Mi Luna es una Rebelde: La Luna Alfa sellada

CAPÍTULO 44

DEAN

El territorio estaba demasiado tranquilo.

No era paz.

Era esa quietud que precede a algo que aún no se muestra.

Caminé por el perímetro norte antes de dirigirme a la casa Alfa. No porque dudara de mi manada. Sino porque el vínculo aún vibraba bajo mi piel.

Lo que sentí en la ciudad no fue imaginación.

No fue estrés.

Fue respuesta.

Asher no estaba inquieto. Estaba atento.

—No era energía suya —dijo dentro de mí.

Lo sabía.

Milena se sentía estable. Firme. Más completa que nunca.

Pero algo más había reaccionado cuando ella despertó.

Y eso era lo que no me gustaba.

Zion apareció entre los árboles antes de que lo llamara.

—Ordenaste revisión doble en los límites —dijo sin rodeos.

Asentí.

—Quiero patrullas cruzadas cada seis horas. Y refuerza el flanco este.

Zion me observó en silencio.

—¿Amenaza confirmada?

Miré hacia el bosque.

—Amenaza sentida.

Eso fue suficiente para él.

No preguntó más.

Zion entiende que hay cosas que no se explican con datos.

—¿Milena lo sabe? —preguntó finalmente.

Tardé un segundo en responder.

—No todo.

Sus ojos se afilaron.

—No le va a gustar eso.

No contesté.

Porque lo sabía.

Entré a la casa Alfa cuando el sol empezaba a descender.

La encontré junto a la ventana del salón principal, revisando unas hojas secas.

Su presencia llenaba el espacio de una manera distinta ahora.

Más anclada.

Más consciente.

Se giró apenas cuando entré.

—Volviste antes de lo previsto.

—Reprogramé la reunión.

Sus labios se curvaron levemente.

—Eso suena a que algo no salió como querías.

Me acerqué sin prisa.

—Salió exactamente como esperaba.

Ella inclinó la cabeza.

Estudiándome.

Desde que la conozco siempre ha sido así.

No se conforma con la primera capa.

—Pero algo cambió —dijo.

No era pregunta.

Respiré hondo.

No iba a mentirle.

Pero tampoco podía descargar sobre ella una amenaza que aún no tenía forma.

—Sentí una reacción cuando las runas se integraron.

Sus ojos brillaron apenas.

—¿Reacción mía?

—No.

Y ese “no” fue lo suficientemente pesado para que el aire cambiara.

Ella dejó las hojas sobre la mesa.

—Explícate.

—No fue ataque. No fue intento de invasión. Pero fue… reconocimiento.

Asher gruñó bajo.

—Alguien sabía lo que estaba ocurriendo.

Milena no retrocedió.

No se asustó.

Se enderezó.

—Entonces que venga.

La firmeza en su voz me golpeó más fuerte de lo que esperaba.

—No es tan simple.

—Nunca lo es.

Me acerqué un poco más.

—Voy a reforzar la seguridad del territorio. Patrullas dobles. Control de entradas. Y durante un tiempo…

Hice una pausa.

Aquí empezaba el terreno peligroso.

—Preferiría que no salieras sola.

No lo dije como orden. Pero tampoco fue una sugerencia ligera.

Sus ojos no se endurecieron. Pero algo en ellos se volvió más quieto.

—¿Preferirías? —repitió.

—Hasta que sepamos qué se movió.

Ella dio un paso hacia mí.

No en desafío.

En claridad.

—No soy el punto débil de este territorio, Dean.

—Nunca dije que lo fueras.

—Pero actúas como si lo fuera.

Ahí estaba.

Respiré lento.

—Actúo como Alfa cuando algo desconocido roza mi territorio.

Su mirada no bajó.

—Y yo no soy tu territorio.

Silencio.

No fue discusión.

Fue línea trazada.

Asher murmuró dentro de mí:

—No la encierres.

Lo sabía.

Pero también sabía lo que sentí en la ciudad.

Esa sombra no era casualidad.

Me acerqué hasta quedar frente a ella.

—No estoy intentando limitarte.

—Entonces no lo hagas.

Sencillo.

Directo.

Milena no gritó.

No se exaltó.

Solo dejó claro que no se movería por miedo.

La observé un momento más.

Y entendí algo incómodo:

Lo que más me inquietaba no era la amenaza externa.

Era saber que, si esa sombra regresaba…

Milena no se escondería.

Y yo no podría obligarla a hacerlo.

Asher habló con una calma peligrosa.

—Esta vez no es una Luna que necesite salvarse. Es una que eligió quedarse.

Milena sostuvo mi mirada.

—Refuerza el territorio si lo necesitas —dijo finalmente—. Pero no tomes decisiones por mí.

Asentí.

No como concesión total.

Como pausa.

Pero mientras la veía girarse y volver a la ventana…

Supe que la línea ya estaba marcada.

Y si la sombra tenía nombre…

También lo tenía el conflicto que empezaba a formarse dentro de mi propia casa.

No miedo.

No duda.

Autonomía.

Y mi Luna…

No era de las que obedecen por decreto.

MILENA

Han pasado tres días desde que algo cambió.

No en el territorio.

En Dean.

Luz Plateada sigue funcionando igual. Las patrullas se duplicaron, sí. Hay más movimiento en los límites. Más informes. Más reuniones.

Pero el verdadero cambio está en la casa Alfa.

Dean ya no duerme en toda la noche.

Se levanta antes del amanecer.

Regresa tarde.

Y cuando se acuesta, su cuerpo está tenso incluso dormido.

No me lo dice.

Pero lo siento.

Nahara también.

—Está vigilando algo que aún no tiene forma —murmura.

Yo también lo siento.

Desde que las runas se integraron, hay una estabilidad nueva dentro de mí. No es ardor. No es caos.

Es ancla.

Pero con esa estabilidad vino conciencia.

No fui la única que despertó.




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