Mi Luna es una Rebelde: La Luna Alfa sellada

CAPÍTULO 52

DEAN

La noche no termina de golpe.

Se diluye.

El negro profundo del bosque empieza a tornarse azul grisáceo cuando el primer hilo de luz toca el horizonte.

No he dormido.

Ella tampoco.

Milena permanece de pie frente a la ventana, inmóvil, como si escuchara algo que el resto del mundo aún no oye.

La casa está en silencio.

Pero el territorio no.

Cierro los ojos un segundo.

Nada inmediato.

Nada cruzando la frontera aún.

Y sin embargo…

Ella inclina apenas el rostro.

Como si una brisa invisible rozara su mejilla.

—Vienen desde el este —dice suavemente.

No me mira.

No necesita hacerlo.

Siento el pulso segundos después.

Lejano.

Familiar.

No hostil.

Mi lobo no gruñe.

Reconoce.

—Rowan —murmuro.

Ella asiente apenas.

Y entonces…

Su respiración cambia.

No miedo.

No tensión.

Algo más íntimo.

Más profundo.

Su mano se apoya sobre el cristal frío.

—Y él…

Su voz baja apenas.

El vínculo que la une a su sangre vibra distinto al vínculo jerárquico.

Esto no es territorio.

Es lazo.

—Eros —digo esta vez con certeza.

El amanecer se intensifica.

Una línea dorada atraviesa el bosque.

Ella cierra los ojos un segundo.

Y lo siente.

No como hija.

Como Luna completa.

La sangre responde a la sangre.

El lobo del padre no se inclina por jerarquía.

Se inquieta por protección.

Milena exhala lentamente.

Hay algo vulnerable en ese gesto.

Pero solo un instante.

Porque entonces…

Su espalda se tensa.

No hacia el este.

Hacia el norte.

No.

Más cerca.

Mucho más cerca.

El aire cambia.

Se vuelve más pesado.

Más calculado.

No es vibración territorial.

Es algo afilado.

Antiguo.

Fragmentado.

Yo lo siento un segundo después y mi lobo finalmente reacciona.

Un gruñido bajo.

Contenido.

No por miedo.

Por advertencia.

Ella no se mueve.

Pero las runas bajo su piel parpadean una vez.

Como si reconocieran una frecuencia conocida.

Y detestada.

Su voz ya no es suave.

Es firme.

—No esperó.

No necesito que diga el nombre.

Lo sé.

Talon.

No está cruzando con ejército.

No está anunciando llegada.

Está avanzando solo.

Como si creyera que esto es conversación privada.

Milena abre los ojos.

El izquierdo humano.

El derecho lunar.

Y esta vez no hay contemplación en su mirada.

Hay memoria.

—Viene a reclamar lo que cree suyo.

El amanecer ya toca completamente el bosque.

Los primeros rayos atraviesan la habitación.

Ella se gira hacia mí.

No busca permiso.

No busca refugio.

Busca alineación.

—Rowan y mi padre llegarán antes del mediodía —dice con certeza absoluta.

—Talon llegará antes del anochecer.

Silencio.

Mi lobo se estira dentro de mi pecho.

Preparado.

Pero ella…

Ella no irradia guerra.

Irradia inevitabilidad.

Camina hacia la puerta.

El territorio ya despierta.

Los guardias sienten el cambio en la presión del aire.

Hoy no es un día común.

Hoy no es visita diplomática.

Hoy es convergencia.

Milena se detiene antes de cruzar el umbral.

La luz del amanecer cae directamente sobre su rostro.

Su ojo plateado refleja el sol naciente sin perder su brillo lunar.

—No vine a este mundo para esconderme otra vez.

La puerta se abre.

El bosque respira.

Y en la distancia…

Tres presencias avanzan hacia el mismo punto.

El padre.

El Alfa.

Y el fragmento que quiere volver a tomar lo que rompió.

Talon no vendrá a provocar guerra.

Vendrá a reclamar.

Porque cree que a través de ella puede recuperar lo que perdió cuando la fragmentó.

Su lobo.

Su poder.

Su mitad.

Ingenuo.

No entiende que lo que rompió hace milenios ya no existe como antes.

Milena no es un fragmento esperando completarlo.

Es la totalidad que él intentó dividir.

—Va a venir al claro —dice.

Su voz está firme.

Más grave. Más profunda.

No es debilidad lo que escucho.

Es alineación.

—Sí —respondo—. Ya el lugar está preparado.

Se coloca a mi lado.

La brisa mueve su cabello y por un segundo el ojo plateado destella bajo la luz lunar. No es permanente. No está descontrolado.

Está integrado.

Eso es lo que más va a enfurecerlo.

—No pediremos refuerzos —digo con calma.

No es arrogancia.

Es estrategia.

Si otros territorios intervienen, Talon usará eso para justificar guerra abierta.

Si viene solo, vendrá por ella.

No por territorio.

Milena cruza los brazos.

No en defensa.

En contención.

—Intentará separarme —dice sin emoción.

—Hablará de Nahara como si fuera algo que aún puede reclamar.

La miro entonces.

Directo.

—¿Estás lista para escucharlo?

Su respuesta no es inmediata.

Porque esta vez no es una loba reaccionando.

Es una Luna Alfa midiendo el peso de la historia.

—Estoy lista para no romperme —responde.

Eso es suficiente.

El claro permanece silencioso.

Pero no vacío.

Las runas bajo la tierra laten suave.

Esperando.

El sol apenas rompe la línea del bosque cuando ella lo siente.

No como amenaza.

Como presencia conocida.

Milena se queda inmóvil en el umbral.

El aire frío de la mañana mueve apenas su cabello, pero su cuerpo no reacciona al clima.

Reacciona a la sangre.

—Ya cruzaron la frontera exterior —dice con calma absoluta.

Yo no había sentido nada aún.

Un segundo después… ahí está.




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