El agua caliente del baño había relajado un poco la tensión en mis músculos, pero no había logrado disipar del todo la tormenta de pensamientos en mi cabeza. Suspiré mientras me vestía, eligiendo algo que me hiciera sentir cómoda y segura. La camisa de cuello de tortuga color rojo vino se ajustaba perfectamente a mi figura, y la falda tubo a cuadros en rojo, azul, blanco y negro me llegaba hasta la mitad del muslo, dándome un aire elegante pero con un toque juvenil.
Me miré en el espejo por unos segundos, asegurándome de que mi expresión no delatara nada antes de salir de la habitación.
Al llegar a la cocina, lo vi de espaldas, moviéndose con naturalidad mientras terminaba de organizar la mesa. La pequeña mesa estaba llena de comida: pan recién horneado, frutas frescas, huevos, algo de tocino y café humeante. La escena me tomó por sorpresa.
-Está lindo -murmuré acercándome a él, con una sonrisa sincera.
Dereck giró hacia mí y, antes de que pudiera reaccionar, me rodeó con sus brazos, apoyando su rostro en el espacio entre mi cuello y mi hombro. Su contacto era cálido, reconfortante.
-Qué bueno que te guste -su voz sonaba suave, casi vulnerable-. Solo quiero recordarte lo mucho que te amo...
Sus palabras enviaron un escalofrío agradable por mi espalda. Lo abracé con fuerza, disfrutando del momento, antes de separarlo suavemente de mi hombro y buscar sus labios en un beso lento, cargado de emociones contenidas.
-Gracias -susurré contra sus labios, sintiendo una calidez reconfortante en mi pecho. No resistí la tentación de besarlo de nuevo, como si con cada beso pudiera anclarme un poco más a la realidad y no al torbellino de pensamientos que me consumía.
Pero el aroma de la comida me hizo recordar otra necesidad igual de urgente.
-Ahora, permiso, que muero de hambre y esto se ve delicioso... -reí suavemente mientras me separaba de él y tomaba un poco de la comida en mi plato. Probé un bocado y lo miré con fingida sorpresa-. No pensé que un alfa fuera buen cocinero... -comenté con sarcasmo, alzando una ceja mientras lo observaba.
Dereck rió y se sentó junto a mí, tomando su propio plato.
-No sé si todos lo sean -dijo con naturalidad antes de llevarse un bocado a la boca-, pero yo soy uno muy bueno.
Tomé otro bocado, disfrutando del sabor casero de la comida, pero él no había terminado su explicación.
-Además, quiero consentirte. En el transcurso de mi vida he aprendido distintas cosas, no solo cocina -se encogió de hombros con un aire despreocupado.
Le lancé una mirada curiosa.
-¿Qué más puedes hacer? -pregunté con interés genuino.
-Bueno, además de la cocina... sé de costura, pastelería, planeamiento de festejos, decoración de interiores, entre otras cosas -dijo con total normalidad, como si no fuera algo fuera de lo común.
Lo miré sorprendida.
-Sí que son muchas -murmuré antes de levantar mi plato vacío y dirigirme al fregadero para lavarlo.
Él rió detrás de mí, divertido por mi reacción.
Pero la burbuja de tranquilidad no duraría para siempre.
-Vamos a salir de nuevo antes de dirigirnos a la manada... -dije sin mirarlo, sintiendo cómo la tensión volvía a mi cuerpo-. No me gusta la idea de que lo encontremos ya...
Sabía que no podíamos posponerlo para siempre, pero la idea de enfrentarme a esa verdad... de descubrir hasta qué punto el pasado de Dereck estaba entrelazado con el mío...
No estaba lista. No aún.
(...)
El pequeño parqueo frente a la heladería estaba casi vacío, lo que hacía que el ambiente se sintiera más tranquilo. Entramos y el cálido aroma a vainilla y chocolate nos envolvió de inmediato. El lugar era acogedor, con luces tenues y una decoración rústica pero moderna. Había mesas de madera con sillas acolchonadas y algunas plantas dispersas estratégicamente para darle un aire más hogareño.
Dereck pidió el mismo helado de ayer, solo que en una versión más grande para que ambos pudiéramos compartirlo.
-Aquí está la orden -dijo un chico del mostrador al entregarnos el enorme vaso con helado.
-Gracias -respondió Dereck con cortesía.
El chico se giró hacia mí con una sonrisa que pretendía ser seductora, inclinándose ligeramente sobre la barra.
-¿Alguna otra cosa? -preguntó con una voz que seguramente creía irresistible.
Solo me dieron ganas de vomitar. Rodé los ojos con hastío antes de responder con frialdad:
-No, gracias -dije en el tono seco que usaba con la mayoría de las personas-. ¿Te largas? -añadí, arqueando una ceja y mirándolo de manera desafiante.
El chico se puso rojo de la furia contenida, y sin decir más, se retiró mascullando algo entre dientes.
Cuando se alejó, no pude evitar soltar una carcajada.
Miré a Dereck y vi que su mandíbula estaba completamente tensa, su mirada oscura clavada en el chico como si pudiera fulminarlo con los ojos.
Eso solo me hizo reír más fuerte.
-¿Qué? -preguntó, aún molesto.
-Nada -dije en medio de risas, tratando de controlarme-. Es solo que tu cara... -volví a reír-. Está tan tensa que parece que se te van a romper los dientes...
Llevé una mano a mi boca, tratando de contener la risa, pero fue inútil.
-Es que, ¿quién demonios se cree? -gruñó Dereck, visiblemente irritado-. Estás acompañada y aún así te coquetea... No lo mato solo porque lo mandaste a la mierda, pero eso no hace que me moleste menos.
Me acerqué a él con una sonrisa aún en los labios y, sin decir nada, lo besé de manera tranquila, dejando que mis labios transmitieran lo que mis palabras no podían.
-Calma -le dije cuando nos separamos, sonriéndole con ternura-. Recuerda que soy tuya y de nadie más.
Su rostro se iluminó al instante, y una enorme sonrisa apareció en sus labios.
-Me encanta que lo digas -susurró antes de atraparme en un abrazo fuerte y cálido-. ¿Lo puedes repetir otra vez? -bromeó con tono juguetón.
#246 en Fantasía
#153 en Personajes sobrenaturales
recuerdos de un pasado doloroso, magia amor mitos, lobos luna azul y roja
Editado: 15.07.2026