Mi Luna es una Rebelde: La Luna Alfa sellada

CAPÍTULO 11

Dean

El silencio de la habitación es insoportable.

Ni siquiera el rugido distante del viento logra ahogar lo que siento.

Asher no deja de moverse bajo mi piel.

Lo escucho gruñir, impaciente, como una tormenta que busca salir.

Cada respiración suya vibra dentro de mí, sincronizada con mi corazón.

Con su nombre.

Milena.

Cierro los ojos.

Su rostro aparece al instante: su mirada desafiante, su voz firme, la forma en que me empujó sin miedo, como si mi poder no significara nada.

Y, maldita sea, nunca algo me había encendido así.

El vínculo no se disipa.

Arde.

Late.

Respira conmigo.

Intento concentrarme, imponer orden como lo haría un Alfa.

Pero esta vez, la disciplina no sirve.

No contra esto.

—Cálmate —susurro, sabiendo que me hablo más a mí mismo que a él.

Asher ruge bajo, su voz retumbando dentro de mi mente.

—No puedo. Cuando ella está cerca.

Me levanto y camino hasta la ventana.

Desde aquí se ve parte del bosque, el mismo que separa esta casa de la de los líderes de Eclipse de Luna.

El aire es frío, pero su aroma aún flota en él.

—Deberías dormir —le digo al reflejo en el cristal.

No me contesta, claro.

Porque no es posible dormir cuando el alma arde.

Recuerdo su voz cuando me llamó idiota del claro.

Y sonrío, contra todo sentido.

—Tan hermosa como fiera —murmuro.

Asher se agita, complacido.

—Nuestra Luna.

—Aún no —respondo, con los dientes apretados—. No puedo tomarla. No así.

—No deberíamos haberla dejado ir.

—Era eso o exponerla. No conoces las consecuencias si Rowen sospecha algo.

El silencio que sigue está cargado de ira contenida, pero también de comprensión.

Ambos sabemos que no podemos desafiar al Alfa anfitrión.

Camino de nuevo hasta la cama, pero no me acuesto.

Mis pensamientos regresan una y otra vez al jardín, al instante en que la tuve frente a mí.

A su respiración temblando bajo mi rostro.

A la manera en que me desafió, sin miedo, sin someterse.

Mi Luna.

Pero también mi tormenta.

Cuando finalmente cierro los ojos, solo para engañarme con un descanso que no llega, la luna brilla fuerte afuera.

Y, por un instante, juro sentir que ella también está despierta.

Pensando en mí.

Igual que yo pienso en ella.

No logro dormir.

El silencio del cuarto se siente demasiado grande, como si cada sombra tuviera su propio pulso.

Intento apartar su imagen de mi mente, pero el aroma de Milena sigue ahí, anclado en mi respiración.

Su voz. Su mirada.

Esa mezcla de fuerza y miedo que me desarma más que cualquier batalla.

Asher ruge dentro de mí, inquieto.

—Cállate —susurro entre dientes, apoyando los codos en las rodillas.

Pero el lobo no se calla.

“La reconocí. La habría reconocido en cualquier vida.”

Me quedo helado.

No sé por qué, pero esas palabras me perforan.

Cierro los ojos… y el mundo se disuelve.

Un destello.

El rugido del viento.

Y de pronto no estoy en la habitación, sino en un bosque cubierto por una luna roja.

Ella está ahí, de espaldas, con el cabello suelto y un vestido blanco manchado de barro.

Su respiración es agitada, pero su voz…

—Asheron… prométeme que volverás.

Intento acercarme, tocarla, pero mis manos atraviesan el aire.

No puedo alcanzarla.

Entonces una lanza cruza la oscuridad y la atraviesa por la espalda.

Su cuerpo cae, y el dolor me golpea como si fuera mío.

La sangre empapa la tierra.

—¡Milena! —grito, aunque sé que no es su nombre. Es otro. Un nombre antiguo, olvidado.

Milenaria.

Despierto sobresaltado.

El sudor me corre por la frente, el corazón golpea con fuerza animal.

Me levanto y camino hasta la ventana.

La luna llena se alza sobre los árboles, brillante, inmensa… demasiado parecida a la de ese sueño.

—¿Qué demonios fue eso? —susurro, pero Asher solo gruñe.

—No fue un sueño.

Lo ignoro, o al menos intento hacerlo.

Pero mis manos aún tiemblan, y en el reflejo del cristal veo algo imposible:

por un instante, mis ojos brillan con un destello dorado, el mismo color que los de ella.

Respiro hondo, intentando calmarme.

No lo consigo.

Porque, en el fondo, sé que Asher tiene razón.

No fue un sueño.

Fue un recuerdo.

Pero ¿quién es Asheron?

Y si eso es cierto… entonces Milena no solo es mi Luna.

Es la razón por la que he estado buscando sin saber qué.

La noche no trajo descanso. Solo el eco de un nombre que ya no me pertenece, y el peso de una promesa que nunca cumplí.

Cuando la primera luz toca el bosque, entiendo que no fue un sueño… sino una advertencia.

El amanecer apenas asoma cuando salgo de la habitación. El aire es frío, y mis pensamientos siguen ardiendo…

Rowen me invita a acompañarlo a los entrenamientos.

Dice que quiere mostrarme el progreso de los jóvenes, la disciplina que ha logrado su manada, pero en realidad lo veo como lo que es: una forma de medirnos.

Cada Alfa hace lo mismo.

Observa, analiza, compara.

Acepto sin dudar.

No porque me interese la competencia… sino porque sé que estará allí, esa estrategia que utilizó anoche cuando puso la punta de la rama en mi cuello es de un guerrero.

Desde que la vi en el jardín, no he podido borrar su rostro de mi mente.

Ni su voz.

Ni la manera en que pronunció mis palabras como si fueran veneno.

Mía… mi Luna.

No debería haberlo dicho. No en ese momento.

Pero Asher se desbordó, y yo con él.




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