Los primeros rayos de sol se filtran a través de la delgada cortina, tiñendo la habitación con un resplandor dorado. La calidez de la luz acaricia mi rostro y me obliga a parpadear varias veces antes de despertar por completo. Quiero moverme, pero siento un peso sobre mi cintura.
El fuerte brazo de Dereck me envuelve con posesión, como si en algún momento de la noche hubiera temido que desapareciera. Es un ancla cálida y firme que me impide levantarme. Suspiro suavemente y observo su rostro relajado sobre la almohada. Su expresión es tranquila, serena, tan diferente a la fiereza con la que suele enfrentar al mundo.
Llevo una mano a su mejilla y la acaricio con ternura, disfrutando la sensación de su piel contra la mía. En respuesta, Dereck refuerza su abrazo, atrayéndome más hacia su cuerpo sin siquiera despertar. Me hace sonreír. A pesar de todo, sigue siendo un hombre con instintos protectores, incluso en sueños.
Con cuidado, logro deslizarme fuera de su agarre y salgo de la cama. La temperatura de la habitación contrasta con el calor de su cuerpo, y un escalofrío recorre mi piel. Camino descalza hasta el baño, llevando conmigo una prenda negra que cuido con esmero. Es el único regalo que mi tía me dio, y aunque con el tiempo el dolor se ha vuelto más soportable, sostenerla todavía me produce una punzada en el pecho.
Me recuesto contra la puerta del baño, mirando el techo, perdida en mis pensamientos.
"¿Qué habrá pasado contigo?"
La pregunta escapa de mis labios en un susurro, como si el viento pudiera llevarla hasta donde ella esté... pero sé que no hay respuesta.
-Deja la nostalgia -interviene Karla en mi mente con su tono firme y decidido-. Tenemos que investigar. Estoy de acuerdo contigo: alguien quiere lastimar a Dereck y su manada.
Cierro los ojos por un momento y respiro hondo. La sensación de estar atrapada en un territorio que no es el mío me oprime el pecho.
-Me resulta extraño estar aquí... -admito-. Pensar que podría estar rodeada de los asesinos de mi manada...
El aire se siente denso, cargado de memorias y miedos que nunca me abandonan. La idea de estar tan cerca de quienes destruyeron mi vida me da ganas de huir, de correr hasta que mis piernas no den más, de irme lejos y no volver jamás.
-Tengo ganas de dejar todo esto atrás -continúo, con la voz quebrada-. Buscar al maldito que mató a mis padres y acabar con mi maldición de una vez por todas. Poder... vivir.
Pero en cuanto digo esas palabras, mi corazón se aprieta con una certeza dolorosa.
-Pero no puedo. No quiero alejarme de Dereck.
Es contradictorio. Quiero justicia, quiero venganza, pero también quiero quedarme a su lado. Dereck se ha convertido en mi refugio en medio del caos, y la idea de abandonarlo me destroza más de lo que debería.
-Yo también quisiera eso -responde Karla, su voz reflejando mi propio conflicto-. Pero no podemos dejar ni a Dereck ni a Patrick... Se lo prometimos.
La promesa pesa sobre mí como una cadena invisible. Suspiro, sintiendo cómo la frustración me consume.
-Lo sé -respondo mientras me levanto y empiezo a desnudarme-, pero sigo pensando que estarían mejor lejos de nosotras. Tú también lo sabes. Lo piensas igual que yo.
Karla se queda en silencio. Luego, su voz apenas es un susurro.
-Sí... pero no quiero alejarme de ellos.
Cierro los ojos por un momento y dejo que el agua de la ducha me cubra.
-¿Y crees que yo sí? -respondo con amargura-. Pero dejemos esto por hoy. Convenceré a Dereck de que nos deje recorrer la manada. Tal vez encuentre al bastardo que arruinó mi vida.
-De acuerdo -acepta Karla-, pero no le digas la razón. Recuerda que lo haremos solas.
-Por supuesto -digo sin dudar-. No los pondremos en más peligro. Con suficiente tienen con tener una Mate maldita...
Cierro el enlace con Karla y trato de concentrarme en el agua caliente relajando mis músculos tensos.
Cuando termino, me seco y elijo mi ropa con más cuidado del habitual. Me pongo una camisa blanca de mangas largas y holgadas con escote en "V", unos jeans azules rasgados en las rodillas y unos converse blancos. Es uno de mis conjuntos favoritos. Me hace sentir cómoda, pero más que eso, me recuerda a mi madre.
De hecho, casi toda mi ropa se parece a la de ella. En el fondo, tal vez trato de aferrarme a su recuerdo, a las memorias de una infancia que terminó demasiado pronto. Hace un año, cuando viajé a la antigua manada, tomé algunos de sus conjuntos. Durante aquella búsqueda, abrí un armario en su habitación. Dentro solo había un vestido de novia, cuidadosamente guardado.
El vestido con el que se casó con papá.
El impacto de ese hallazgo aún me persigue. Cierro los ojos por un momento, intentando apartar la nostalgia, pero la sensación de vacío permanece.
La voz de Dereck me devuelve a la realidad.
-Amor, ¿estás aquí?
Su tono es suave, adormilado aún, pero con esa profundidad que siempre logra estremecerme.
-Sí -respondo mientras amarro los cordones de mis zapatos-. Ya salgo.
Al abrir la puerta, me encuentro con él.
Su cabello mojado cae desordenado sobre su frente, y su torso desnudo deja ver cada línea de su cuerpo esculpido. Solo lleva puesto un pantalón negro de mezclilla que le queda perfecto. Lo observo en silencio por un instante, guardando en mi mente cada detalle de su presencia. Es como si, a pesar de todas mis dudas y miedos, él fuera el único punto fijo en mi mundo inestable.
Dereck sonríe y me rodea con sus brazos, hundiendo el rostro en mi cuello antes de depositar un beso en mis labios.
-Buenos días -susurra contra mi piel.
-Buenos días -respondo con una sonrisa temblorosa-. Tengo hambre.
Él deja escapar una risa baja.
-Déjame ponerme una camisa y bajamos a comer.
Asiento mientras lo veo desaparecer en el closet. Pero aunque todo parece tranquilo en este instante, sé que la calma no durará mucho.
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Editado: 15.07.2026