Mi Luna es una Rebelde: La Luna Alfa sellada

CAPÍTULO 50

NARRADOR OMNISCIENTE

Talon no sintió sorpresa cuando el vínculo vibró.

Sintió confirmación.

Durante siglos esperó ese momento. No el despertar de Milena… sino su unificación.

Porque fue él quien la rompió.

Cuando selló a Nahara dentro de carne humana, cuando la fragmentó para dividir su poder, no fue un acto de furia.

Fue estrategia.

Pensó que podría gobernar a través de ella.

Moldearla.

Reclamarla cuando estuviera lista.

Pero subestimó el precio.

Al sellarla… algo se rompió también en él.

Su lobo.

No murió.

No fue destruido.

Fue desgarrado del vínculo original, separado en el mismo ritual que fragmentó a la Luna. Talon quedó con el cuerpo. Con el poder político. Con el dominio.

Pero sin su bestia.

Y un Alfa sin lobo… es poder incompleto.

Desde entonces esperó.

Sabía que mientras Milena y Nahara estuvieran divididas, el fragmento que le pertenecía estaría inaccesible. Intocable.

Pero ahora…

Ahora son una.

La Luna completa respira de nuevo.

Y si ella está completa… entonces el eco que le fue arrebatado también lo está.

Recuperable.

Talon se puso de pie lentamente. El salón de piedra donde permanecía en silencio pareció encogerse ante su decisión.

No había ira en su expresión.

Había propósito.

—Es el momento —murmuró.

No irá a destruir.

Irá a reclamar.

Porque en su mente, esto no es guerra.

Es corrección.

Pero el alma de un lobo milenario no se somete a cálculos.

Su bestia quedó atrapada en el mismo núcleo que él rompió.

Ahora la siente.

Completa.

Y si ella está completa…

Entonces lo que le pertenece también lo está.

Recuperable.

El despertar no se quedó en Luz Plateada.

Se expandió.

No como una explosión.

Como una vibración.

Una onda profunda que atravesó tierra, roca y sangre.

Eclipse de Luna

La Roca Lunar llevaba siglos intacta.

Ninguna marca nueva.

Ninguna alteración.

Hasta esa noche.

La superficie de piedra comenzó a brillar desde dentro, como si la luna estuviera atrapada bajo la roca. Una línea se dibujó sola. Luego otra. Curvas antiguas. Un símbolo que no pertenecía al lenguaje actual.

Una runa.

No de guerra.

No de muerte.

De proclamación.

Rowan llegó primero. El Alfa de Eclipse de Luna no era un hombre que reaccionara por impulso, pero su lobo estaba inquieto.

Eros llegó segundos después.

Y cuando ambos vieron el símbolo completo… ninguno habló al inicio.

Eros fue el primero en romper el silencio.

—Yo he visto esto antes.

Rowan giró el rostro.

—¿Dónde?

Eros no respondió de inmediato. Sus recuerdos no eran de guerra. No eran de manada.

Eran de una pequeña sentada en el suelo con carbón en las manos, dibujando símbolos en el patio trasero sin saber lo que hacía.

Milena.

Decía que “la luna le enseñaba”.

Eros siempre creyó que era imaginación.

Ahora la misma figura ardía en piedra milenaria.

Y no era coincidencia.

Rowan pasó la mano sobre la runa sin tocarla realmente.

—No es una advertencia —murmuró.

—Es un anuncio —corrigió Eros.

Porque los Alfas antiguos no pedían permiso.

Se declaraban.

La runa significaba solo una cosa:

Una Luna Alfa ha despertado.

Otros territorios

En manadas lejanas, las marcas antiguas ocultas en raíces y cuevas comenzaron a revelarse.

Sellos que llevaban generaciones invisibles ahora brillaban tenuemente.

Algunos Alfas cayeron de rodillas sin entender por qué sus lobos se inclinaban.

Otros sintieron miedo.

Los más antiguos sintieron… reconocimiento.

No todos sabían el nombre de Milenaria.

Pero sus bestias sí.

En el Mundo Humano

En una ciudad distante, donde la luna apenas se veía entre edificios, un grupo no dormía.

Los Guardianes Cazadores.

No eran enemigos de los lobos.

Eran equilibrio.

Humanos entrenados para detectar alteraciones en la línea natural que separa lo visible de lo oculto.

Esa noche, las brújulas rituales vibraron.

Las velas de sellado se encendieron solas.

Y el aire se volvió más denso.

El líder levantó la vista.

—Ha regresado algo antiguo.

No dijeron “criatura”.

No dijeron “amenaza”.

Dijeron presencia.

Porque la energía no era caótica.

Era estructural.

Como si una pieza faltante hubiera vuelto a su lugar en el mecanismo del mundo.

La runa no fue un mensaje.

Fue una convocatoria.

Y cada territorio la interpretó a su manera.

En Eclipse de Luna

La Roca Lunar seguía ardiendo con un brillo tenue, como si respirara.

Rowan permanecía de pie frente a ella, inmóvil. Su lobo no gruñía. No desafiaba.

Se inclinaba.

Eros, a su lado, tenía los puños cerrados.

—Milena —susurró.

No como Beta.

Como padre.

Rowan giró apenas el rostro.

—Habla.

Eros tragó saliva. La racionalidad del Beta chocaba con el instinto del padre.

—Cuando era pequeña… dibujaba este símbolo. Una y otra vez. Decía que la luna se lo mostraba en sueños.

El brillo de la runa se intensificó por un segundo.

Rowan no era un hombre impresionable. Pero aquello no era casualidad.

—Si esta es la marca de la Luna Alfa —dijo con calma medida— entonces tu hija no solo despertó algo. Es algo.

El silencio se volvió pesado.

Eros dio un paso atrás, respirando hondo.

Como padre, sentía peligro.

Como Beta, entendía que el peligro no era solo para ella.

Era para todos.

—Debemos ir a Luz Plateada —afirmó.

Rowan asintió lentamente.

—No para atacar. Para presenciar.




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