Mi Luna es una Rebelde: La Luna Alfa sellada

CAPÍTULO 55

NARRADOR OMNISCIENTE

La orden sale cargada de furia.

No está sincronizada.

No está planeada.

Y ese es su primer error táctico real.

Porque sus lobos avanzan sin formación.

Sin cobertura.

Sin coordinación.

Instinto puro.

Milena no grita respuesta.

No necesita hacerlo.

El territorio ya eligió.

Y ahora la batalla comienza no por dominio…

Sino por desesperación.

El primer choque no es grito.

Es impacto.

Los lobos marcados cruzan la línea con precisión brutal.

Pero Zion ya estaba preparado.

—¡Formación media luna! ¡Flancos cerrados!

Su voz corta el caos como acero.

Los guerreros de Luz Plateada no avanzan a ciegas.

Se abren.

Dos alas que absorben el impacto inicial y lo redirigen hacia el centro vacío.

No responden con furia.

Responden con estructura.

Un lobo de Talon intenta romper por la izquierda.

Tres movimientos coordinados lo neutralizan.

Otro intenta elevarse en forma parcial.

Una lanza rúnica lo obliga a retroceder.

Zion no pelea al frente.

Dirige.

Ve patrones.

Reubica piezas.

Es comandante.

Y Talon lo nota.

Eso lo enfurece aún más.

Pero no es Zion su objetivo.

Es Milena.

En el segundo frente, Serena no busca gloria.

Busca oportunidad.

Entre cuerpos que chocan y energía que estalla, su trayecto es directo.

Dean.

Él la ve venir.

No sorprendido.

No confundido.

Preparado.

—¿Por qué? —dice mientras esquiva su primer ataque.

La sujeta por el antebrazo.

La mira directo.

—¿Por qué traicionaste a tu manada?

La pregunta no es acusación.

Es dolor.

Serena intenta soltarse.

No lo logra al primer intento.

Sus ojos brillan con algo más profundo que rabia.

—No la traicioné.

Dean aprieta más fuerte.

—Cruzaste el sello. Peleas para él.

—¡No tenía opción!

Lo empuja con fuerza suficiente para hacerlo retroceder medio paso.

—Todo esto… —señala el caos, el sello, Talon— ¿no empezó contigo? —pregunta Dean .

—Mis ancestros juraron lealtad a Talon.

El nombre pesa.

Golpe. Bloqueo. Giro. Rodilla.

No pelea para matar.

Pelea para abrir espacio.

—Es un juramento de sangre —continúa ella, atacando de nuevo—. No político. No simbólico.

Su combate es cercano.

Rápido.

Sin transformaciones completas.

Serena busca separarlo del núcleo.

Pero Dean no retrocede.

No esta vez.

—Si lo rompo… no me castigan a mí.

Pausa.

Su voz tiembla apenas.

—Los castigan a ellos.

Dean levanta la mirada.

—¿A quiénes?

Serena no responde de inmediato.

—A los que llevan mi apellido —dice finalmente—. A los que aún respiran bajo esa promesa.

El silencio entre ellos dura apenas un segundo.

Pero pesa más que cualquier golpe.

Dean entiende.

No la justifica.

Pero entiende.

—Entonces elegiste sobrevivir.

Serena lo mira con algo cercano a furia herida.

—Elegí que no murieran por mi orgullo.

Ataca otra vez.

Esta vez Dean la inmoviliza contra un tronco.

—Siempre hay opción.

Ella ríe.

No burlona.

Trágica.

—Tú puedes decir eso porque no naciste encadenado.

Sus ojos bajan un segundo al sello oscuro latiendo bajo su piel.

Dean afloja apenas el agarre.

—Rompe el juramento.

—No puedo.

—Entonces yo lo haré.

Serena no se mueve.

No respira.

Porque entiende lo que eso significa.

Romper un juramento de sangre no es romper palabras.

Es romper consecuencias.

Y Dean está dispuesto a asumirlas.

Eso la desarma un segundo.

Y ese segundo lo cambia todo.

Porque siente la alteración en el centro del campo.

Gira la cabeza.

Y ve a Talon avanzar hacia Milena.

—Dean… —susurra.

Él también lo ve.

La decisión queda suspendida.

Pero ya fue tomada.

En el centro del caos, Talon avanza.

No corre.

Atraviesa.

La energía oscura del sello vibra alrededor de sus brazos.

Milena lo espera.

No huye.

Cuando chocan, no es cuerpo contra cuerpo.

Es voluntad contra voluntad.

Talon intenta sujetarla por la muñeca.

Ella gira.

Las runas en su piel despiertan como constelaciones vivas.

Un pulso plateado explota desde su pecho.

Talon es empujado hacia atrás varios metros, arrastrando tierra bajo sus botas.

Los guerreros alrededor sienten la onda.

No es agresiva.

Es protectora.

Talon sonríe.

Herido.

Furioso.

—Entonces pelea.

Arremete de nuevo.

Más rápido.

Esta vez logra rozarla.

El contacto activa el sello bajo sus pies a distancia.

El aire se fragmenta.

El círculo oscuro reaparece bajo él.

Más pequeño.

Más concentrado.

—Sello de Fragmentación.

Zion lo ve.

—¡Milena, aléjate!

Pero Talon ya lo está activando.

No busca matarla.

Busca dividir su energía.

Separar a Nahara de ella.

Romper el vínculo.

El símbolo gira bajo sus pies.

La energía oscura se condensa en su palma.

La lanza.

Directa al pecho de Milena.

Y entonces—

Dean aparece.

No como espectador.

Como muro.

Se interpone sin calcular.

La descarga impacta en él.

El sello explota en su torso como grieta ardiente.

La onda los lanza a ambos hacia atrás.

Milena cae de rodillas.

El rostro de Nahara intenta manifestarse, pero la interrupción desestabiliza todo.

Dean cae al suelo con un golpe seco.

El aire sale de sus pulmones.

La energía oscura intenta penetrar.

Pero no encuentra obediencia.

Encuentra rechazo.




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