Mi Luna es una Rebelde: La Luna Alfa sellada

CAPÍTULO 19

DEAN

Nunca pensé que una sola frase pudiera cambiarme la respiración.

Iré contigo.

No había nada en este mundo, nada, que pudiera compararse con escuchar esas palabras salir de los labios de Milena.

Mi luna.

Mi destino.

Mi condena y mi bendición… eligiéndome.

Mientras caminábamos de regreso por el sendero que bordeaba el arroyo, sentía mi pecho demasiado pequeño para contener todo lo que rugía dentro de mí. Asher estaba inquieto, exultante, moviéndose bajo mi piel como un animal que por fin había sido liberado después de años de encierro.

Nuestra. Ella es nuestra.

—Tranquilo —le pedí.

Pero yo tampoco estaba tranquilo.

Cada vez que Milena se acercaba un poco, cada vez que su aroma se mezclaba con la humedad del bosque, mi cuerpo reaccionaba como si hubiera encontrado algo que llevaba toda la vida buscando.

Y la parte más difícil… era no tocarla.

Porque me lo había pedido con el alma: tiempo.

Necesitaba que su loba despertara.

Necesitaba libertad para llegar a mí sin sentirse forzada.

Y yo… yo iba a honrar eso aunque me partiera en dos.

Cuando el borde del claro se abrió y empezamos a ver las primeras luces de la cabaña, mi estómago se tensó. No porque dudara de lo que habíamos decidido.

Sino porque sabía quiénes nos esperaban.

Rowan estaba apoyado con los brazos cruzados sobre el barandal, postura de alfa, mirada de acero.

Eros, en cambio… Eros no intentaba ocultar nada. Tenía las manos en los bolsillos, pero su energía era un muro sólido, alerta… protector.

Por un instante, sentí a Asher retroceder un paso interior.

No por miedo.

Por respeto.

“Su padre.”

Sí. Su padre. Y aunque nunca lo admitiría en voz alta, había algo en Eros que me obligaba a mantener la cabeza fría. Ese hombre cargaría el mundo en su espalda antes de dejar que alguien hiriera a su hija.

Y yo… yo iba a pedirle que la dejara irse conmigo.

Milena caminaba a mi lado y pude ver, por el rabillo del ojo, cómo su paso se hacía más lento, más tenso. No la culpo. Cualquiera sentiría un golpe de nervios si su padre y su alfa los estuvieran esperando con esa clase de silencio.

Cuando finalmente nos detuvimos frente a ellos, Rowan fue el primero en hablar.

—¿Todo bien? —preguntó, pero la pregunta no era inocente. Iba dirigida a los dos.

Milena tragó. Yo también.

Pero antes de que pudiera decir algo, Eros dio un paso adelante y me clavó la mirada.

No agresiva.

No violenta.

Pero perfectamente clara.

“Habla.”

Ese era el mensaje.

Asher empujó desde adentro.

“Es el momento.”

Respiré hondo y asentí, más para mí que para ellos.

—Sí —respondí. Miré a Milena un segundo, lo suficiente para que ella supiera que no estaba solo en esto—. Tenemos algo que comunicarles.

El silencio del bosque, de los árboles, de la noche entera, se cerró alrededor de nosotros.

Y supe que el verdadero desafío apenas estaba comenzando.

El silencio era tan denso que podía sentirlo vibrar entre mis costillas.

Rowan esperaba con la paciencia fría de un alfa.

Eros… Eros era un volcán contenido. Un solo movimiento mío, una palabra equivocada, y él estaría encima sin dudarlo.

Asher quería hablar, quería reclamar, quería rugir nuestra verdad frente al mundo entero.

Pero este no era su momento.

Era el mío.

Miré a Milena. No para pedir permiso… sino para asegurarme de que seguía conmigo.

Ella sostuvo mi mirada. Firme. Decidida.

Su respiración se aceleró un poco, pero no retrocedió.

Eso bastó.

Di un paso al frente.

—Rowan… Eros… —mi voz salió profunda, más grave de lo que esperaba—. Milena y yo hablamos. Y lo que voy a decir, lo digo con respeto hacia su manada… y hacia ustedes dos.

Eros entrecerró los ojos apenas, como midiendo cada partícula de aire alrededor mío.

Asher empujó, orgulloso.

—Dilo. Reivindícala.

Tomé aire.

—Milena ha tomado una decisión —continué, sin quebrar contacto visual con ninguno de los dos—. Una que yo apoyaré, sea cual sea el peso que conlleve.

Rowan inclinó apenas la cabeza, gesto que para cualquier otro sería imperceptible, pero yo lo entendí: habla claro.

Así lo hice.

—Ella irá conmigo a mi manada.

El mundo pareció detenerse.

El bosque dejó de sonar.

El aire se volvió una cuerda tensa.

El corazón de Asher estalló en un rugido interno que por poco me hace temblar.

Pero afuera… afuera seguí firme.

Eros no parpadeó. Ni una sola vez.

Sus ojos, oscuros y filosos, no se movieron de mi rostro. Estaba evaluando todo: mi postura, mi tono, mi seguridad… y, sobre todo, cuánto realmente quería a su hija.

Rowan ladeó apenas la cabeza.

—¿Decisión tuya? —preguntó, mirando a Milena.

Milena dio un paso adelante, colocándose a mi lado. No detrás de mí. No escondida. A mi altura.

—Es mía —respondió ella, con una voz que no había escuchado antes en ella:

una voz de mujer.

De alfa.

De Luna en formación.

Mi pecho se expandió con un orgullo tan intenso que dolía.

Ella continuó:

—Elegí ir con Dean. No porque el vínculo lo diga… sino porque yo lo digo.

Eros cerró los ojos un segundo. Apenas uno.

Y ese mínimo gesto cargó más emoción que cualquier palabra.

Cuando volvió a abrirlos, el peso de su mirada cayó sobre mí como una sentencia.

Y aun así, no retrocedí.

No podía.

No quería.

Esa era mi Luna.

Rowan respiró hondo, evaluando la nueva realidad.

—Entonces —dijo, con su voz de mando, lenta, firme— supongo que tenemos mucho que discutir.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.