Mi Luna es una Rebelde: La Luna Alfa sellada

CAPÍTULO 03

Dean

Soy Dean, el Alfa de la manada Luz Plateada. Ayer recibí una invitación para asistir al cumpleaños del hijo pequeño del Alfa de Eclipse de Luna. Como es costumbre en mí, seré uno de los primeros en llegar. Toda mi vida he amado el orden y la disciplina; aunque a muchos no les guste, es un hábito que forma parte de mi día a día.

Empaco mi maleta para salir mañana temprano. Después de organizar todo, me reúno con mi Beta, quien quedará a cargo mientras no esté.

—No me digas que partirás mañana… ¿o me equivoco? —pregunta Zion, arqueando una ceja.

—Sí, lo haré. Además, debo verificar si mi luna está allí. Tal vez la encuentre —respondo.

—Te deseo éxito. Eso quiere decir que no llevarás a tu acompañante de siempre… —dice con una sonrisa ladeada.

—La llevo solo cuando la ocasión lo amerita. Esta no es una de ellas.

—Tal vez deberías ir con ella. Así no te sentirías solo.

—Gracias, pero no. Volvamos al punto que en verdad nos importa —corto la conversación.

—Está bien —asiente.

Le doy las directrices de lo que debe hacer durante los cuatro días de mi ausencia. También le ordeno redoblar la seguridad en la manada; últimamente se han suscitado demasiados problemas. Cuando termino, me despido de Zion.

—Fuiste invitado a una fiesta y no me has invitado, Dean —dice Serena, entrando a mi despacho sin golpear.

—Sí te llevo o no es decisión mía. Esta vez iré solo. Recuerda tu lugar —digo, sin levantar la vista de los papeles.

—Sí, sé que solo soy tu acompañante y ya… —inquiere indignada.

—Así es. Ahora, por favor, sal. Estoy ocupado. —Le señalo la puerta.

Ella se marcha dando un portazo.

No entiendo su enojo. Siempre he sido claro con ella: solo me acompaña a eventos que requieren la presencia de una fémina. Nuestro compromiso no llega más allá de lo laboral.

El amanecer llega rápido. Reviso una vez más mi maleta, porque no soporto dejar cabos sueltos. La organización es mi manera de mantener la calma. Antes de salir, paso revista a la manada, me despido de los más cercanos y dejo todo bajo control.

El viaje hacia Eclipse de Luna es largo, por eso parto temprano. Quiero adaptarme al terreno y observar. Ser Alfa no es solo tener fuerza, es prever lo que otros pasan por alto.

Cuando cruzo los límites de la manada Eclipse, el aire cambia. El bosque huele distinto: menos frío que el mío, con un aroma a tierra húmeda y pinos jóvenes. Me reciben guardias en las fronteras; reconozco sus uniformes, disciplinados, aunque noto cierta relajación en su postura.

—Bienvenido, Alfa Dean —dice uno de ellos con respeto—. El Alfa lo espera en la casa principal.

Asiento y sigo mi camino.

El territorio es amplio, con casas de madera y piedra, niños jugando entre los árboles y lobos patrullando a lo lejos. No puedo evitar comparar todo con mi manada; la mía es más rígida, menos festiva. Aquí percibo cierta calidez que, aunque agradable, también me parece peligrosa. La confianza suele volverse debilidad.

Cuando llego a la casa principal, el Alfa de Eclipse me recibe con una sonrisa. Es un hombre robusto, de cabello oscuro y ojos plateados.

—Dean, viejo amigo, es un honor tenerte en mi territorio —dice mientras me estrecha la mano.

—El honor es mío. Gracias por la invitación —respondo con cortesía.

Conversamos un rato sobre el evento, la seguridad y la logística. No dejo escapar ningún detalle. Pregunto por los invitados, por los cazadores que últimamente han rondado los límites de las manadas, y por cualquier movimiento sospechoso. Él responde con calma, asegurando que todo está bajo control.

Me muestra el lugar donde descansaré durante mi estancia. Todo está impecable, bien cuidado… un reflejo de disciplina. Lo apruebo en silencio.

Después de un tiempo, me ofrecen un recorrido por los alrededores. Acepto. Necesito conocer cada rincón donde pondré un pie.

Camino por los pasillos de la casa, cruzo los jardines y, finalmente, me llevan a un pequeño valle. Allí la brisa corre más fuerte. Cierro los ojos un instante y respiro profundamente. El aire trae consigo cientos de aromas, pero entre todos… siento uno distinto, escondido, como una chispa.

Asher se agita en mi interior.

—¿Lo hueles? —gruñe con impaciencia.

—Sí —le contesto.

Mi lobo se inquieta, más de lo que jamás lo había sentido.

—Tranquilo Asher.

–Es ella.

—No lo sabemos.

Pero lo siento… algo dentro de mí lo confirma.

Esa fragancia se aferra a mis sentidos, se mete bajo mi piel.

Asher empuja, queriendo salir, queriendo correr hacia el origen.

—Tranquilo —le ordeno.

—¿Por qué te contienes? ¡Está cerca!

No le respondo.

El aire se mueve otra vez, trayendo ese olor hasta mí con más fuerza, y por un segundo me parece escuchar un eco… un suspiro, una presencia que no logro definir.

Abro los ojos y el valle vuelve a estar en calma.

Nada.

Solo el viento.

Asher se retira, pero lo noto inquieto, frustrado.

—La encontraremos —me promete.

—Si es ella, no tardaré en saberlo.

Me obligo a dar media vuelta y regreso al interior de la casa manteniendo el porte sereno, aunque por dentro mi sangre arde.

No puedo dejar que la emoción me saque de mi centro. Soy Alfa, y un Alfa no se deja gobernar por instintos.

Sin embargo, mientras camino hacia el salón principal, un presentimiento me muerde el pecho: tal vez ella está aquí.

Regreso al salón, después de saludar a todos, decido alejarme un rato. Siempre lo hago cuando visito territorios ajenos. Me ayuda a leer el ambiente, a sentir la energía del lugar.

Eclipse de Luna es distinta a mi manada. Aquí el aire es más suave, el bosque más vivo. Aun así, hay algo en este lugar que me mantiene en alerta, como si me observaran desde las sombras.




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