MILENA
Ahí estaba.
Dean.
Parado en el mismo lugar donde todo empezó.
Donde su lobo me había tumbado, marcado sin permiso… y donde mi vida dejó de ser solo mía, aunque yo me negara a admitirlo.
Respiré hondo.
El aire olía a agua fría del arroyo, a hojas húmedas, a él.
Mi loba se agitó dentro de mí.
—No huyas. No esta vez.
No iba a huir.
Había venido precisamente para esto.
Dean me miró como si mi siguiente palabra pudiera salvarlo… o terminar de romperlo.
Y qué ironía: nunca quise tener tanto poder sobre nadie.
Me acerqué un paso.
Solo uno, pero suficiente para que su respiración cambiara.
—Gracias por venir —dije, intentando que mi voz no temblara.
Él asintió, sin moverse.
Yo clavé la mirada en el suelo, porque si lo veía demasiado tiempo… iba a sentirlo.
Iba a reconocer algo que apenas empezaba a despertar en mí.
—Escucha… —empecé, tragando saliva—. Yo no te llamé para que repitieras lo que ya dijiste esta mañana. Ni para que… —mi voz tembló un segundo— me presiones a nada.
—Nunca haría eso —murmuró Dean con una sinceridad que me dolió.
Cerré los ojos un instante.
Mi loba habló bajito.
Pero sí lo sientes. Sí lo quieres.
—Quiero entender —continué—. Quiero… saber qué significa todo esto. Porque si acepto lo que soy, lo que tú dices que soy… entonces mi vida cambia. Mi lugar cambia. Y no estoy segura de estar lista para dejar todo atrás.
Dean tensó la mandíbula, apenas.
Pero no respondió.
Yo levanté la vista.
Sus ojos estaban llenos de emoción contenida.
De miedo.
De esperanza.
Y eso me asustó más que cualquier lobo.
—Tú… —dije, dando otro paso—. Si yo decido quedarme en mi manada, si decido que no voy contigo… ¿te haría daño?
Él inhaló, como si esa pregunta le desgarrara por dentro.
—Sería… —buscó palabras— sería como cortar un lazo que ya existe. Dolería. Mucho. A mí. A Asher.
Mi pecho se apretó.
Mi loba habló otra vez, firme esta vez:
—Tú no quieres lastimarlo.
—Pero… —Dean siguió, con una calma que no tenía— si esa es tu decisión, la respetaré. No voy a… no voy a arrastrarte a una vida que no elijas. Ni a un vínculo que no aceptes. No quiero que seas mi Luna si eso significa perderte a ti como persona.
Mi corazón tropezó.
Él estaba dispuesto a lastimarse, a partirse en dos… antes que forzarme.
Di un paso más, ahora más cerca.
Podía escuchar cómo su respiración se agitaba ligeramente.
Cómo Asher empujaba bajo su piel, esperando.
—No sé qué decisión voy a tomar aún —admití, sintiendo el peso de mis propias palabras—. No puedo darte un sí. No todavía.
Dean cerró los ojos, como si esas palabras fueran un golpe y un alivio al mismo tiempo.
Dio un pequeño asentimiento.
—Lo entiendo.
—Pero tampoco quiero darte un no —agregué suavemente.
Él abrió los ojos, y algo ardió allí.
Algo peligroso.
Algo hermoso.
El viento sopló.
Las hojas se movieron.
Mi loba respiró conmigo.
—Solo necesito… —busqué aire— necesito que me digas la verdad. Toda.
Qué significa ser tu Luna.
Qué significa ir contigo.
Qué pierdo.
Qué gano.
Qué somos.
Tú. Yo.
Asher.
Mi loba.
Dean dio un paso hacia mí…
muy despacio…
como si acercarse a mí fuera un privilegio que temiera perder.
Quedamos a menos de un brazo de distancia.
Su voz salió baja, ronca, intensa.
—Milena… lo que decidas hoy… cambiará nuestras vidas.
Mi respiración se detuvo.
—Si vienes conmigo… —continuó— no serás solo mi Luna. Serás la futura Alfa de mi manada. Mi compañera. Mi igual. Mi fuerza. Y yo… seré tuyo.
Mi corazón latía tan fuerte que me dolía.
—Pero si decides quedarte… —su voz bajó aún más— yo me iré. Y seguiré honrándote desde lejos, aunque me rompa. Aunque me deje vacío.
Mis ojos ardieron.
Mi loba susurró:
—Ya sabes la verdad. Ahora elige.
Dean me miró, completamente expuesto.
—Dime qué quieres, Milena. Y lo aceptaré. Aunque me destruya.
El claro quedó en silencio.
Y yo… yo sentí que mi próximo respiro sería la decisión más importante de mi vida.
Él esperaba mi respuesta.
Pero yo… aún tenía algo más que decir.
Algo que tenía que quedar claro antes de cualquier decisión, antes de cualquier paso, antes de cualquier destino.
Respiré hondo, y di un paso más hacia él.
Lo suficiente para ver cómo su cuerpo se tensaba, cómo Asher asomaba detrás de sus ojos… pero sin perder el control.
—Dean —dije suavemente— hay algo que necesitas saber antes de que yo decida.
Él parpadeó, alerta.
Yo tragué saliva. Mi pecho latía tan fuerte que podía oír el eco en mis oídos.
—No puedes… —mi voz se quebró un segundo, pero me obligué a seguir— no puedes reclamarme aún. Ni tocar el vínculo. Ni intentar marcarme.
Sus ojos se abrieron un poco, dolidos, pero más confundidos que heridos.
—¿Por qué? —preguntó con un susurro cargado de emoción contenida.
Mi loba se movió dentro de mí.
No completamente despierta, pero presente.
Escuchando.
—Porque… —respiré hondo— mi loba todavía no ha despertado del todo. Y si intentas reclamarme ahora… podría quebrarme. Podrías lastimarme sin querer.
Dean dio un paso atrás como si lo hubiera empujado una onda de choque.
—¿Qué? —su voz salió áspera, casi rota— ¿Quién te dijo eso?
—Aiden —respondí sin rodeos—. Y también… mi loba.
Dean se quedó inmóvil.
Por primera vez, verdaderamente inmóvil.
Como si una sola palabra equivocada pudiera romper el suelo bajo sus pies.
Yo continué, porque tenía que hacerlo.
#607 en Fantasía
#349 en Personajes sobrenaturales
#3054 en Novela romántica
lobos milenarios, alfa luna mates, reencarnación pasado tragico
Editado: 01.03.2026