Estaba en el comedor con Dereck, hablando de cosas triviales, cuando mencionó a la manada. Aproveché la oportunidad para preguntarle si podía ir a verla.
—¿Por qué tanta insistencia en ir? —dijo, frunciendo el ceño tras un rato de insistencia.
—Ya te dije, quiero conocerla —contesté, llevando el vaso de jugo de naranja a mis labios—. Además, quiero saber en qué puedo ayudar. Sé que ha estado débil porque no tenías a tu luna. —Lo miré fijamente.
—No es... —empezó a decir, negando con la cabeza, pero lo interrumpí.
—Necesario, lo sé… —insistí—. Pero quiero que sepan que pueden confiar en mí. Así me aceptarán más rápido cuando me presentes ante ellos. —Su expresión era un poema—. Por favor… —tomé sus manos—. Y luego te acompaño a entrenar, no quiero perder la forma. —Sonreí con un tono entre serio y divertido.
—Pero si estás perfecta —susurró, acariciando el dorso de mi mano.
—Lo sé —dije, llevando mi otra mano a su mejilla—, pero ya es rutina. Estoy acostumbrada y no quiero estar débil ante un ataque. —Me perdí en el verde de sus ojos.
—¿A qué te refieres? —preguntó, desconfiado.
Mierda, hablé de más.
—Nada —me apresuré a decir—. Solo que, como sabes, pronto tendré que ir a buscarlo... —expliqué con simplicidad.
—¿Tendrás? —arqueó una ceja—. Mi amor, recuerda que es tendremos. Lo prometiste. —Suspiró con decepción.
—Lo sé… —dije, sin demasiada convicción—. ¿Puedo ir? —cambié de tema.
—Está bien… —se rindió al fin.
Me levanté de mi silla, me acerqué a él y tomé su rostro entre mis manos antes de besar sus labios.
—Cuídate, ¿sí?
—Claro —lo besé de nuevo—. Regreso antes del mediodía.
Subí a la habitación para cambiarme. Me puse un short negro de mezclilla, una camisa blanca sin mangas de cuello redondo y unos tenis negros. Me até a la cintura una camisa de mangas largas a cuadros en rojo, azul, blanco y negro. Cuando bajé, Dereck me observó con atención.
—Pero qué perfección tengo enfrente… —dijo, acercándose—. Pensar que los hombres de la manada te verán así me dan ganas de encerrarte y no dejar que salgas.
Rozó su nariz con la mía y reí.
—Entonces, mejor me voy antes de que lo hagas. —Bese sus labios—. Además, recuerda que soy tuya… Y no me importa cuántos hombres quieran coquetearme, no les haré caso. —Volví a besarlo, esta vez con más necesidad, posesividad…
Me separé de su agarre y caminé hacia la puerta.
—Dos de mis hombres te estarán siguiendo —dijo de pronto. Me detuve y lo miré con el ceño fruncido—. Es por seguridad. Te lo digo para que no intentes escaparte de ellos o los ataques pensando que quieren hacerte daño. Son de mi entera confianza.
Crucé los brazos bajo mi pecho.
—Puedo cuidarme sola.
—Lo sé, pero entiende que eres mi vida y no quiero que nada malo te pase.
Suspiré, resignada.
—Está bien… Me voy.
Salí de la mansión y, como él dijo, dos hombres estaban esperándome afuera.
—Buenos días, Luna —dijo uno de ellos—. El alfa nos dio esto.
Me extendió unas llaves. Lo miré extrañada, pero las tomé.
—En el garaje está su moto, Luna.
Sonreí ampliamente y corrí hacia el garaje. Al entrar, vi una lona cubriendo un vehículo. La retiré con rapidez y mis ojos brillaron.
—¡Diosa Luna! ¡Qué belleza! —grité emocionada, admirando la moto azul eléctrico con negro—. Lo amo más.
Me subí a la moto, la encendí y salí del garaje hacia la gran reja, que ya estaba abierta.
Recorrí el camino hasta el pequeño pueblo, con las dos motos negras siguiéndome a la distancia. No les presté demasiada atención; ya sabía que eran los hombres de Dereck.
Al llegar, me adentré más y sentí cómo varios aromas me rodeaban. Pero de pronto, frené en seco.
Tres aromas muy conocidos…
Recorrí el lugar con la mirada hasta que mis ojos se encontraron con tres hombres que me observaban con extrañeza.
"Déjame ir a arrancarles la cabeza." La voz de Karla resonó en mi mente.
"Los reconozco." Mi tono fue neutral. "Parece que los que estuvieron aquel día en mi manada tienen ese leve aroma a demonio. Me será más fácil matarlos… A todos."
"Pero ahora no podemos."
Suspiré, fastidiada.
"Tendríamos que contarle a Dereck y no es momento."
"Está bien." Karla aceptó con reticencia. "Pero escápate de los de atrás. Tenemos que preguntarles quién es su líder y qué quieren."
"Con gusto."
Cerré el enlace mental y arranqué la moto de nuevo.
Me metí en un callejón y abrí un portal con un hechizo, teletransportándome al techo de una de las casas. Los dos hombres de Dereck entraron en el callejón y, al no verme, salieron a buscarme.
"¿Qué le diremos a Dereck? Seguro ya fueron a decirle."
Ignoré la voz ajena.
—Lo sé —murmuré, bajando del techo—. Le inventaré algo. No dejaré que me esté controlando todo el tiempo.
"Puedes lastimarlo."
—Lo sé… —encendí la moto y escondí mi aroma—. Pero es mejor así… por ahora.
"Está bien. Vamos."
Cerré el enlace y me acerqué a los tres hombres. Extendí la mano y murmuré un hechizo de control mental. Había estado practicando con un libro de la bisabuela de Dereck, por lo que ya conocía varios hechizos.
Sonreí.
Ahora, hablarían.
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Editado: 15.07.2026