El ambiente en el auto estaba tranquilo, pero la tensión en el aire era palpable. El sonido suave del motor y la luz tenue que se filtraba a través de las ventanas me ayudaba a relajarme, aunque no podía evitar sentir una ligera incomodidad por la cercanía de Dereck. Algo en su presencia hacía que mi mente se agitara y mi corazón latiera con fuerza, como si las emociones que había reprimido durante años comenzaran a salir a la superficie.
-¿Nos vamos? -pregunté, mirándolo mientras él se acomodaba en el asiento del conductor. No podía evitar fijarme en su sonrisa. Algo en esa expresión suya despertaba en mí algo que había estado guardado durante tanto tiempo. Era como si, sin quererlo, me estuviera desarmando lentamente, pieza por pieza.
-Sí, ya nos vamos. -respondió él, su voz cálida y tranquila, como siempre. Sonrió nuevamente, y esa sonrisa me hizo sentir una ola de incomodidad y calidez al mismo tiempo. Lo que estaba sucediendo en mi interior era confuso y aterrador.
Me sonrojé patéticamente. No era algo que estuviera acostumbrada a experimentar, y mucho menos con alguien como él. Intenté apartar la mirada para que no lo notara, para no mostrar la vulnerabilidad que sentía al estar tan cerca de él. Sin embargo, en el fondo sabía que mis intentos de ocultarme no eran suficientes. Dereck probablemente ya lo había notado.
El sonido del motor arrancando me sacó de mis pensamientos, y el auto comenzó a moverse suavemente por la carretera, alejándose del restaurante y de todo lo que habíamos experimentado hasta ese momento. Pero, a pesar de la calma exterior, dentro de mí todo parecía estar en un caos silencioso. Mi mente no podía dejar de preguntarse qué significaba todo esto, por qué estaba reaccionando así ante él.
Llegamos a un pequeño bosque. El ambiente estaba impregnado por la frescura nocturna, un viento suave acariciaba mi piel mientras caminábamos por el sendero del bosque. La luna, esa amiga silenciosa de las noches solitarias, iluminaba cada rincón, como si cuidara nuestros pasos. El aroma a tierra mojada y hojas secas flotaba en el aire, mezclándose con el susurro de los árboles que se movían levemente, como si estuvieran compartiendo secretos entre sí. Cada paso que daba sobre la hierba fresca me conectaba más con el entorno, dándome una sensación extraña de libertad y tranquilidad.
Dereck caminaba a mi lado, su presencia tan cercana que podía sentir su respiración cuando el viento no la ocultaba. Mi cuerpo reaccionaba de formas que no podía controlar. No era solo su proximidad, sino esa calma que emanaba de él. Como si la naturaleza misma se rendiera ante su presencia. A medida que avanzábamos, sentí un escalofrío recorrerme al notar que su mano rozaba la mía, incluso cuando no la tomaba. Mi corazón comenzó a latir más rápido, aunque trataba de mantener la calma, de no dejar que ese deseo invisible nos arrastrara demasiado rápido.
-Ahora tenemos que caminar un poco para llegar. -dijo él, su voz profunda rompiendo el silencio de la noche, y extendió su mano hacia mí con una sonrisa ligera en su rostro. No pude evitar seguir su gesto, aunque mis dedos, aún algo reticentes, se entrelazaron con los suyos.
A pesar de la oscura belleza del paisaje, todo lo que podía pensar era en lo que ocurriría una vez que estuviéramos en el lugar.
¿Cómo me sentía yo?
¿Cómo me sentía con él? Sentí que algo estaba a punto de cambiar entre nosotros, pero no sabía si era algo que deseaba o temía.
Casi sin pensarlo, me quité los tacones, dejándolos cuidadosamente en el auto. Había algo liberador en eso, una sensación de rendición al momento. Caminé descalza por el sendero, sintiendo la textura fresca y un tanto rugosa de la hierba bajo mis pies. Era como si el mundo se hubiera reducido a esa pequeña franja de sendero, a la compañía de Dereck, a la luna que nos observaba, y a los sonidos de la naturaleza que nos rodeaban. La idea de ir a ese lago y simplemente dejarme llevar por la corriente de la noche me parecía más y más atractiva.
Al fin, llegamos a un claro en el bosque, y lo que apareció ante mis ojos era más hermoso de lo que había imaginado. El lago, con su superficie tranquila y reflejando la luz plateada de la luna, parecía un espejo gigante, un portal a otro mundo. Los árboles que rodeaban el lugar se alzaban como guardianes silentes, creando una atmósfera que me invadió con calma y maravilla. Respiré profundamente, sintiendo la mezcla perfecta entre la frescura del aire y la calidez de la cercanía de Dereck.
Dereck no esperó mucho, y sin mediar palabra, comenzó a quitarse el saco, desabrochando uno a uno los botones de su camisa, como si no hubiera nada en el mundo más importante que ese momento. Mi mirada lo siguió, incapaz de apartarla de su cuerpo, de sus músculos que se movían con cada acción, como si fuera una coreografía perfectamente ensayada, pero completamente natural. La forma en que la luna lo iluminaba, acentuando cada contorno de su torso, me hizo sentir como si estuviera observando algo demasiado hermoso y casi prohibido.
-¿Te gusta? -su voz, suave pero firme, resonó en mi oído, despertando algo dentro de mí. Esa simple pregunta me hizo darme cuenta de lo mucho que me estaba afectando la situación, lo mucho que me importaba todo lo que estaba ocurriendo entre nosotros.
-Sí... sí. -respondí con una voz que tembló ligeramente, incapaz de controlar cómo mi cuerpo reaccionaba ante su cercanía.
Una sonrisa traviesa cruzó su rostro, como si él ya supiera lo que estaba sucediendo en mi interior. Me miró con intensidad y, con un rápido movimiento, se acercó, levantando una ceja de forma juguetona.
-¿Nadamos? -preguntó, su tono ahora más sugerente, mientras terminaba de quitarse la camisa, dejando su torso al descubierto ante mí.
Todo mi ser me instaba a retroceder, a buscar una excusa, pero algo dentro de mí me decía que no debía apartarme. Quería estar allí, junto a él, quería experimentar lo que fuera que nos uniera en ese instante.
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Editado: 15.07.2026