Mi jefe, Mi dueño

Entre emociones y algo más ||

En el transcurso del día, ambos se mantenían al margen, no se dirigían la palabra, sin embargo, a la hora de retirarse, Nick salió de la oficina:

 —Señorita Dickham, por favor, venga a la oficina —y cerró la puerta.

Natalie recogió sus cosa y se dirigió a la oficina. Ingresó con desconfianza, él era demasiada tentación para ella y su cuerpo tenía la costumbre de ir contra su mente.

Nick cerró la puerta con seguro, la acorraló contra la pared y puso un beso en el cuello de la joven, se le escapó un gemido de su boca y perdió las pocas fuerzas que tenía y cayó sentada al suelo. Al escuchar ese tierno y dulce gemido, él sintió una chispa recorrer todo su cuerpo, sintió una extraña pero viciosa calidez que nunca había sentido, como si se encendiera algo en su interior.

Cuando lograron tener algo de calma, Nick la ayudó a levantarse, se disculpó y se retiró dejando a Natalie sola con la sensación de la suavidad de los labios de Nick. Para el final del día no se podían sacar de la cabeza.

Natalie no iba a poder resistirse más, había caído tal cual Nick quería, sin embargo, él también estaba cayendo junto con ella en un camino sin retorno.

Bastante tiempo sin sentir las caricias de un hombre, sin embargo, éstas no la lastimaban, sino que la transportaban a un lugar donde solo existían él y ella.

Natalie llegó al apartamento, lo primero que hizo fue colocar su bolso en una mesa cercana a su cama. Se recostó, su cabeza no hacia mas que repetir esa escena, no había logrado aguantar como esperaba y, ya no sabía si quería, con él sentía algo especial y diferente que no lograba explicar.

A la mañana siguiente:

Usando un vestido suelto y tacones bajos, salió de su apartamento, la situación parecía a su favor, había varios puestos libres y el tráfico no era mucho. Llegó a la empresa, subió al tercer piso y se sentó en su puesto de trabajo iniciando su labor.

Pasados unos minutos, Nick bajó del ascensor. Observó a Natalie, se veía radiante, y un cosquilleo se instaló en su interior, sin embargo, no quería que ella notara lo que estaba sintiendo en ese momento.

 —Buenos días, señorita Dickham.

Su corazón pegó un brinco, y le costó contestar.

 —Buenos días, señor Parker.

Seguidamente, él ingresó a su oficina adhiriendo en su memoria, la encantadora mirada de la joven al devolverle el saludo.

A eso de las diez de la mañana, Nick llamó a Natalie solicitándola. A ella se le hizo raro, se dirigió a la oficina, tocó tres veces e ingresó.

Al entrar, Nick se acercó a Natalie, la tomó de una mano y la llevó contra la pared. Él le estaba complicando las cosas, así no iba a poder mantenerse alejada. Ella estaba abrumada, no sabía que hacer.

Sus corazones latían rápidamente, sus respiraciones eran pausadas y sentían calor emanar de sus cuerpos. Nick acercó sus labios a los de ella y se fundieron en un exquisito beso lleno de pasión, ternura y calidez indescriptible.

Tres golpes en la puerta frenaron en seco sus besos, su corazón y sus respiraciones. Se alejaron a pesar de que no querían, intentaron calmarse y Natalie se dirigió a abrir...




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