritorio, mientras yo voy hacia mi closet y guardo ropa, algunas de las cosas que compré con mi dinero, mi diario y un collar que tengo de mi abuela, la verdad no son la gran cosa, pero no quería llorar frente a Sebastián al decir adiós al hogar en el que crecí, me duele porque a pesar de todo me vio crecer, me vio reír y llorar, siempre pensé que cuando saliera de aquí sería porque me casaría con alguien que amara, pero ahora lo hago porque ya no es mi lugar, mi lugar es junto a otra persona, junto a mí hijo.

Guardo la mayoría de cosas sin ser consciente, caigo en cuenta hasta que veo que me he quedado sin cajas, salgo a ver si a Sebastián le sobró alguna, cuando en ese momento se abre la puerta de mi habitación y entra mi madre enojada.

- ¿Se puede saber qué es lo que estás haciendo Mariana? - se acerca a mí y me toma del brazo clavándome las uñas en mi brazo.

-Me voy de aquí- le digo desafiante sin bajarle la mirada.

-Tú no te vas de aquí y menos con este hombre, no te crie como una cualquiera, para que te andes revolcando con cualquiera- sus palabras calan dentro de mí y me duelen, queman.



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En el texto hay: madre, comienzo, sin memorias

Editado: 26.03.2024

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