Los dirigí hacia el bosque, en el lado más alejado de la manada, sin salir de los límites que aún nos pertenecían. El sonido del viento en los árboles y el crujir de las hojas bajo las ruedas de la moto creaban una atmósfera tensa, aunque bajo control. Estaba concentrada en el camino, pero no pude evitar escuchar el pequeño sonido de vibración en mi bolsillo.
-Oye, Patrick está intentando contactarme -se quejó Karla a través del enlace mental. Gruñí por mis adentros.
-Dile que estamos de compras, o no le contestes -respondí rápidamente, no queriendo que nada interfiriera con lo que estaba por hacer.
-Sí -me respondió, cerrando el enlace de inmediato. Sabía que si alguien lo descubría, las consecuencias no serían tan fáciles de manejar.
Llegamos a una zona más profunda del bosque, un lugar apartado donde la manada rara vez pasaba. Con un rápido gesto de mi mano, hice que un campo de fuerza invisible se formara alrededor de nosotros, aislándonos completamente de cualquier posible intrusión externa. Nadie podría oír ni ver lo que sucedía dentro de este espacio.
Le cedí nuevamente el control de sus cuerpos. Los tres hombres comenzaron a moverse, caminando como marionetas, explorando los alrededores. Decidí llamar su atención para que se concentraran en lo que tenía que decir.
Carraspeé la garganta para romper el silencio.
-¿Qué mierda? -dijo uno de ellos, un rubio de ojos celestes, con una expresión de desconcierto y sorpresa.
-¿Cómo llegamos aquí? -preguntó el otro, un tipo de cabello castaño y ojos negros, visiblemente confundido, mirando a su alrededor con desconfianza.
-¿Quién eres tú? -preguntó el tercero, un hombre de pelo negro, que parecía ser el mayor de los tres. Sonreí de lado, disfrutando del poder que tenía sobre ellos.
-Buena pregunta -dije, bajando de la moto lentamente, sabiendo que la situación estaba cambiando. -Pero ahora, yo hago las preguntas. Los tres me miraron como si tuviera tres cabezas, sorprendidos y alertas. Sabían que no estábamos en una conversación normal.
-¿Reconocen el nombre de BLOOD BLACK? -Les pregunté, observando sus expresiones. Los tres se tensaron al instante. Podía ver el miedo y el reconocimiento en sus rostros.
-¿Qué tiene que ver eso? -dijo el castaño, intentando mantenerse firme, aunque su tono temblaba ligeramente.
-Ustedes fueron parte de su extinción -dije, avanzando con paso firme hacia el castaño. Mi mirada penetrante se fijó en él. -¿O me equivoco? -añadí, el aire alrededor de nosotros pesado con la tensión.
El castaño vaciló por un momento, claramente desconcertado, antes de soltar una pequeña risa nerviosa.
-¿Qué quieres...? ¿Venganza? -El pelinegro, que estaba mirando todo con una furia contenida, no podía ocultar su rabia.
-¡Tentador! -respondí de manera honesta, manteniendo el control. -Pero no. Me acerqué al pelinegro con una sonrisa malévola. Mi mano se movió rápidamente, y de un solo movimiento, lo tiré al suelo. En un abrir y cerrar de ojos, estaba de rodillas frente a mí, luchando por respirar. Usé mi magia para ahorcarlo, sus ojos se volvieron de un azul pálido debido a la falta de oxígeno.
-Quiero información. Y si quieren conservar sus vidas -dije fríamente, mirando a los otros dos hombres que observaban la escena, -trabajarán para mí. Claro, que les pagaré... cosa que no hace su actual jefe, ¿cierto? -les lancé una mirada de desprecio. Mi intuición me decía que ellos sabían que no todo era lo que parecía, y eso me hacía sentir aún más segura de lo que estaba haciendo.
Solté al pelinegro, que cayó al suelo jadeando, su rostro completamente azul por la falta de aire. Respira profundo, pensé para mí misma, disfrutando del poder de tenerlos sometidos.
Los miré con atención.
-Mi nombre es Hernesto Murillo -dijo el rubio con una sonrisa forzada, intentando mostrar algo de autoridad. Me encogí de hombros, sabiendo que no importaba el nombre de nadie aquí.
-Un gusto -respondí con una sonrisa astuta, sin quitar la mirada del castaño, que parecía el más desafiante.
-¿Cómo sé que no nos matarás? -preguntó el castaño, con un tono serio, desafiándome. Pude ver la duda en sus ojos, pero también la inteligencia y el miedo que no podía ocultar. Estaba jugando a ser el líder de la situación, pero yo tenía el control absoluto.
-Solo les daré mi palabra -respondí sin inmutarme, aunque mis palabras sonaron tan frías como el hielo. Con un solo gesto, volví a liberar al pelinegro de mi agarre. Cayó de nuevo al suelo, respirando con dificultad, casi agradecido por no haber muerto.
-¿Trato? -les pregunté, mis ojos fijos en los suyos.
-Por mí no hay problema -dijo Hernesto, aceptando mi propuesta con una leve inclinación de cabeza.
-Enrique Porra -dijo el castaño, su voz ahora menos desafiante.
-Malditos traidores -gritó el pelinegro, aún recuperándose de la asfixia. Mi paciencia se agotó.
-¿Les molesta si lo mato? -pregunté con calma, sin perder la compostura. Miré a los chicos que aún se mantenían en pie. -Saben que no me importa.
Con un rápido movimiento de mi mano, arranqué la cabeza del pelinegro, que cayó al suelo con un sonoro golpe. En un instante, el cuerpo comenzó a desintegrarse en cenizas bajo mi poder, el crujido de la quemadura llenando el aire.
Suspiré profundamente, mirando la escena con desdén. Sonreí al ver la mirada de sorpresa en los rostros de los dos hombres restantes.
-Bueno -dije, mis colmillos asomándose mientras sonreía ampliamente. -¿Qué quieren saber?
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Editado: 15.07.2026